viernes, 26 de agosto de 2022

G. Giménez: "La Boda de Luis Alonso" - Intermezzo


Durante los siglos XVII y  XVIII, fue acostumbre incorporar una brevísima ópera cómica, de corte popular, en los entreactos de una ópera seria. Son los llamados intermezzi (plural de intermezzo), una pausa refrescante en medio de tanto drama. El que hoy todavía recordamos es el incorporado en La Serva Padrona, de Pergolesi. Con el tiempo fueron evolucionando, llegando a convertirse en el siglo XIX en fragmentos orquestales interpretados en los entreactos, que muchas veces terminaron siendo más célebres que la ópera que los albergaba. El mejor ejemplo de ello es el intermezzo de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni, de 1890. 


Otro muy famoso que no le va en zaga es el conocidísimo intermezzo de la zarzuela "La Boda de Luis Alonso" (1897) con música del compositor y director español Gerónimo Giménez, pieza que un buen número de amantes de la música podrían tararear con facilidad aun cuando no sepan de qué obra se trata ni menos quién fue su creador.

El Autor
Autor de más de sesenta obras entre sainetes, zarzuelas y operetas, Gerónimo Giménez fue un niño prodigio nacido en Sevilla que a los 12 años ingresó como primer violín al Teatro Principal de Cádiz. A los 17 ya era director de una compañía de zarzuela debutando en Gibraltar con la ópera Safo de Giovanni Pacini. Estudió violín en Paris. Luego vivió en Londres, instalándose definitivamente en Madrid en 1885, donde se desempeñó como director de teatros y sociedades musicales promoviendo la música sinfónica contemporánea, hasta su muerte en 1923.

Gerónimo Giménez (1854 - 1923)
"La Boda de Luis Alonso"
Es una zarzuela en un acto, dividido en tres cuadros, en verso, con libreto de Javier de Burgos. Es una precuela de una obra anterior, igual de célebre y por la misma razón: su intermezzo.
Su estreno tuvo lugar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, el 27 de enero de 1897. 

La acción tiene lugar en 1840 en Cádiz, donde está a punto de celebrarse la boda del famoso maestro de baile de la ciudad, Luis Alonso, quien va a casar con María Jesús, una hermosa dama harto más joven que él. El maestro siente celos de Gabrié, un ex de la chica, lo que lleva a éste a gastarle una pesada broma en la boda. Aprovechando el encierro de toros cercano, anuncia a gritos en mitad de la boda que los toros se han desmadrado y que van corneando por el pueblo a diestra y siniestra. Los invitados y el propio Luis Alonso huyen, espantados. Gabrié y María Jesús se quedan solos y él le reprocha que vaya a unirse de por vida con un anciano.

El Intermezzo
Como era la costumbre en la España de la época, estamos ante una mezcla de varios bailes tradicionales, pues la trama simbólica de toda zarzuela era sencillamente el vehículo indicado para presentar en escena muchos bailes populares. Sin ir más lejos, uno de los bailes aquí presentados es una seguidilla que también usó Manuel de Falla en El sombrero de tres picos

La versión es de la hr-Sinfonieorchester – Frankfurt Radio Symphony, conducida por el maestro Pablo Heras-Casado.

jueves, 11 de agosto de 2022

Schubert, Sinfonía No 4 "Trágica"


Alrededor de 1815, el pequeño Franz tomaba clases privadas con Antonio Salieri, al que nadie inculpaba todavía de haber envenenado a Mozart. El maestro Salieri, por entonces la primera autoridad musical de Viena, instruyó a Franz en composición y contrapunto, instándolo a continuar con aquello que parecía tan difícil, componer sinfonías, en momentos en que el sinfonista de la época era ni más ni menos que Beethoven, que ya iba por la octava.

Pero el pequeño Schubert tampoco se iba a quedar atrás. Después de todo, el maestro de Bonn había compuesto su primera sinfonía cumplidos los treinta. Schubert, en cambio, a los 19 años ya sumaba tres e iba por la cuarta, que verá la luz en 1816 con la inquietante apostilla de Sinfonía Trágica, impensado título para un autor veinteañero.

