miércoles, 31 de agosto de 2011

Saint-Saëns: Carnaval de los animales



Cuando el compositor francés Camille Saint-Saëns era un bebé de apenas dos meses, su padre, un funcionario del ministerio del interior, moría consumido por la tisis, lo que llevó a la familia a temer que Camille pudiese haber heredado la enfermedad. No fue así, afortunadamente, no obstante sobrellevar durante gran parte de su vida una salud delicada y cargar con una endeble constitución física.

Más bien al contrario, el autor, nacido en 1835, cinco años antes que Tchaikowski, sobrevivió a éste y a otros músicos de su época por un buen número de años, llegando a vivir una buena parte del siglo XX, pues murió en Argel, en 1921. Y tal como sucede con Liszt, que nos parece un músico muy posterior a Chopin, al compositor francés lo sentimos cercano por la misma razón, la longevidad, que los premió a ambos.

Carnaval de los animales
A todo esto se suma el hecho de que algunas de sus más célebres composiciones no tuvieron buena acogida en sus estrenos, y recién el público se rindió a ellas en fechas muy posteriores a la de su composición.
Es el caso de la suite orquestal "Carnaval de los Animales", una suerte de broma privada que Saint-Saens escribió en 1886, en Viena, al regreso de una desafortunada gira que se le ocurrió realizar por Alemania justo después de haber hablado pestes de Wagner y de la música alemana.

Escrita con el objeto de olvidar los sinsabores de la gira, se trata de una suerte de "fantasía zoológica" dividida en catorce cuadros. Desalentado por el pobre recibimiento de la obra, Saint-Saens prohibió que se ejecutase mientras él estuviese vivo (con excepción del cuadro El Cisne), y no fue sino hasta 1922, un año después de su muerte, que pudo ser escuchada en su totalidad por un público más amplio y numeroso, alcanzando recién ahí una celebridad que no le ha faltado desde entonces.

El Cisne
Los catorce cuadros hacen referencias cómicas a buena parte de la música escrita por otros compositores de su época, incluido él mismo. Las citas son a: Rossini, Berlioz, Offenbach, Mendelssohn y otros, y la comicidad descansa fundamentalmente en los tempos insólitos con que se interpretan los trozos, o los instrumentos escogidos para ello. El cuadro titulado El Cisne es el más serio y tranquilo de la obra, también, el más "romántico". La ejecución de su melodía está encomendada al violoncello.
La versión es del destacado cellista Yo-Yo Ma, nacido en Francia, de padres chinos.


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jueves, 25 de agosto de 2011

Tchaikovski - Obertura 1812



No todas las admiradoras de Piotr Ilich vivieron el destino preciso de aquella a quien desposó por error, Antonina Milyukova. Más o menos por la misma época del desafortunado enlace, Nadezhda Philaretovna von Meck apareció en la vida de Tchaikovski para permanecer junto a él, epistolarmente, durante trece años.
Viuda de un empresario ferroviario alemán, de quien heredó una inmensa fortuna que supo administrar con gran talento, la señora von Meck se mostraba como una mujer madura, inteligente y apasionada por la música. Luego de asistir a un concierto con música del maestro quedó prendada de su arte y, enterada de las dificultades económicas del compositor, decidió convertirse en su mecenas, con lo que Piotr Ilich pudo desde ahí en adelante trabajar en su obra libremente, sin estrecheces.

Nadezhda von Meck (1831 - 1894)
Pero como nada dura en la vida para siempre, a mediados de 1890 tuvo que llegar a oídos de la señora von Meck ya no el rumor sino la confirmación de la orientación sexual del compositor. Es muy probable que la señora von Meck hubiese creído durante todos esos años que el maestro la amaba. Aunque nunca se conocieron personalmente, la voluminosa correspondencia mantenida, donde la belleza y el arte, como temas predominantes, son profusamente debatidos, da motivos para que Nadezhda así lo creyera.

En diciembre de ese año, alegando dificultades financieras si bien inexistentes, la señora von Meck decidió acabar con la amistad de tantos años y no volvió a escribirle nunca más. No obstante la irreparable ruptura, durante el resto de sus días la señora von Meck siempre se mantuvo al tanto de la carrera del compositor, atenta a todos sus pasos, al punto de tener la delicadeza de abandonar este mundo tan solo dos meses después de que lo hiciera su protegido, Piotr Ilich Tchaikovski, en 1893.

