viernes, 28 de diciembre de 2018

Alessandro Stradella: Sinfonía No 7


Alessandro Stradella, destacado compositor del barroco italiano de mediados del XVII, es uno de los miembros más tempranos de la ominosa élite de músicos que no alcanzaron a vivir cuarenta años. En su caso, sumó también a su temprana muerte una cuota de "sensacionalismo". Su carrera asoma hoy deslumbrante y vanguardista y él mismo es considerado una figura líder de su generación y uno de los autores más versátiles de la época. Precursor del concerto grosso y con más de trescientas obras a su haber, entre oratorios, cantatas, óperas y variada música instrumental, resulta sorprendente que tamaño logro lo haya conseguido llevando una vida non sancta, esquivando la persecución de maridos nobles engañados y escapando de la justicia mediante intempestivos viajes para terminar muerto a puñaladas en una plaza de Génova.


Nacido en Roma, probablemente, en 1644, en el seno de una familia noble, ya a los veinte años se había hecho un nombre como compositor de obras a pedido de la Reina Cristina de Suecia (para la época, ejerciendo funciones en Roma). Luego se sumaron otros notables romanos a quienes Stradella proveía de motetes, preludios e intermezzi. Jamás necesitó de la música para sobrevivir, ni de ningún otro oficio, no obstante, en 1669 intentó sin éxito estafar a la Iglesia Católica en complicidad con un colega violinista y el abad de un monasterio. Debió abandonar Roma apresuradamente. Pero al año siguiente estaba de vuelta, abocado por entero a la composición de música sacra.

Alessandro Stradella (1644-1682)
Una vida escurridiza
Diversos contratiempos con la Iglesia Romana lo llevaron a abandonar Roma, esta vez compulsivamente, en 1677. Decidió instalarse en Venecia, donde fue contratado como tutor musical de la amante de un adinerado noble de apellido Contarini. No se demoró mucho Stradella en seducir a la amante y escapar con ella. La poderosa familia Contarini le puso precio a su cabeza. Después de salvar con vida de un atentado, el compositor abandonó Venecia y se instaló en Génova.
Disfrutó allí de la presentación regular de sus obras en los teatros genoveses, y parecía haber sentado cabeza, en compañía de una noble doncella. Pero una seguidilla de escandalosas infidelidades desató la ira de la familia Lomellini, cuna de la doncella. El 25 de febrero de 1682 Stradella murió apuñalado en la Piazza Banchi, a manos de un esbirro de los Lomellini. No obstante su singular trayectoria, los restos del maestro descansan en una basílica católica de Génova.

Sinfonía No 7 en Sol mayor
Anotemos que las "sinfonías" de Stradella (y del resto de barrocos de su tiempo) poco tienen que ver con el concepto que hoy manejamos, es decir, el que designa una gran obra en tres o cuatro movimientos para gran orquesta. En el barroco, la palabra sinfonía designaba simplemente todo tipo de música que requiriera un número variable de instrumentos. Respondiendo a la secular ambigüedad de los términos musicales, también se podría haber llamado, sencillamente, sonata, o, mejor todavía, "sonata para orquesta".

La pieza, de poco más de cuatro minutos de duración, está escrita para dos violines, cello y órgano o clave (el bajo continuo), y es parte de la treintena de obras instrumentales compuestas por el autor.
La versión es de la agrupación italiana Ensemble Giardino di Delizie, formado por cuatro damas, dos de ellas italianas y dos polacas.



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sábado, 22 de diciembre de 2018

Szymanowski: Concierto para Violín No 1


Karol Szymanowski nació en 1882 en Tymoszówka, entonces bajo la tutela del imperio ruso, pero antes, parte del antiguo reino de Polonia. Durante toda su vida el autor apoyó con fuerza la música polaca, y como justo reconocimiento en 1926 accedió al puesto de director del Conservatorio de Varsovia. Sin embargo, en sus últimos días se quejó amargamente del abandono y aislamiento en que lo habrían mantenido los círculos culturales polacos, muy probablemente debido a su orientación sexual. Pero al mismo tiempo se atrevió a vaticinar que, pese a todo ello, su funeral iba a ser magnífico.
El compositor murió de tuberculosis en Lausana, Suiza, en 1937, y no accedió a uno, sino a dos funerales. Uno en Varsovia, de carácter "republicano" y el otro en Cracovia, adonde fue sepultado en una iglesia, en el sector destinado a los polacos distinguidos.