Pero así fue. A diferencia de cientos de autores cuyas obras etiquetó el editor, sin preguntar siquiera, esta vez fue el mismo Schubert quien eligió el apodo. ¿Tanta desgracia acumulaba el pequeño Franz antes de cumplir los veinte años? En principio no lo parece. Pero nunca se sabe.

Olvidado el fracaso de su aspiraciones matrimoniales con Thérese Grob en 1814 a causa de las leyes de la época que exigían a todo aspirante a novio contar con recursos económicos, el año 1816 contempló algunos cambios positivos, que lo arrancaron en algo de la monotonía como maestro ayudante en la escuela que dirigía su padre. Un amigo lo invitó a vivir con él en la casa familiar, y abandonó las clases en la escuela para aventurarse en la enseñanza privada.

Franz Schubert, joven (1797 - 1828)
¿Un drama adolescente?
Al mismo tiempo, buscó un ascenso académico postulando a una reputada escuela de lengua alemana en la ciudad de Laibach (la actual Ljubljana, en Eslovenia) como maestro de capilla. Pero no le fue bien. Su postulación fue rechazada. Aquello significaba ni más ni menos que en algún momento –como realmente ocurrió– debería volver a la escuela de su padre.

Pero por desalentador que fuere, nada de esto implicaría alimentar el alma de sentimientos terriblemente trágicos.
Y, de pasada, la música, su música, la mismísima Cuarta Sinfonía, lo desmiente. El apodo de "trágica" responde más bien a una suerte de dramatización juvenil de la vida, porque lo que escuchamos es, sencillamente, bella música.

Sinfonía No 4 en Do menor, "Trágica"
Para nuestro gusto, lo que más destaca en ella es su movimiento lento, una maravilla, "schubertiana" hasta la médula, un anticipo del sublime Impromptu en La bemol del Op. 142, de 1828, el año de su muerte. Como si hubiera sido su sino, y tal como gran parte de su producción, no fue interpretada en vida del gran y pequeño maestro. La primera presentación pública tuvo lugar en Leipzig en 1849, 21 años después de la muerte de su autor, que solo estuvo en este mundo 31 años.

Movimientos:
Son cuatro, los habituales de toda sinfonía clásica:
00:00  Adagio molto – Allegro vivace  ∙
09:57  Andante   ∙
19:14  Menuetto. Allegro vivace – Trio – Menuetto   ∙
22:44  Allegro   

La versión es de la Frankfurt Radio Symphony, conducida por el maestro colombiano Andrés Orozco-Estrada.

sábado, 30 de julio de 2022

Beethoven: Sonatas del Opus 49 - No 1


Alguna vez leímos por allí que si pretendías participar como pianista en algún concurso de repertorio libre, al elegir una sonata de Beethoven, debías descartar de plano cualquiera de las dos sonatas del opus 49. Ambas son bellísimas... ¿Por qué, entonces? preguntaréis. Porque el mismo Beethoven no quiso publicarlas, debido a sus modestas proporciones. En efecto, son piezas breves, relativamente fáciles, destinadas a la práctica y ejercicio de sus alumnos, o para el deleite de sus amigos nobles más avezados. En ningún caso, es de suponer, para que el intérprete y postulante a algún reconocimiento universal dé muestras de su excepcional virtuosismo.

Es probable que si el maestro hubiera decidido publicarlas, lo hubiera hecho bajo el título de "sonatinas". Fue su hermano menor, Kaspar Anton Karl, en algún momento su secretario y encargado de lidiar con los editores (con no mucho tino, según se cuenta), quien por sí y ante sí, decidió llevarlas a publicación en 1905, bajo el llano título de "Sonatas para piano", sin sutilezas, porque también es cierto que en ese momento su hermano Ludwig era acosado por algunas urgencias financieras.