Obertura 1812
Conocida así popularmente, el nombre oficial de la obra es algo más extenso: "El año 1812, Obertura Festiva para Conmemorar la Consagración de la Catedral de Cristo El Salvador". Compuesta en 1880, se trata de una composición solicitada por su amigo Nicolás Rubinstein, encargado de organizar la música que acompañaría la Gran Exposición de Moscú, a celebrarse en 1882. La Catedral había sido erigida en conmemoración del triunfo ruso de 1812 sobre las tropas francesas y no se inauguró sino hasta 1883.

No obstante ser hoy uno de los trabajos más interpretados y reconocidos de Tchaikovski, el maestro no se reconocía en esta pieza y así se lo comentó a la señora von Meck, quien fue la primera en enterarse de que la pieza: "es muy ruidosa y no tiene mérito artístico porque la escribí sin calidez ni cariño".
Sin embargo, su gran popularidad es innegable, debido precisamente al novedoso uso de artillería, cañones y campanas que acompañan un friso de diversos temas tomados del folklore ruso, a los que se suman el himno imperial ruso y La Marsellesa. La partitura exige un total de dieciséis disparos de cañón, y su final, apoteósico, añade a los cañones el vivo repique de campanas.

Diversos trozos han sido incorporados a una serie interminable de películas, algunas tan insospechadas como "Help", con The Beatles.
Con duración aproximada de 16 minutos, se presenta aquí en versión de la "Filarmónica de Leningrado" dirigida por Yuri Temirkanov, en 1990, con ocasión del sesquicentenario del nacimiento de Tchaikovski.



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sábado, 20 de agosto de 2011

Tchaikovski: Concierto para violín


Piotr Ilich Tchaikovski. Fotografía de 1878, año de la composición
del concierto para violín y orquesta

Piotr Ilich y Antonina
En el mes de marzo de 1877, el genial compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovski recibió una carta de una desconocida en que le hacía saber la profunda admiración que tenía por su obra. Luego le siguieron otras, cada vez más apasionadas. El compositor, de 37 años, ya contaba con una carrera definitivamente consolidada, así que las cartas de admiradores no lo ponían loco: su recepción se había vuelto un hecho casi cotidiano.

Piotr Ilich, de naturaleza sensible, con tendencia a la depresión y sujeto de crisis nerviosas recurrentes, no se animaba sin embargo a contactarse con la desconocida. Y no se trataba de temor a las habladurías pues la sociedad moscovita en la que se desenvolvía por esos años hacía rato que comentaba sotto voce, a veces ácidamente, algunas conductas del maestro que consideraba escandalosas. El autor que ese mismo año iba a regalar a la burguesía y aristocracia rusas el ballet más popular de la historia, El Lago de los Cisnes, estaba a un paso de ver su virilidad derechamente cuestionada.

Por eso mismo, finalmente, es que dio el paso. Piotr Ilich terminó conociendo a Antonina Milyukova, que resultó ser una joven mujer de 28 años, medianamente educada y de facciones agradables y sonrisa fácil. Piotr Ilich dio entonces el otro paso. Apenas cuatro meses después de recibida la primera carta de su admiradora desconocida, Antonina y Piotr Ilich contrajeron matrimonio. El compositor tomó a Antonina como esposa y, de pasada, como muro de contención contra el avance de los rumores que alentaban la sospecha de una inclinación sexual impropia.

La decisión tuvo resultados desastrosos. Durante dos interminables meses, Piotr Ilich no fue capaz de acercarse al lecho conyugal, no tuvo fuerzas para ello y el matrimonio se acabó ahí mismo. Decidieron separarse, sin rencores.
El compositor cayó en una depresión de tal magnitud que estuvo a punto de llevarlo al suicidio. Antonina, por su parte, volvió a enviar cartas a otras celebridades a las que les mentía, como a Piotr Ilich, sobre su origen noble, y de quienes terminaba siempre enamorándose. Antonina también tenía lo suyo y terminó sus días en un asilo para enfermos mentales.