Szymanowski nació en cuna de oro. Sus padres, ricos hacendados, mantenían un ambiente familiar abierto al mundo artístico. Recibió de su padre sus primeras lecciones de piano a los siete años, mientras sus hermanos incursionaban en la pintura, o la poesía. En 1901 entró al Conservatorio de Varsovia a estudiar composición. Tras publicar sus primeras obras, viajó extensamente por Europa y más allá, llegando hasta África del Norte, adquiriendo ricas experiencias de vida y musicales. Una breve estadía en París ayudó a cimentar en él la admiración por Debussy y la escuela impresionista francesa. Su nombre iba siendo conocido. Todo andaba de maravillas. Hasta que llegó la guerra.

Karol Szymanowski (1882 - 1937)
La familia –el compositor incluido– se vio obligada a permanecer aislada en su finca de Tymoszówka durante todos esos años. La guerra terminó, pero no hubo respiro, porque entonces explotó la revolución bolchevique. La familia debió vender sus propiedades en condiciones desventajosas, y reinstalarse en otro lado, una localidad cercana, que al poco tiempo cayó bajo la ocupación austriaca.
Contra todo pronóstico, sumado a un enorme caudal de piezas breves, entre 1914 y 1918 el compositor produjo sus más importantes obras maestras, entre las que se cuentan su Tercera Sinfonía, varios cuartetos de cuerda y, por cierto, el Primer Concierto para violín.

Concierto para violín y orquesta No 1, Opus 35
Fechado en 1916 pero no estrenado sino hasta 1922, la obra dura aproximadamente 25 minutos, entregados en un solo trazo sin interrupción. No es una obra tradicional, desde luego, y su único movimiento así lo señala: un lienzo de temas entrelazados, quizá de un modo nuevo pero igualmente fascinante. Es encomiable, por cierto, que el autor haya podido crear tal encantamiento en momentos oscuros y altamente complejos.

La versión es del violinista escocés Michael Foyle acompañado de la Rotterdam Philharmonic Orchestra, conducida por el director venezolano Rafael Payare, con ocasión de un concurso de violín en Holanda, y donde el intérprete se adjudicó el Primer Premio. (El video incluye la premiación).


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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Louis Spohr: Fantasía, para arpa


En 1805, a los veintiun años, el virtuoso alemán del violín Louis Spohr accedió al puesto de director musical de la corte de Gotha, una pequeña ciudad al centro de Alemania. Al poco tiempo de llegar, escuchó tocar "una fantasía muy exigente" a una bella chica arpista de dieciocho años, Dorette Scheidler, hija de una cantante de la corte. Louis decidió de inmediato escribir para ella una sonata, para arpa y violín. La obra presentaba algunas exigencias, de modo que su preparación requirió muchos ensayos. Terminaron enamorados, y casados, en febrero de 1806.


Ese mismo año iniciaron, como dúo, extensas giras por las ciudades del resto de Europa, a las que volvían todos los años, hasta 1822, cuando Dorette, una mujer de su tiempo, decidió abandonar las giras, el dúo y el arpa, para estar junto a sus hijos que, ya mayores, no podían acompañar a la pareja en sus interminables giras. Pero fueron felices, hasta la muerte de Dorette, 28 años más tarde.

Violinista y director
También un buen pintor y hábil ajedrecista, Louis Spohr nació al norte de Alemania en 1784. Mostró temprano talento para el violín y a los quince años ya era miembro de la orquesta del duque en su ciudad natal. En Gotha estuvo hasta 1812. Más tarde, será una figura prominente como violinista y director en las cortes de un buen número de ciudades de Alemania y Austria, hasta poco antes de su muerte, en Kassel, en 1859.

