martes, 18 de enero de 2022

Mozart: Sonata para piano No 3, K 281


En el mundo de hoy –y hace largo tiempo ya– podemos escuchar cualquier tipo de música donde y cuando se nos dé la gana. Incluso, con algo más de disposición, es posible disfrutarla mientras se recrea, asistiendo a su presentación en vivo. No ocurría lo mismo en tiempos de Mozart. La audición quedaba reservada a quienes estuvieran presentes en el salón adonde el compositor hubiese sido invitado esa velada. Y de ahí en adelante, la posibilidad de repetir la experiencia era enteramente nula. Es más. De algunas de esas piezas a las que nosotros accedemos a través de un displicente clic, nadie tuvo noticia en su tiempo, pues no fueron publicadas sino hasta mucho después de la muerte de su autor. 

Es lo que sucedió con el grupo de seis sonatas para teclado compuestas por Mozart en 1775. Pese a que el pianoforte por esos años daba sus primeros pasos para convertirse en instrumento obligado en los salones de la naciente clase media, de aquellas seis sonatas se publicó solo una en vida del autor. Además, eran las primeras sonatas que Mozart componía para teclado, lo que es de por sí una rareza puesto que Wolfgang, a sus 19 años, había hecho su reputación como tecladista virtuoso. Pero la rareza no es tal si recordamos que en la corte de Salzburgo, donde se desempeñaba como Konzertmeister, la música para teclado solo no era del interés de su patrón Colloredo

De visita en Münich
De modo que hubo de salir de Salzburgo para volcar su talento compositivo en la música para teclado solo. Esto ocurrió a fines de 1774 cuando en compañía de su padre Leopold abandonaron la provinciana corte para trasladarse a Münich, en busca, naturalmente, de otra posición para Wolfgang, una de mayor alcurnia que la que regentaba Colloredo. Allí permanecieron hasta marzo de 1775 y allí compuso Mozart las primeras cinco sonatas de este inaugural grupo de seis (del total de dieciocho sonatas para solista, más seis para cuatro manos y dos para dos pianos, que va a escribir en toda su vida). Una de las más populares es la Sonata No3.

Sonata No 3 en Si bemol mayor, K 281
Como se puede advertir fácilmente, es la tercera del grupo. Con catorce minutos de duración, y rebosante de gracia y encanto, está concebida en tres movimientos –al igual que las cinco restantes.

Movimientos:
00:00  Allegro
04:50  Andante amoroso
09:45  Rondeau. Allegro

La versión es del pianista surcoreano Seong Jin Cho, ganador del Primer Premio en el XVII Concurso Internacional de Piano Chopin de Varsovia, año 2015.

lunes, 27 de diciembre de 2021

P.I. Tchaikovski: El Lago de los Cisnes / Vals Acto I


Es una gran verdad que para cualquier mortal la palabra "ballet" trae aparejados otros cuatro términos: tutú, baile, cisnes, y un lago. Quizá también asome un apellido ruso. Y si la palabra insiste y no quiere soltarnos, vendrán a nuestra memoria unas cuantas melodías célebres que podemos tararear.
Sí. Hablamos del ballet más famoso del mundo, "El Lago de los Cisnes", cuya romántica historia unida a la bella música de Tchaikovski, convirtieron al célebre ballet en una obra maestra inigualable.


Sin embargo, en sus inicios, nada hacía presagiar tal éxito, comenzando por el escaso entusiasmo con que el propio maestro aceptó el encargo, remunerado con 800 rublos: "La Dirección de la Opera me ha encargado que escriba la música del ballet 'El Lago de los Cisnes'. Acepté la obra particularmente porque deseo el dinero, aunque también porque hace tiempo que quería probar mi mano en este tipo de música", escribió en septiembre de 1875 a su amigo Rimsky-Korsakov.

Estreno
Era, efectivamente, la primera incursión en el género de un joven Tchaikovsky, de 35 años. Al recibir el encargo estaba trabajando en su Tercera Sinfonía de modo que no comenzó la tarea de inmediato. Pero en un par de semanas, tuvo terminado los dos primeros actos, de cuatro que demandaba el argumento, basado en una leyenda teutónica. A fines de ese año, la obra había sido completada. Se estrenó un año más tarde, el 4 de marzo de 1876, en el Teatro Bolshoi de Moscú. Fue un fracaso total.

Tchaikovski (1840 - 1893)
Una suma de desaciertos

Entre las opiniones vertidas en los periódicos de aquella época, destaca una que reza: “difícilmente se convertirá en un ballet de repertorio y nadie lo va a lamentar”. Por razones inexplicables, se juntó un yerro tras otro. El montaje fue desastroso, la coreografía era vulgar, pobres fueron el vestuario y la escenografía. Director y bailarines mostraron su molestia porque todo era muy difícil y muchas piezas indanzables. Casi una tercera parte de los números fueron reemplazados por otros que los bailarines ya conocían. Po último, los ensayos se realizaron apresuradamente para complacer a una bailarina que, al parecer, tenía otro compromiso alrededor de esas fechas. 