La feliz excepción
Ambas sonatas fueron escritas casi diez años antes de su publicación. Y la que lleva el número 2 (otra amalgama feliz de simplicidad y genio) es incluso anterior a la No 1. que hoy nos ocupa. Constituyen así una excepción en cuanto al criterio de publicación que Ludwig acostumbraba con sus obras. Todas se publicaban por orden cronológico, en cuanto el maestro las terminaba. 
Es posible que estas dos maravillas hubieran podido sobrevivir sin la participación de Kaspar. Pues así sucedió con muchas de sus obras que hoy llevan el subtítulo WoO (Werke ohne Opuszahl - Obras sin número de Opus). Pero ello no quita que hoy, agradezcamos a Kaspar, por su ocurrencia.

Sonata No. 19 - Op. 49 No. 1 - Movimientos
Escrita en la tonalidad de Sol menor, la pequeña joya consta de solo dos movimientos. El primero es un Andante en forma sonata, aunque muy abreviada. El segundo, un rondó, que a nivel técnico es algo más complicado que el primero.

0:00   Andante
4:02   Rondo: Allegro

La versión, impecable, es de la pianista ucraniana Valentina Lisitsa.

lunes, 20 de junio de 2022

Chopin: Vals en Mi menor, póstumo


Como muchos otros autores, Chopin creó obras que hoy nos sorprenden por su belleza pero que, en su tiempo, no fueron publicadas por incumplir las altas exigencias musicales que el propio autor se imponía. Un ejemplo emblemático pudiera ser la popular Fantasía Impromptu que Chopin solicitó expresamente arrojar al fuego en carta a su amigo Julian Fontana.
Otra pieza, con una buena historia tras ella, es el sencillo vals llamado "del adiós" (Op 69 No 1), cuya copia autógrafa envió Chopin a su amada Maria Wodzinska, de 19 años (Chopin, de 25), en 1835, y que más tarde dedicará a otra dama aunque no será publicada en vida del maestro.


Y su compañero de opus, el Vals en mi menor, también corrió la misma suerte. Es una obra de juventud, claramente. Fue compuesto alrededor de 1830, con Chopin todavía en Varsovia, poco antes de abandonar su patria para probar suerte en otras latitudes, patria a la que nunca volverá. Se publicará en mayo de 1851, dos años después de su muerte, catalogándose hoy como la primera publicación póstuma del maestro polaco. Más tarde, se incorporarán al registro póstumo ni más ni menos que 25 composiciones, entre valses, nocturnos, polonesas y rondós, amén de diecisiete canciones. 

El vals es contemporáneo, desde luego, del Primer Concierto para piano, (que lleva el No 2) cuyo movimiento lento está inspirado por la joven soprano Konstanza Gladowska, el primer amor de nuestro héroe. Se comprenderá entonces el entusiasmo por la vida y espíritu juguetón de la breve pieza de poco menos de tres minutos de duración.

Vals Op 69 No 2, póstumo
Comienza vivazmente pero luego se vuelve reflexivo. Tras una encantadora sección media, retorna el primer tema, pero sólo parcialmente, prescindiendo esta vez de la mirada reflexiva. Su final es algo inesperado a la vez que espectacular.

Es increíble que una pieza de esta categoría haya sido estimada irrelevante por su inspirado autor. La rigurosidad de un genio.

La versión es del maestro ruso Evgeny Kissin.

miércoles, 27 de abril de 2022

Beethoven: Sonata No17, "La Tempestad", en un piano de "temperamento irregular"


Por inaudito que parezca, si tenemos un piano en casa, algo desafinado, y llamamos al afinador, cuando éste haya hecho su trabajo impecablemente, el piano habrá quedado más desafinado todavía. De ello podríamos colegir, algo ingenuamente, que todos los pianos del mundo están desafinados... ¿Cómo es posible tamaña extravagancia?
La respuesta, de simple no tiene nada. Involucra algo de matemáticas, de física... de ondas, frecuencias, amplitudes, y por cierto, algún conocimiento de escalas y notas musicales.
Pero no queremos aquí quebraderos de cabeza. Simplificaremos el fenómeno al máximo, apelando a la intuición y la buena voluntad.

