lunes, 20 de junio de 2022

Chopin: Vals en Mi menor, póstumo


Como muchos otros autores, Chopin creó obras que hoy nos sorprenden por su belleza pero que, en su tiempo, no fueron publicadas por incumplir las altas exigencias musicales que el propio autor se imponía. Un ejemplo emblemático pudiera ser la popular Fantasía Impromptu que Chopin solicitó expresamente arrojar al fuego en carta a su amigo Julian Fontana.
Otra pieza, con una buena historia tras ella, es el sencillo vals llamado "del adiós" (Op 69 No 1), cuya copia autógrafa envió Chopin a su amada Maria Wodzinska, de 19 años (Chopin, de 25), en 1835, y que más tarde dedicará a otra dama aunque no será publicada en vida del maestro.


Y su compañero de opus, el Vals en mi menor, también corrió la misma suerte. Es una obra de juventud, claramente. Fue compuesto alrededor de 1830, con Chopin todavía en Varsovia, poco antes de abandonar su patria para probar suerte en otras latitudes, patria a la que nunca volverá. Se publicará en mayo de 1851, dos años después de su muerte, catalogándose hoy como la primera publicación póstuma del maestro polaco. Más tarde, se incorporarán al registro póstumo ni más ni menos que 25 composiciones, entre valses, nocturnos, polonesas y rondós, amén de diecisiete canciones. 

El vals es contemporáneo, desde luego, del Primer Concierto para piano, (que lleva el No 2) cuyo movimiento lento está inspirado por la joven soprano Konstanza Gladowska, el primer amor de nuestro héroe. Se comprenderá entonces el entusiasmo por la vida y espíritu juguetón de la breve pieza de poco menos de tres minutos de duración.

Vals Op 69 No 2, póstumo
Comienza vivazmente pero luego se vuelve reflexivo. Tras una encantadora sección media, retorna el primer tema, pero sólo parcialmente, prescindiendo esta vez de la mirada reflexiva. Su final es algo inesperado a la vez que espectacular.

Es increíble que una pieza de esta categoría haya sido estimada irrelevante por su inspirado autor. La rigurosidad de un genio.

La versión es del maestro ruso Evgeny Kissin.

miércoles, 27 de abril de 2022

Beethoven: Sonata No17, "La Tempestad", en un piano de "temperamento irregular"


Por inaudito que parezca, si tenemos un piano en casa, algo desafinado, y llamamos al afinador, cuando éste haya hecho su trabajo impecablemente, el piano habrá quedado más desafinado todavía. De ello podríamos colegir, algo ingenuamente, que todos los pianos del mundo están desafinados... ¿Cómo es posible tamaña extravagancia?
La respuesta, de simple no tiene nada. Involucra algo de matemáticas, de física... de ondas, frecuencias, amplitudes, y por cierto, algún conocimiento de escalas y notas musicales.
Pero no queremos aquí quebraderos de cabeza. Simplificaremos el fenómeno al máximo, apelando a la intuición y la buena voluntad.

El temperamento
Se llama "temperamento" a los sistemas de afinación que han existido en la historia de la música. Todo comenzó con Pitágoras y el círculo de quintas, es decir, el modo de construir nuestros doce semitonos avanzando por intervalos de "quintas" (do-sol-re-la-mi-si-fa♯-etc.). Pero esta construcción tiene un problema serio: el "do" final no es la octava del do inicial. Presenta una diferencia que se llamó la "coma pitagórica". Resultó preferible entonces conservar nuestro do inicial y su octava justa, y acomodar los intervalos restantes al gusto de los oídos de la época. Cada una de estas afinaciones "a la carta" se llamó temperamento desigual. Los hubo por montones. 

Uno de ellos fue el que Bach empleó en su célebre Clave Bien Temperado. Tenía la ventaja de que los distintos intervalos no impedían tocar en diferentes tonalidades (se comprenderá que al cambiar de tonalidad los intervalos de tercera, cuarta, quinta, etc. no serán los mismos que en la tonalidad anterior). Esta diferencia es sutil, pero importante y enriquecedora. El temperamento desigual otorga características únicas a cada tonalidad, las que adquieren cierta vida propia, por así decir. Surgieron así descripciones populares para todas las tonalidades mayores y menores: inocentes, anhelantes, vivaces, sombrías, alegres, etc.

El temperamento igual
Pero en el siglo XIX llegó la ciencia y la tecnología, o más bien, la popularización de ellas. Y con ello, la propensión a medir todo lo que fuera medible. Fue posible entonces dividir la octava justa en tantas partes como quisieras, exactamente iguales. Es lo que hoy llamamos temperamento igual: la octava dividida en doce semitonos perfectamente iguales, relacionados entre ellos por la sencilla raíz doceava de 2. Dado un tono, o una frecuencia cualquiera, la nota que viene se obtiene multiplicando su frecuencia por la raíz 12 de 2, y la anterior dividiendo por ella. Muy sencillo. 