Concierto para violín - Primer movimiento
El concierto para violín de Piotr Ilich Tchaikovski fue compuesto en marzo del año siguiente, exactamente un año después de la primera carta de Antonina, en un balneario a orillas de un lago, en Suiza, adonde habia ido a recuperarse de la depresión. La obra, estructurada en tres movimientos, fue rechazada en principio incluso por grandes virtuosos que consideraron que presentaba dificultades insuperables para la época.
El primer movimiento dura aproximadamente 20 minutos. [Concierto completo con guía de audición, aquí]. La versión abreviada que aquí se presenta corresponde a la película Carnegie Hall, de 1947, con la participación de uno de los violinistas más notables del siglo XX, el maestro lituano Jascha Heifetz, que en el film se interpreta a sí mismo.
La película franco-rusa, más reciente, El Concierto, hace lo mismo y presenta como escena final un mixture del primer y tercer movimientos, con una orquesta algo desastrosa (respondiendo a la trama) que felizmente termina por ponerse de acuerdo.



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viernes, 12 de agosto de 2011

Viva VERDI y Rigoletto - Cuarteto


El bufón Rigoletto desempeñando su oficio, antes de la tragedia

Los meses que Giuseppe Verdi y Giuseppina Strepponi pasearon, vagabundeando, por las callecitas de París en 1847 después de flecharse el uno al otro en el café Les Deux Magots, no podían durar eternamente. Al poco tiempo de comenzado el romance, la noticia de que los pueblos de Italia se había levantado contra la ocupación austríaca los volvió a la realidad. La revolución había finalmente estallado. Milán y Venecia se habían sublevado. El rey del Piamonte, Carlos Alberto, atacaba a Austria.

La "música del cañón"
Giuseppe, no obstante calificar a lo sumo como un liberal moderado, no permaneció ajeno ante los vientos de tempestad que sacudían a Italia. En una carta enviada a su amigo y libretista Francesco Maria Piave --enrolado en el ejército revolucionario-- llegó a escribirle estas líneas:
¡¡Pronto Italia será libre!! ...Y tú me hablas de música... No debe haber música más grata para los oídos de los italianos de 1848 que ¡la música del cañón!!
Pero la revolución fracasó. El papa Pio IX retiró su apoyo y el rey sublevado, el mentado Carlos Alberto, debió abdicar en favor de su hijo Víctor Manuel, sin que la dominación austríaca se relajara un ápice. Se inicia así una nueva época en la que el maestro Verdi se verá convertido en uno de los heraldos del anhelo italiano de libertad.
Si años antes su música se cantaba ostentosamente por las calles, y en los teatros los cantos libertarios eran coreados y aplaudidos de pie junto a oficiales austríacos de ceño fruncido, ahora es su propio nombre el que servirá de emblema del espíritu revolucionario. La segunda guerra de independencia está precedida por el anagrama con su nombre que los italianos pintaban en las paredes de las calles: VIVA VERDI : Viva Vittorio Emanuele Re D'Italia.
Pero habrá que esperar 11 años, hasta 1859, para que se desarrolle, esta vez exitosamente, la segunda guerra de independencia italiana.

La "trilogía popular"
En el intertanto, el maestro Giuseppe compondrá 8 óperas, entre las que se cuenta la célebre "trilogía popular" conformada por las obras Rigoletto, El Trovador y La Traviata, una clara señal de que su música había tomado otro camino. La derrota de 1848 logró el efecto de que los coros patrióticos, los ejércitos libertarios y los lamentos de pueblos oprimidos perdieran enteramente su sentido. La música de las óperas de la trilogía, por oposición, va a cantar los conflictos íntimos, orientándose hacia la psicología y la esfera privada de los individuos. Por ello, estas óperas son también conocidas como óperas "de personajes", porque son ellos los que conmueven a Verdi, son ellos los protagonistas y es gracias a ellos también que estas tres obras perviven hasta el día de hoy.

Rigoletto
Estrenada en 1851 en el Teatro La Fenice de Venecia, Rigoletto es la primera ópera de la trilogía. Con libreto de Piave, y concebida a partir de la obra de Victor Hugo "El rey se divierte" –las malas lenguas dirán que él es el único que se divierte–, la obra cuenta la altamente patética historia del bufón Rigoletto quien por proteger a su hija Gilda, confusión mediante termina matándola con sus propias manos.