El temperamento
Se llama "temperamento" a los sistemas de afinación que han existido en la historia de la música. Todo comenzó con Pitágoras y el círculo de quintas, es decir, el modo de construir nuestros doce semitonos avanzando por intervalos de "quintas" (do-sol-re-la-mi-si-fa♯-etc.). Pero esta construcción tiene un problema serio: el "do" final no es la octava del do inicial. Presenta una diferencia que se llamó la "coma pitagórica". Resultó preferible entonces conservar nuestro do inicial y su octava justa, y acomodar los intervalos restantes al gusto de los oídos de la época. Cada una de estas afinaciones "a la carta" se llamó temperamento desigual. Los hubo por montones. 

Uno de ellos fue el que Bach empleó en su célebre Clave Bien Temperado. Tenía la ventaja de que los distintos intervalos no impedían tocar en diferentes tonalidades (se comprenderá que al cambiar de tonalidad los intervalos de tercera, cuarta, quinta, etc. no serán los mismos que en la tonalidad anterior). Esta diferencia es sutil, pero importante y enriquecedora. El temperamento desigual otorga características únicas a cada tonalidad, las que adquieren cierta vida propia, por así decir. Surgieron así descripciones populares para todas las tonalidades mayores y menores: inocentes, anhelantes, vivaces, sombrías, alegres, etc.

El temperamento igual
Pero en el siglo XIX llegó la ciencia y la tecnología, o más bien, la popularización de ellas. Y con ello, la propensión a medir todo lo que fuera medible. Fue posible entonces dividir la octava justa en tantas partes como quisieras, exactamente iguales. Es lo que hoy llamamos temperamento igual: la octava dividida en doce semitonos perfectamente iguales, relacionados entre ellos por la sencilla raíz doceava de 2. Dado un tono, o una frecuencia cualquiera, la nota que viene se obtiene multiplicando su frecuencia por la raíz 12 de 2, y la anterior dividiendo por ella. Muy sencillo. 

¿El piano está desafinado?
Este guarismo matemático permite que las relaciones de intervalo en cada tonalidad sean exactamente las mismas, facilitando las modulaciones, si bien, con excepción de la octava los intervalos están ligeramente alterados respecto de la frecuencia natural, es decir, están algo "desafinados". Pero no lo notamos. Nuestros oídos se han acostumbrado a aceptar estas ligeras imperfecciones. Por lo mismo ya no sabemos cómo sonaba realmente Beethoven en el siglo XIX. A menos que alguien se dé el trabajo...

Muy lamentablemente, no tenemos el nombre del excelente intérprete que aquí nos muestra ni más ni menos cómo sonaba Beethoven en vivo. El piano es un Broadwood de 1819, afinado en el temperamento llamado Kirnberger III, muy común en el barroco, aunque persistió hasta el siglo XVIII.
La pieza es la Sonata No 17, en Re menor, "La Tempestad". La "nueva" masa sonora es sorprendente.

jueves, 31 de marzo de 2022

Schumann / Tausig: "El Contrabandista"


Si hubo un compositor del siglo XIX que hizo numerosas transcripciones para piano de los grandes maestros, ese fue sin duda el pianista y compositor húngaro Franz Liszt. Sus arreglos, fantasias, reminiscencias y paráfrasis abordan un abanico de alrededor de cien compositores, de modo que si algún otro compositor hubiese querido hacer su propia transcripción de su músico favorito, se hubiese encontrado probablemente con que Liszt ya lo había hecho. Pero uno de ellos tuvo suerte. Y fue, cómo no, precisamente un alumno de Liszt. Su nombre, Karl Tausig, joven polaco y pupilo señalado del maestro húngaro.

En el año 1849, Robert Schumann estaba a cinco años de su primera gran crisis psicológica y a siete de su temprana muerte. Aquel año, sin embargo, señala una etapa de "creatividad sin límites", en sus propias palabras, que incluye un segundo gran periodo de composición de lieder, musicalizando poemas traducidos de poesías españolas, principalmente del Siglo de Oro, realizadas por el poeta romántico alemán Emanuel Geibel. Un primer ciclo de lieder se llamó Spanisches Liederspiel, conformado por 10 canciones, solos, dúos, y cuartetos, coronadas por un dramático aunque bufonesco lied para barítono, de nombre "El Contrabandista" ("Der Kontrabandiste"). 