¿El piano está desafinado?
Este guarismo matemático permite que las relaciones de intervalo en cada tonalidad sean exactamente las mismas, facilitando las modulaciones, si bien, con excepción de la octava los intervalos están ligeramente alterados respecto de la frecuencia natural, es decir, están algo "desafinados". Pero no lo notamos. Nuestros oídos se han acostumbrado a aceptar estas ligeras imperfecciones. Por lo mismo ya no sabemos cómo sonaba realmente Beethoven en el siglo XIX. A menos que alguien se dé el trabajo...

Muy lamentablemente, no tenemos el nombre del excelente intérprete que aquí nos muestra ni más ni menos cómo sonaba Beethoven en vivo. El piano es un Broadwood de 1819, afinado en el temperamento llamado Kirnberger III, muy común en el barroco, aunque persistió hasta el siglo XVIII.
La pieza es la Sonata No 17, en Re menor, "La Tempestad". La "nueva" masa sonora es sorprendente.

jueves, 31 de marzo de 2022

Schumann / Tausig: "El Contrabandista"


Si hubo un compositor del siglo XIX que hizo numerosas transcripciones para piano de los grandes maestros, ese fue sin duda el pianista y compositor húngaro Franz Liszt. Sus arreglos, fantasias, reminiscencias y paráfrasis abordan un abanico de alrededor de cien compositores, de modo que si algún otro compositor hubiese querido hacer su propia transcripción de su músico favorito, se hubiese encontrado probablemente con que Liszt ya lo había hecho. Pero uno de ellos tuvo suerte. Y fue, cómo no, precisamente un alumno de Liszt. Su nombre, Karl Tausig, joven polaco y pupilo señalado del maestro húngaro.

En el año 1849, Robert Schumann estaba a cinco años de su primera gran crisis psicológica y a siete de su temprana muerte. Aquel año, sin embargo, señala una etapa de "creatividad sin límites", en sus propias palabras, que incluye un segundo gran periodo de composición de lieder, musicalizando poemas traducidos de poesías españolas, principalmente del Siglo de Oro, realizadas por el poeta romántico alemán Emanuel Geibel. Un primer ciclo de lieder se llamó Spanisches Liederspiel, conformado por 10 canciones, solos, dúos, y cuartetos, coronadas por un dramático aunque bufonesco lied para barítono, de nombre "El Contrabandista" ("Der Kontrabandiste"). 

Tausig, arreglista
A todo esto, Karl Tausig tenía ocho años. Ya mayorcito, convertido en notable pianista y privilegiado acompañante de Liszt en sus habituales giras por media Europa, se topó con el célebre lied de Schumann, por entonces célebre, declarándose de inmediato su más entusiasta admirador y propagandista. Siguiendo los pasos de su ilustre maestro, y pese a las dificultades que entrañaba la pieza, se dio en hacer de ella un formidable arreglo para piano solo. Lo mismo hará más tarde Sergei Rachmaninof, pero esa es otra historia.

Karl Tausig (1841 - 1871)
El lied
Musicalmente, la personalidad de Robert Schumann estaba lejos de ser cómica, lo que hace de este movido lied una pieza singular dentro de su repertorio de canciones. Romántico y atrevido, habla de un contrabandista, de sus mercancías y negocios, de su caballo y de su amor por la vida.
Con una coloratura extravagante, utiliza las semicorcheas para sugerir los brincos del "querido y buen caballito" y el sonido de la guitarra y las castañuelas. La ejecución correcta del tempo requiere un pianista muy hábil y un vocalista de articulación fácil y flexible. De allí que la transcripción para piano solo, no obstante sus escasos dos minutos, también requiriese de un pianista todavía más hábil. 

Y Tausig lo fue, como se desprende del video.
También fue compositor, pero hoy es recordado por sus arreglos para piano de diversos autores y por sus obras pedagógicas. Tampoco tuvo mucho tiempo para brillar. Karl Tausig murió en Leipzig, de tifoidea, a la temprana edad de 29 años.

La versión, notable, es de la extraordinaria pianista china Yuja Wang.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Beethoven: Obertura "Coriolano"


El general y cónsul romano Gayo Marcio (siglo V a.C.) fue un militar romano de vida trágica, recogida por el historiador Plutarco en su magna obra Vidas Paralelas. Fue un paladín de los ciudadanos patricios y un acérrimo detractor de la plebe, a la que aborrecía. Tal determinación lo llevó a conseguir importantes victorias militares. En retribución a sus desvelos, le fue concedido un tercer nombre: Coriolano. Pero al militar le pareció poco. Así que presentó su candidatura a cónsul. Su ideología antiplebeya, sin embargo, le jugó en contra. Sus enemigos lo acusaron de traidor, siendo finalmente condenado al destierro. Desde allí, iniciará un ataque contra Roma. 