Con la participación de la hermosa soprano Anna Netrebko y la no menos bella mezzo Elina Garança, se presenta el célebre cuarteto del tercer acto, en versión de concierto. El cuarteto propiamente tal, "Bella figlia dell'amore", comienza en el minuto 1:50. Los cuatro cantantes están separados en parejas en el escenario porque se trata de dos diálogos que ocurren al mismo tiempo pero en espacios distintos.


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lunes, 8 de agosto de 2011

Verdi: La Traviata



Por exigencias de programación de La Scala, al estreno de Nabucco le siguieron sólo siete funciones. Pero en el verano siguiente, la ópera se representó 57 noches, una cifra fabulosa incluso para esos años.
A esta entusiasta acogida, que abrió para Verdi las puertas de la fama y de la alta sociedad milanesa, no fue ajena una de las principales figuras de La Scala, la cantante Giuseppina Strepponi, quien en las primeras ocho funciones logró abordar magistralmente un rol dificilísimo.

Giuseppe y Giuseppina
La Strepponi era, a la sazón, amante de un célebre tenor de voz dulce y lánguida, especializado en morir en escena. El "tenor de la dulce muerte", como llegó a conocérsele, estaba casado y tenía hijos. Por consiguiente, para Giuseppina, mujer sensible pero sensata, no había pie para abrigar esperanzas de una vida y un futuro compartidos. No es raro entonces que algunos biógrafos de Verdi deslicen la posibilidad de que haya sido durante los ensayos de Nabucco que se sembraron los primeros gérmenes de una relación sentimental entre el maestro y Giuseppina. Pero al parecer, solo fue una ilusión.

Reencuentro en París
Cinco años más tarde, en 1847, Giuseppe y Giuseppina se reencontraron en París. Cómodamente instalados en las mesitas que dan a la calle del Cafe Les Deux Magots, celebraron el encuentro charlando sin reservas sobre sus vidas pasadas, sobre el presente, y el futuro. Giuseppe, tomando de a sorbitos su café cortado, escuchó con paciencia de santo todo lo que Giuseppina tenía que contarle. Mientras el chocolate caliente se enfriaba, intacto, sobre la mesita, Giuseppina confesó que su relación con el tenor de la dulce muerte había sido una experiencia atormentada e infeliz. Le contó que había tenido dos hijos con él y que finalmente, poco después del estreno de Nabucco, había decidido romper relaciones, de las cuales salió, como era de esperar, con el espíritu destruido y la voz dañada, de tanto llanto. Giuseppe, algo más contenido, esbozó a grandes rasgos su tristona vida sin Margherita, no obstante el éxito personal, con cinco nuevas óperas a su haber. Cuando ya no hubo nada que contar, se miraron a los ojos.
El café, o el chocolate, o las confidencias, habían hecho el milagro. Minutos después de pagar la cuenta, abandonaron el Café profundamente enamorados. Durante largos meses vivieron su idilio insospechado, en París, ajenos por completo al mundo circundante.

Ahora bien, en el mundo circundante Giuseppe ya gozaba de una sólida independencia financiera. Hacía poco se había comprado una finca en un pueblo cercano a Busetto. Hasta allá se llevó a Giuseppina. Y comenzaron las murmuraciones. El maestro Verdi, en opinión de sus paisanos, había vuelto a su tierra con una mujer que no era su esposa y, para colmo, era cantante. Su ex suegro tampoco se restó a las críticas y lo llamó a terreno, veladamente. El maestro contestó con una carta furibunda.
Un año después, Verdi comenzó la composición de La Traviata.

Grabado de la portada de La Dama de las Camelias

La Traviata
La Traviata ("La extraviada") es una ópera en tres actos basada en la novela de Alejandro Dumas hijo "La dama de las camelias".  Cuenta la historia de Violeta, cortesana de alto vuelo, que se enamora de Alfredo, como una adolescente. Parten a vivir en pecado, a una quinta, cercana a París. Allá llegará el padre de Alfredo a exigir a Violeta que termine su relación con su hijo pues esa convivencia impropia está perjudicando a toda su familia. Violeta accede aunque con ello perderá al único y verdadero amor de su vida, desencadenándose así la tragedia que terminará con ella moribunda en los brazos de Alfredo.