Tausig, arreglista
A todo esto, Karl Tausig tenía ocho años. Ya mayorcito, convertido en notable pianista y privilegiado acompañante de Liszt en sus habituales giras por media Europa, se topó con el célebre lied de Schumann, por entonces célebre, declarándose de inmediato su más entusiasta admirador y propagandista. Siguiendo los pasos de su ilustre maestro, y pese a las dificultades que entrañaba la pieza, se dio en hacer de ella un formidable arreglo para piano solo. Lo mismo hará más tarde Sergei Rachmaninof, pero esa es otra historia.

Karl Tausig (1841 - 1871)
El lied
Musicalmente, la personalidad de Robert Schumann estaba lejos de ser cómica, lo que hace de este movido lied una pieza singular dentro de su repertorio de canciones. Romántico y atrevido, habla de un contrabandista, de sus mercancías y negocios, de su caballo y de su amor por la vida.
Con una coloratura extravagante, utiliza las semicorcheas para sugerir los brincos del "querido y buen caballito" y el sonido de la guitarra y las castañuelas. La ejecución correcta del tempo requiere un pianista muy hábil y un vocalista de articulación fácil y flexible. De allí que la transcripción para piano solo, no obstante sus escasos dos minutos, también requiriese de un pianista todavía más hábil. 

Y Tausig lo fue, como se desprende del video.
También fue compositor, pero hoy es recordado por sus arreglos para piano de diversos autores y por sus obras pedagógicas. Tampoco tuvo mucho tiempo para brillar. Karl Tausig murió en Leipzig, de tifoidea, a la temprana edad de 29 años.

La versión, notable, es de la extraordinaria pianista china Yuja Wang.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Beethoven: Obertura "Coriolano"


El general y cónsul romano Gayo Marcio (siglo V a.C.) fue un militar romano de vida trágica, recogida por el historiador Plutarco en su magna obra Vidas Paralelas. Fue un paladín de los ciudadanos patricios y un acérrimo detractor de la plebe, a la que aborrecía. Tal determinación lo llevó a conseguir importantes victorias militares. En retribución a sus desvelos, le fue concedido un tercer nombre: Coriolano. Pero al militar le pareció poco. Así que presentó su candidatura a cónsul. Su ideología antiplebeya, sin embargo, le jugó en contra. Sus enemigos lo acusaron de traidor, siendo finalmente condenado al destierro. Desde allí, iniciará un ataque contra Roma. 

Veinte siglos después, William Shakespeare recreará la historia en su tragedia en cinco actos de c. 1608 que lleva por título el tercer nombre de Gayo Marcio. Es una de las obras menos representadas del bardo de Avon y suponemos que luego de dos siglos, se representaría todavía menos. Es aquí entonces cuando entra en escena el poeta austríaco Heinrich von Collin, quien, imaginamos, estimando que podría hacer un remake exitoso, retomó la historia de Gayo Marcio agregando un tinte de modernidad. Coriolan subió a escena en Viena en 1802.

El final
Como ya se dijo, la historia de Coriolano es trágica. A punto de asolar Roma con sus huestes (conformadas por sus ex enemigos), solo los ruegos de su madre, su esposa, y su pequeño hijo, le harán desistir. Pero esta decisión le conduce a la muerte. Sus huestes le acusan, a su vez, de traidor, y es ajusticiado en la plaza pública. Una verdadera tragedia, que Heinrich von Collin supo reconstruir muy bien, logrando encantar con ella a los vieneses de principios del siglo XIX.

También encantó a Beethoven. El maestro, un héroe solitario, será seducido por el tema, el conflicto moral y su resolución. Y le pondrá música, en 1807, en momentos en que las huestes de Napoleón ocupan Viena.

Obertura Coriolano, op 62   
Beethoven se inspiró en la versión de Collin, no en Shakespeare, tampoco en Plutarco. Lo curioso es que el drama de Collin fue muy bien recibido por el público, y así se mantuvo durante un par de años, hasta que finalmente desapareció de la escena, literalmente, y para siempre.
Nada sabríamos hoy del drama si no fuera porque una noche de 1807, en el palacio del príncipe Lobkowitz en Viena, revivió, por una sola vez. Esa noche fue estrenada privadamente una obertura destinada a operar como introducción musical a Coriolan, el drama del hoy olvidado poeta.