Louis Spohr (1784 - 1859)
Autorretrato
La obra
Poco de su música sobrevive hoy en el repertorio estándar, aunque el autor tiene a su haber alrededor de 300 obras, que abarcan todo tipo de géneros, incluida la ópera. Escribió nueve sinfonías (digamos, a propósito, que fue amigo de Beethoven), ocho conciertos para violín, cuatro conciertos para clarinete y amplia música de cámara. Entre las obras misceláneas, sobresalen las piezas escritas para arpa, gran parte de ellas compuestas en la primera mitad de la carrera del autor.

Fantasía para arpa, en Do menor
Fue compuesta en 1807, mientras el autor estuvo en la corte de Gotha, un año después de desposar a Dorette y, suponemos, con el propósito de alimentar el repertorio solista de su mujer.
Una pequeña joya clásica de diez minutos de duración.

La versión es de la artista alemana Serafina Jaffe, nacida en Berlín en 1998. La locación, el Palacio Lichtenau, en Postdam.
Según cuenta ella misma, el video es el resultado de su participación en el concurso alemán "Jugend Musiziert", donde se adjudicó el primer premio.



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sábado, 8 de diciembre de 2018

Chopin: Impromptu No 3


Cuatro impromptus escribió Chopin a lo largo de su vida. El más célebre, por lejos, es el No 4, con el que Julian Fontana –amigo, colega y factotum de Chopin– se tomó dos libertades: lo denominó Fantasia Impromptu y lo publicó póstumamente, desatendiendo la voluntad del maestro polaco, que en su momento no lo consideró digno de publicarse. Anotemos, de paso, que lleva el No 4 precisamente por eso, por su publicación póstuma, pero fue el primero que abordó Chopin, casi recién llegado a París, en 1834, iniciando con él la serie de cuatro.


Chopin escribirá otros tres en los años siguientes, los que serán publicados prontamente, dedicados a alguna condesa, con excepción del segundo que, sencillamente, no lleva dedicatoria. Curiosamente, ninguno de ellos se acercará ni remotamente a la posterior popularidad de la Fantasia Impromptu. Sin embargo, son piezas tan perfectamente logradas como ella. (Especulemos que Julian Fontana habrá pensado de ella lo mismo pero al revés). Especialmente el Impromptus No 3 que, en opinión de los estudiosos, es la pieza más perfecta de las cuatro.

¿Improvisaciones?
Etimológicamente, sí. El término era de aparición reciente, no antes de 1817, en los trabajos de Kalkbrenner, o Schubert. Son improvisaciones, en principio, pero luego afanosamente trabajadas, si bien, como señaló con acierto el musicólogo y pianista Alfred Cortot, "la música debe parecer que nace de las manos del intérprete". A fin de cuentas, entonces, en un impromptu el intérprete debe "improvisar", si no las notas, el contenido emocional.
Su forma es simple. Responden al esquema A-B-A, un tema central flanqueado por dos episodios similares, quizá gemelos si no fuera por la coda imprescindible en la repetición.

Tercer Impromptu, en Sol bemol mayor, opus 51
Es el último que escribió, desde luego. Fue compuesto en 1842, y publicado en febrero del año siguiente, con dedicatoria a la condesa Esterházy, alumna del maestro, una de las numerosas pupilas de alcurnia que George Sand estilaba llamar sus "magníficas condesas".
Aunque sin ninguna concesión al virtuosismo gratuito, la primera sección está marcada vivace giusto, vivo y ligero pero sin rubatos. En opinión de los estudiosos, se trata de una música "estremecida de confesiones, henchida de impulsos y de éxtasis embriagador". Dobles notas caracterizan los afanes de la mano derecha en la segunda sección.

La versión, excelente, es de la pianista estadounidense Kate Liu, nacida en Singapur en 1994.