El estreno, en el teatro La Fenice de Venecia, en 1853, fue un completo fracaso. En buena medida debido a que la cantante que personificaba a Violeta tenía 38 años y estaba algo excedida de peso, en circunstancias de que su personaje es una mujer joven y, por cierto, tísica. El público, en la oportunidad, rió a carcajadas con la escena final. Sin embargo, al año siguiente obtuvo un éxito aplastante y desde entonces su popularidad no ha decaído, hasta hoy.

Acto II - Escena final
El encadenamiento continuo de célebres y hermosas arias, duetos y coros que conforman la obra, hace difícil escoger una pieza que sobresalga por sobre el resto. He escogido una escena de conjunto, donde nadie que esté sobre el escenario se queda sin cantar. Es el final del segundo acto. Como Violeta, la hermosa soprano rusa Anna Netrebko.


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viernes, 5 de agosto de 2011

Verdi: "Nabucco" - Coro de los Esclavos



Con el fin de acompañar a los niños que en los años venideros iban a deleitar al mundo con sus obras, Giuseppe Verdi asomó su pequeña humanidad en Roncale, Italia, el año 1813. Entre sus futuros colegas se contaban Mendelssohn, de cuatro años; Chopin y Schumann, ambos de tres; y Franz Liszt, de tan solo dos años.

Pero Giuseppe no va a ser pianista sino compositor de óperas.
Desde la humilde aldea de Roncale, donde sus padres manejaban una pequeña posada y una tienda de comestibles, llegó a Milán en 1832 para proseguir sus estudios mediante una beca conseguida por intermedio de un comerciante mayorista que abastecía al modesto negocio de la familia. Sin embargo, el futuro compositor resultó rechazado en el Conservatorio y debió acudir a la enseñanza privada. Aún así, la estancia en Milán constituirá una experiencia capital en su vida pues es allí donde descubre el mundo del teatro y con ello su verdadera vocación.

El comerciante mayorista Antonio Barezzi había sido uno de los primeros en advertir el talento artístico del pequeño Giuseppe porque, además de comerciante, ejercía el cargo de presidente de la Sociedad Filarmónica de la cercana localidad de Busseto. Antonio tenía cuatro hijas. La mayorcita, de nombre Margherita, no tardó en llamar la atención de Giuseppe y en 1836 lo aceptó como esposo, luego que el compositor consiguiera los puestos de organista y profesor de la escuela de música de Busseto, a su regreso de Milán.

Giuseppe Verdi (1813 - 1901)
Pero la vida de ambos constituyó una sola y gran desgracia por el corto tiempo en que se sucedieron la muerte de su primer hijo, luego del segundo y finalmente, en 1840, de la propia Margherita, a sus 26 años.

Por ello, talvez, la primera gran obra maestra de Giuseppe no pudo surgir sino hasta dos años después, en 1842, cuando se estrenó en La Scala de Milán la ópera Nabucco, basada en una historia bíblica que recoge el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia.

La obra, en el acto tercero, nos revela un momento único en la historia de la ópera cuando el coro interpreta la pieza llamada Coro de los Esclavos, o Va Pensiero (Vuela, pensamiento), un canto de libertad que en su época encontró una identificación inédita entre público y música, dadas las circunstancias que vivían los pueblos de la futura Italia bajo la dominación austríaca.

Hoy, con el coro Va Pensiero los pueblos del mundo celebran las ceremonias que saludan actos que consideran grandiosos. Así ocurrió hace poco en la misma Italia para celebrar los 150 años de creación de la nación, con Berlusconi presente obligado a escuchar el bis junto a un ardiente reclamo por la "muerte de la cultura" pronunciado por el director Ricardo Muti. Así también, modestamente, los chilenos celebramos el fin de la dictadura, en 1990, en el Estadio Nacional de Santiago de Chile.

La versión, del Coro del Metropolitan Opera House de Nueva York, de 2002, incluye el bis, que ya viene siendo casi una tradición. Constituye una experiencia notable poner atención a los últimos compases cuando la orquesta calla y las voces continúan a capella, para morir en un diminuendo que torna imperceptible el instante preciso en que el sonido dejó paso al silencio.



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