Un primer tema, tormentoso, muestra la naturaleza levantisca de Coriolano. Un segundo tema, más calmo, aborda una caracterización de su amante madre. El finale, la muerte de Coriolano, es el único posible: la música se desvanece.
La obra está dedicada a Collin, y dura ocho minutos.

El director belga Philippe Herreweghe dirige la Orquesta hr-Sinfonieorchester.

lunes, 21 de febrero de 2022

Chopin: Rondó en Do menor, Op 1


A sus quince años, Chopin era el caricaturista de la familia, y el imitador de personajes variopintos. Adicionalmente, en compañía de sus tres hermanas, gozaba recreando oficios que hoy dejarían turulatos a los padres. Con Ludwika, por ejemplo, escribía a dúo libros infantiles. Con Emilia, escribían comedias en verso para ser representadas ante sus padres con ocasión de algún aniversario. Un cuarteto de niños artistas era el que entonces iluminaba los días en casa de los Chopin, en Varsovia, en la década de 1820.

Como se habrá adivinado, quien reunía los mayores talentos era el varoncito. 

Frédérick había compuesto su primera polonesa a los 7 años. Pero escribir un rondó, parece, y parecía, un género de largo aliento, inalcanzable para un niño. De modo que esperó un poco. A los quince, vio llegado el momento de escribir, y publicar, su primer rondó, mismo que llevará el Opus 1 cuando más tarde sea reeditado en París, cuando los editores adviertan la conveniencia de publicar las obras de juventud de esta nueva celebridad.

La forma rondó
¿Y qué hacía de un rondó una pieza "no apta" para niños? La madurez requerida, suponemos, porque lo típico de la forma rondó es una muy sabia alternancia entre dos o más temas contrastantes, siguiendo una secuencia similar a la siguiente: ABACA, donde A es el tema principal, al que siempre se regresa después de visitar B y C, los temas contrastantes. La forma llegó a su esplendor cuando se integró, también sabiamente, como último movimiento de la sonata clásica.
El rondó más célebre que existe es la popular bagatella Para Elisa, que Beethoven escribió, curiosamente, cuando tenía cuarenta años.

Rondó en Do menor, Op 1
Su primera publicación es desde luego la de Varsovia, en 1825. Lleva la dedicatoria "A la señora Linde" quien, al parecer, era la esposa del director del Liceo de Varsovia. Entre 1835 y 1836 se publicará en París, Berlin y Londres, esta vez como Opus 1. Años más tarde, Chopin lo tomará de base para la composición del rondó para dos pianos, del Opus 73.
Se inicia con un allegro con ritmo de danza. Le sigue una sección más contenida. Luego vendrán los pasajes de bravura, tras lo cual regresa el tema inicial. Todo ello, 9 minutos, escrito a los quince años.

La opinión de un colega
Robert Schumann, entusiasta admirador de Chopin, expresó así su opinión de la pieza: "Una dama diría que es bastante bonito y alegre, casi Moschelesiano. [...] Está lleno de espíritu y tiene pocas dificultades". Estamos dudando si a Frédérick le hubiese gustado el comentario.

La versión es del pianista ruso Dmitry Shishkin.

sábado, 29 de enero de 2022

Mendelssohn: "Duetto", canción sin palabras


"Si me preguntas qué tenía en mente cuando la escribí, diría: simplemente la canción tal como está. Y si tengo ciertas palabras en mente para una u otra de estas canciones, nunca querría contárselas a nadie, porque las mismas palabras nunca significan lo mismo para los demás. Sólo la canción puede decir lo mismo, puede despertar los mismos sentimientos en una persona que en otra, pero ese sentimiento no se expresa con las mismas palabras."

Así respondía Félix Mendelssohn en 1842 a un inquieto amigo que preguntaba sobre el proceso de composición de la extensa serie de piezas breves para piano conocida en conjunto como "Canciones sin palabras". 