Enmiendas, cortes y manipulaciones
En fin, aquel 4 de marzo se estrenó algo parecido a lo escrito por Tchaikovski quien, después de todo, no se desanimó, introduciendo posteriormente varios cambios que, al parecer, entusiasmaron a su vez a los futuros directores y coreógrafos para variar el argumento y escoger piezas y actos y números al gusto del productor de turno: no existe otra obra más deformada en el tiempo, para bien o para mal, que el famosísimo ballet de que hablamos, incluyendo finales felices, menos felices o abiertamente desgraciados.

Vals del Acto I
Por fortuna, muchas piezas, aquellas que podemos tararear, no sufrieron transformación alguna y todavía son lo que alguna vez fueron. Es el caso del célebre Vals del Acto I, de poco menos de ocho minutos de extensión, que nos lleva a imaginar una noche de luna junto a un lago en un bosque aledaño a las ruinas de una capilla.
Se presenta aquí en versión de concierto, con Zubin Mehta dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Israel. 

domingo, 12 de diciembre de 2021

Teresa Carreño, dos valses para piano


En el otoño de 1863, una niña pianista de diez años se presentó en la Casa Blanca, invitada por el presidente Abraham Lincoln, admirador suyo, para que deleitara con su arte a la familia y amigos del Presidente. A medio camino de su presentación, la chiquilina detuvo la música, se volvió hacia la audiencia y con su voz de niña anunció a los presentes que no podía seguir tocando en un piano tan desafinado. Dicho eso, se puso de pie, dispuesta a abandonar la escena, pero se le aproximó Lincoln ofreciéndole sinceras disculpas. Y le pidió una última pieza, a lo que la niña accedió, incorporando a la pieza un par de variaciones de su propia invención.
La pequeña pianista era venezolana, y había llegado a Nueva York hacia un año.

Teresa Carreño, pianista 
La familia Carreño García, encabezada por Manuel Carreño, autor del célebre manual de urbanidad y buenas maneras que lleva su nombre, abandonó Venezuela en agosto de 1862, debido a la incierta situación política por la que atravesaba el país. Apenas llegados a Nueva York, Teresa comenzó a dar conciertos privados para amigos de la familia, dándose a conocer así en el medio musical. Su innato talento llevó a que el pianista y compositor estadounidense Louis M. Gottschalk la tomara bajo su alero. Años más tarde, la veremos en París, donde completó su formación, y donde conocerá a Rossini, Gounod, luego a Ravel y Debussy.

Teresa Carreño (1853 - 1917)
Las giras

Es en París también donde iniciará su brillante carrera de concertista, que le llevó a presentarse en los principales escenarios de América y Europa, en Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. También fue solista de la Filarmónica de Berlín. Por esos años, a la sorprendente artista no le quedó nadie por conocer en Europa: mantuvo contactos profesionales con Brahms, Bruckner, Grieg, Liszt, Clara Schumann, y Wagner.

Los últimos años
En 1889, fijó residencia en Berlín, pero abandonó Alemania al estallar la Primera Guerra Mundial. Tras una gira de conciertos en España y otra en Cuba, se radicó definitivamente en Nueva York en 1916, donde falleció al año siguiente. Desde 1938 sus restos están sepultados en Caracas. En su honor, el principal complejo cultural de Caracas, inaugurado en 1983, lleva su nombre, el Teatro Teresa Carreño, considerado el más vasto de América Latina.


Carreño, compositora
La artista es autora de una treintena de piezas para piano solo, amén de un par de obras para piano y orquesta. Pero hoy, los intérpretes se atienen, cuando lo hacen, a su repertorio pianístico de corte latino, o más bien, venezolano, donde se advierten claras reminiscencias del merengue, característico de su patria.

Dos Valses venezolanos
En versión de la pianista venezolana Gioconda Vásquez, presentamos dos valses compuestos por la autora a fines del siglo XIX: el sencillo y elegante vals "Mi Teresita", y el algo más brioso "La Primavera" (4:25), durante un recital ofrecido hace unos años en la Sala Ríos Reyna, del Teatro Teresa Carreño.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Schubert: Tres Piezas para Piano


En 1821, un grupo de amigos de Schubert, que incluía a célebres integrantes de las famosas "schubertiadas", dirigió al editor Carl Friedrich Peters, de Leipzig, una carta solicitando, o quizá solo sugiriendo, la publicación de ciertas piezas del pequeño Franz. Tras larga espera, Herr Peters respondió:

"Mi esfuerzo va hacia los artistas ya consagrados, con los cuales puedo ganar más dinero... la misión de revelar nuevos talentos es para otro. El día en que el compositor se haya hecho un nombre y sus obras sean reconocidas, yo seré el hombre que buscan, porque en este caso la publicación de sus obras entrará en mis planes".