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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Mozart: Sinfonía No 35, "Haffner"


Los Mozart conocían a la familia Haffner desde hacía muchos años, desde que Sigmund Haffner, alcalde de Sazburgo, había apoyado las primeras giras por Europa de los niños prodigios Wolfgang y Nannerl. Años más tarde, en 1776, Wolfgang, de veinte años, agradeció el gesto profético escribiendo una serenata para el matrimonio de una hija de Sigmund. Calurosamente recibida, la pieza se hizo célebre como la Serenata Haffner. Y ahí habría acabado todo si no fuera porque en 1782 Sigmund hijo, amigo de Mozart, accedió a un título nobiliario. A Leopold Mozart no se le ocurrió nada mejor que solicitar a su hijo, en Viena por ese entonces y a punto de casarse, la composición de una sinfonía destinada a celebrar el ennoblecimiento de Sigmund Haffner, hijo.


A mediados de 1782, Mozart disfrutaba del éxito de su última ópera, El Rapto en el Serrallo, y se afanaba en escribir prontamente, "antes que lo haga otro y se lleve mis beneficios", un arreglo para banda de vientos. También escribía otra serenata (en Do menor para vientos) y preparaba su matrimonio. Estaba ocupadísimo. Pero cumplió con todo. O casi todo. Entre el 20 de julio y el 6 de agosto, el maestro terminó el arreglo, la serenata para vientos, se casó con Constanza y envió a su padre el primer movimiento de una Sinfonía, movimiento que, al parecer, llegó justo a tiempo de la celebración. Los movimientos restantes fueron llegando, de a uno, en cada correo.

Música para la Cuaresma
Seis meses después, Mozart organizaba un concierto con su música para los días de Cuaresma de 1783. Ya que la sinfonía destinada a Haffner se conocía, probablemente, solo en Salzburgo, le pidió a su padre que le enviara de vuelta los manuscritos. Cuando los tuvo en sus manos, le escribió: "La nueva Sinfonía Haffner me ha sorprendido gratamente, porque había olvidado casi todas las notas". Pero el maestro decidió rediseñar la pieza, que para entonces tenía seis movimientos.

Desechó uno de los dos minuetos y la marcha conclusiva, luego agregó un par de flautas y un par de clarinetes al primer y cuarto movimientos, y ofreció a los vieneses una pieza nueva, el 23 de marzo de 1783, en el Burgtheater de Viena.

El estreno
Bajo la dirección del autor, resultó todo un éxito. Y así lo relató Wolfgang a su padre:
"El teatro no pudo haber estado más repleto y... cada asiento estuvo ocupado. Pero lo que más me complació de todo fue que Su Majestad el Emperador estuvo presente y, ¡cielos! - ¡Qué encantado estaba y cómo me aplaudió! Tiene por costumbre enviar el dinero al teatro antes de llegar. Si no, yo habría estado contando una cantidad mayor. Pero su regocijo rebasó todos los límites. Envió 25 ducados."
Una revista de Hamburgo reseñó el concierto, señalando que el emperador, contra su costumbre, "había atendido todo el concierto, igual que la audiencia entera." ... Las costumbres de aquellos años.

El programa
Como era también la usanza, el programa de la velada nos resulta hoy algo curioso, por decir lo menos. Comenzó con los tres primeros movimientos de la sinfonía. Le siguieron arias, "escenas" de óperas, un par de movimientos de serenatas recientes, un concierto para piano (K 175), variaciones sobre arias; Aloysia Weber (ahora Lange), ex amor de Wolfgang, cantó uno de sus rondós, y luego, Wolfgang improvisó una fuga, "porque el emperador estaba presente". Al final, se escuchó el cuarto movimiento de la Sinfonía Haffner. Por fin.

A continuación, los cuatro movimientos, uno tras otro, en poco menos de 20 minutos.

Sinfonía No 35 en Re mayor, K 385, "Haffner" -  Movimientos
00:00  Allegro con spirito - Debe tocarse fogosamente, señaló Wolfgang.
05:38  Andante - Un respiro, luego del brioso allegro, suaves y hermosas melodías.
10:08  Menuetto - Brillante cambio de atmósfera.
13:10  Presto - Tan fogoso como el primero, debe tocarse lo más rápido posible, señaló el autor.

Orquesta de la Academia de Santa Cecilia, de Roma, con la conducción del director y pianista británico Sir Antonio Pappano.