Veinte siglos después, William Shakespeare recreará la historia en su tragedia en cinco actos de c. 1608 que lleva por título el tercer nombre de Gayo Marcio. Es una de las obras menos representadas del bardo de Avon y suponemos que luego de dos siglos, se representaría todavía menos. Es aquí entonces cuando entra en escena el poeta austríaco Heinrich von Collin, quien, imaginamos, estimando que podría hacer un remake exitoso, retomó la historia de Gayo Marcio agregando un tinte de modernidad. Coriolan subió a escena en Viena en 1802.

El final
Como ya se dijo, la historia de Coriolano es trágica. A punto de asolar Roma con sus huestes (conformadas por sus ex enemigos), solo los ruegos de su madre, su esposa, y su pequeño hijo, le harán desistir. Pero esta decisión le conduce a la muerte. Sus huestes le acusan, a su vez, de traidor, y es ajusticiado en la plaza pública. Una verdadera tragedia, que Heinrich von Collin supo reconstruir muy bien, logrando encantar con ella a los vieneses de principios del siglo XIX.

También encantó a Beethoven. El maestro, un héroe solitario, será seducido por el tema, el conflicto moral y su resolución. Y le pondrá música, en 1807, en momentos en que las huestes de Napoleón ocupan Viena.

Obertura Coriolano, op 62   
Beethoven se inspiró en la versión de Collin, no en Shakespeare, tampoco en Plutarco. Lo curioso es que el drama de Collin fue muy bien recibido por el público, y así se mantuvo durante un par de años, hasta que finalmente desapareció de la escena, literalmente, y para siempre.
Nada sabríamos hoy del drama si no fuera porque una noche de 1807, en el palacio del príncipe Lobkowitz en Viena, revivió, por una sola vez. Esa noche fue estrenada privadamente una obertura destinada a operar como introducción musical a Coriolan, el drama del hoy olvidado poeta.

Un primer tema, tormentoso, muestra la naturaleza levantisca de Coriolano. Un segundo tema, más calmo, aborda una caracterización de su amante madre. El finale, la muerte de Coriolano, es el único posible: la música se desvanece.
La obra está dedicada a Collin, y dura ocho minutos.

El director belga Philippe Herreweghe dirige la Orquesta hr-Sinfonieorchester.

lunes, 21 de febrero de 2022

Chopin: Rondó en Do menor, Op 1


A sus quince años, Chopin era el caricaturista de la familia, y el imitador de personajes variopintos. Adicionalmente, en compañía de sus tres hermanas, gozaba recreando oficios que hoy dejarían turulatos a los padres. Con Ludwika, por ejemplo, escribía a dúo libros infantiles. Con Emilia, escribían comedias en verso para ser representadas ante sus padres con ocasión de algún aniversario. Un cuarteto de niños artistas era el que entonces iluminaba los días en casa de los Chopin, en Varsovia, en la década de 1820.

Como se habrá adivinado, quien reunía los mayores talentos era el varoncito. 

Frédérick había compuesto su primera polonesa a los 7 años. Pero escribir un rondó, parece, y parecía, un género de largo aliento, inalcanzable para un niño. De modo que esperó un poco. A los quince, vio llegado el momento de escribir, y publicar, su primer rondó, mismo que llevará el Opus 1 cuando más tarde sea reeditado en París, cuando los editores adviertan la conveniencia de publicar las obras de juventud de esta nueva celebridad.

La forma rondó
¿Y qué hacía de un rondó una pieza "no apta" para niños? La madurez requerida, suponemos, porque lo típico de la forma rondó es una muy sabia alternancia entre dos o más temas contrastantes, siguiendo una secuencia similar a la siguiente: ABACA, donde A es el tema principal, al que siempre se regresa después de visitar B y C, los temas contrastantes. La forma llegó a su esplendor cuando se integró, también sabiamente, como último movimiento de la sonata clásica.
El rondó más célebre que existe es la popular bagatella Para Elisa, que Beethoven escribió, curiosamente, cuando tenía cuarenta años.

Rondó en Do menor, Op 1
Su primera publicación es desde luego la de Varsovia, en 1825. Lleva la dedicatoria "A la señora Linde" quien, al parecer, era la esposa del director del Liceo de Varsovia. Entre 1835 y 1836 se publicará en París, Berlin y Londres, esta vez como Opus 1. Años más tarde, Chopin lo tomará de base para la composición del rondó para dos pianos, del Opus 73.
Se inicia con un allegro con ritmo de danza. Le sigue una sección más contenida. Luego vendrán los pasajes de bravura, tras lo cual regresa el tema inicial. Todo ello, 9 minutos, escrito a los quince años.

La opinión de un colega
Robert Schumann, entusiasta admirador de Chopin, expresó así su opinión de la pieza: "Una dama diría que es bastante bonito y alegre, casi Moschelesiano. [...] Está lleno de espíritu y tiene pocas dificultades". Estamos dudando si a Frédérick le hubiese gustado el comentario.

La versión es del pianista ruso Dmitry Shishkin.