Fruto de tal entusiasmo, buena parte de la obra del pequeño Franz no fue publicada ni reconocida sino hasta mucho después de su temprana muerte en 1828.
Así por ejemplo, sus encantadores Impromptus del opus 90 y 142, de 1827, solo fueron publicados en 1857, con la encomiable excepción de los dos primeros del opus 90, que el pequeño compositor alcanzó a ver impresos seis meses antes de abandonar este mundo, en la más absoluta pobreza, a los 31 años.

Drei Klavierstücke
Algo similar aconteció con las tres piezas para piano que integran sus Drei Klavierstücke, compuestas en mayo de 1828, las que vieron por fin la luz solo en 1868, cuarenta años después.
Es probable que el pequeño Franz los haya pensado como parte de un nuevo ciclo de cuatro impromptus. Pero no alcanzó a completarlo.

Franz Peter Schubert (1797 - 1828)
Y por una razón que los círculos musicales de hoy no aciertan a comprender, la obra sufrió un relativo abandono por parte de los intérpretes a lo largo del siglo XX, quizá obnubilados por el encanto innegable de los impromptus previos. Sin embargo, quien se disponga a escucharla hoy resultará gratificado por estas muestras del más elevado arte en la producción pianística del compositor.


Drei Klavierstücke D. 946

No. 1 en Mi bemol menor
La sección principal está escrita en tiempo de 2/4 pero abundante en tresillos, por lo que parece escrita en 6/8. A poco andar, alcanza la tonalidad mayor.

No. 2 en Mi bemol mayor (9:44)
Una pieza lírica, más bien extensa, con muchas repeticiones. La sección principal es un allegretto en 6/8.

No. 3 en Do mayor - Allegro (19:58)
El más breve de los tres. Una pieza muy animada, con su sección principal y la coda rebosantes de síncopa.

La versión es del maestro austriaco, en gran medida curiosamente autodidacta, Alfred Brendel.



martes, 16 de noviembre de 2021

Mozart: Adagio para violín y orquesta


En 1770, el niño Wolfgang Amadeus Mozart accedió a un puesto en la pequeña orquesta de la capilla de Salzburgo. Tenía trece años. El cargo era de concertino, es decir, el solista en la sección de primeros violines. Imaginamos que nuestro amado Wolfgang habrá estado encantado con su temprano oficio, si bien era algo protocolar y por ello, creemos, no recibía salario alguno. Sin embargo, poco antes de cumplir los veinte años, comenzó a recibir un pequeño ingreso, 150 florines al año, que Wolfgang consideró miserables. 


En septiembre de 1777, Wolfgang abandonó Salzburgo y se embarcó, en compañía de su madre, en una gira que incluía Augsburgo, Mannheim, París, y Munich. En Augsburgo, presentó su segundo concierto para violín y orquesta. Escribió a su padre: "...todo el mundo estaba sorprendido... todos alabaron mi sonido hermoso y claro". Poco después, en Munich, repitió la gracia y le contó a Leopold que el público había "mirado con ojos como plato y la boca abierta... Toqué cómo si hubiese sido el mejor violinista de toda Europa".

Genio del violín
Así pues, el pequeño maestro fue tan violinista en sus años mozos como tecladista durante toda su corta vida. Y su padre Leopold lo sabía. En respuesta al hijo genio, escribió: "No me sorprende en absoluto" ... "Tú mismo no sabes lo bien que tocas el violín".
Recordemos que hacía veinte años Leopold había publicado su célebre tratado sobre el aprendizaje y la enseñanza del violín, tratado que estuvo vigente durante medio siglo. De modo que la opinión no venía de un padre lisonjero, sino de un experto.

El violinista Brunetti
Ahora bien, cuando en 1772 Jerónimo Colloredo fue elegido príncipe-arzobispo de Salzburgo  –convirtiéndose así en el patrón de Mozart–, trajo consigo un entusiasmo generoso por la música italiana que le llevó a contratar a varios músicos italianos. Entre ellos, un violinista de nombre Antonio Brunetti, quien no cayó nada de bien a los Mozart. Según se contaba, el violinista había tenido una hija fuera del matrimonio con una hermanastra de Michael Haydn. Cotilleos aparte, a Wolfgang no le quedó más que soportarlo, y participar, junto a él, en las giras que Colloredo acostumbraba, llevando de paseo a sus mejores músicos.

Adagio para violín en Mi mayor, K 261
Fue compuesto en 1776, precisamente para Brunetti. El italiano consideraba que el segundo movimiento del Concierto No 5 de Mozart, era muy lento y engorroso, opinión que no hizo sino confirmar a Mozart sus peores impresiones sobre el gusto italiano. No se molestó para nada y, sencillamente, escribió un sucedáneo, que resultó todo un éxito. Hasta hoy. Es una pieza de concierto independiente que gusta a intérpretes y público.
Escrita para dos flautas, dos trompas, cuerdas y violín solo, dura alrededor de cinco minutos.

El maestro Itzhak Perlman, al violín, dirige la Orquesta Filarmónica de Israel.