Todo había comenzado en 1828 cuando Félix, de 19 años, envió a su hermana Fanny, de 23, una canción que no se cantaba, como regalo de cumpleaños. Una canción para piano. 
"Mi cumpleaños se celebró muy bien... Félix me ha regalado una 'canción sin palabras' para mi álbum", anotó Fanny en su diario. 

Con los años, Fanny, también pianista, incursionará a su vez en el género. Es la época en que todas las familias de la incipiente clase media contaba con un piano en el salón. Y los compositores escribían para ellas piezas breves, al alcance de pianistas de diversas habilidades, para solaz y entretenimiento hogareño.

Un total de 48 canciones escribió Mendelssohn en un extenso lapso de dieciséis años. Parte de la colección, que consta de 36 canciones, se publicó en seis volúmenes durante la breve vida del compositor. Dos volúmenes más, con otras 12 canciones, se publicaron después de su muerte en 1847, a los 38 años.

Duetto, Op 38 No 6
La más famosa de las cuatro docenas de Canciones es la Canción de primavera. que ya ha sido comentada en este portal. Pero existe una que no le va en zaga en popularidad, el célebre Duetto del volumen 3, llamado así por el mismo Mendelssohn porque ofrece dos melodías que pretenden representar a dos "cantantes". Marcada Andante con moto, fue compuesta en Frankfurt en junio de 1836, poco después que Félix conociera a su futura esposa, la bellísima dama Cécile Jeanrenaud.

La versión es del joven pianista lituano, Vadim Chaimovich.

martes, 18 de enero de 2022

Mozart: Sonata para piano No 3, K 281


En el mundo de hoy –y hace largo tiempo ya– podemos escuchar cualquier tipo de música donde y cuando se nos dé la gana. Incluso, con algo más de disposición, es posible disfrutarla mientras se recrea, asistiendo a su presentación en vivo. No ocurría lo mismo en tiempos de Mozart. La audición quedaba reservada a quienes estuvieran presentes en el salón adonde el compositor hubiese sido invitado esa velada. Y de ahí en adelante, la posibilidad de repetir la experiencia era enteramente nula. Es más. De algunas de esas piezas a las que nosotros accedemos a través de un displicente clic, nadie tuvo noticia en su tiempo, pues no fueron publicadas sino hasta mucho después de la muerte de su autor. 

Es lo que sucedió con el grupo de seis sonatas para teclado compuestas por Mozart en 1775. Pese a que el pianoforte por esos años daba sus primeros pasos para convertirse en instrumento obligado en los salones de la naciente clase media, de aquellas seis sonatas se publicó solo una en vida del autor. Además, eran las primeras sonatas que Mozart componía para teclado, lo que es de por sí una rareza puesto que Wolfgang, a sus 19 años, había hecho su reputación como tecladista virtuoso. Pero la rareza no es tal si recordamos que en la corte de Salzburgo, donde se desempeñaba como Konzertmeister, la música para teclado solo no era del interés de su patrón Colloredo

De visita en Münich
De modo que hubo de salir de Salzburgo para volcar su talento compositivo en la música para teclado solo. Esto ocurrió a fines de 1774 cuando en compañía de su padre Leopold abandonaron la provinciana corte para trasladarse a Münich, en busca, naturalmente, de otra posición para Wolfgang, una de mayor alcurnia que la que regentaba Colloredo. Allí permanecieron hasta marzo de 1775 y allí compuso Mozart las primeras cinco sonatas de este inaugural grupo de seis (del total de dieciocho sonatas para solista, más seis para cuatro manos y dos para dos pianos, que va a escribir en toda su vida). Una de las más populares es la Sonata No3.

Sonata No 3 en Si bemol mayor, K 281
Como se puede advertir fácilmente, es la tercera del grupo. Con catorce minutos de duración, y rebosante de gracia y encanto, está concebida en tres movimientos –al igual que las cinco restantes.

Movimientos:
00:00  Allegro
04:50  Andante amoroso
09:45  Rondeau. Allegro

La versión es del pianista surcoreano Seong Jin Cho, ganador del Primer Premio en el XVII Concurso Internacional de Piano Chopin de Varsovia, año 2015.