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viernes, 30 de noviembre de 2018

Haydn: Sinfonía No 104, "Londres"


De las 104 sinfonías que, con certeza, escribió Joseph Haydn, un total de doce fueron compuestas en Londres, pero solo la última de ellas será conocida como la Sinfonía "Londres". La obra resultó ser, también, la sinfonía con que dio término a toda su producción en el género.
Dos veces visitó la isla el maestro. La primera, en 1791, invitado por el violinista y director alemán Johann Peter Salomon, quien hacía diez años se había radicado en Londres y convertido desde entonces en un exitoso empresario de la música. Salomon se encontraba en el continente cuando se enteró de la muerte del patrón de Haydn, el príncipe Nicolás Esterházy, y del escaso interés del hijo del príncipe por mantener la tradición musical de la familia. Sin perder un segundo, Salomon partió a Viena. De visita en casa del maestro, le pintó un irresistible panorama londinense.


Primer viaje: 1791 1792 
El día de año nuevo, el 1 de enero de 1791, Haydn desembarcó en Dover. Era la primera vez que ponía pies en tierra extraña. Salomon tenía razón: el maestro no pudo rechazar su oferta. Por una ópera, seis sinfonías y un par de piezas misceláneas, el empresario ofreció mil libras, garantizando doscientas más por un concierto a beneficio. Un año y medio permaneció el maestro en Inglaterra, cosechando éxitos y recibiendo homenajes. Escuchó su música interpretada en todos lados. Fue invitado al baile de cumpleaños de la reina. La Universidad de Oxford le nombró doctor honoris causa.

Segundo viaje: 1794 - 1795
En julio de 1792, regresó a Viena. Dio unas breves lecciones a un muchacho de 21 años, Ludwig van Beethoven, pero la relación no fue de las mejores. Tampoco iban por buen camino ni su matrimonio ni su relación de catorce años con la cantante Luigia Polzelli. Así que recibió encantado la propuesta de regreso a Londres que Salomon le hizo llegar.
El maestro abandonó Viena el 19 de enero de 1794 y permaneció en Londres otro año y medio. Durante la visita, a causa de la guerra con Francia, Salomon enfrentó serias dificultades de operación. Tomó el recambio el violinista y también empresario Giovanni Battista Viotti. A él correspondió el honor de organizar el estreno de las tres últimas sinfonías de Haydn: las que hoy llevan los números 102, 103 y 104.

Sinfonía No 104, en Re mayor, llamada "Londres"
Tuvo su estreno en el King's Theatre el 4 de mayo de 1795. El programa contó exclusivamente con música de Haydn, incluida la Sinfonía No 100, también llamada "Militar", la que para la fecha se había convertido en el mayor éxito londinense de su segunda visita. "La gente estuvo muy complacida, y también lo estuve yo", anotó Haydn en su diario, agregando: "Me gané 4.000 gulden esa noche. Una cosa así solo ocurre en Inglaterra".

Movimientos
Son los tradicionales cuatro. Si descontamos su dramático inicio, se desarrollan siguiendo la típica secuencia: rápido - lento - rápido, con el minueto / trio intercalado antes del movimiento de cierre. El andante presenta un sencillo tema que tras su desarrollo se torna conmovedor. El minueto, muy vivo, con divertidas síncopas; el trio, dulcemente lirico. Para el Finale el maestro echa mano al folklore: la melodía principal es una canción croata que probablemente Haydn escuchó alguna vez en Eisenstadt, donde los Esterházy tenían su palacio de invierno.

00:00  Adagio - Allegro
09:42  Andante
16:53  Menuetto. Allegro - Trio
21:56  Finale. Spiritoso

La versión es de la Orquesta Filarmónica de Viena, con la conducción del maestro holandés Bernard Haitink.



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martes, 27 de noviembre de 2018

Scriabin: Estudio Opus 2 No 1


El compositor ruso Alexander Scriabin integra la larga lista de talentosos compositores que se fueron tempranamente de este mundo, sin ver logrados sus más atrevidos proyectos.
Mysterium se llamó su último trabajo, una pieza de características grandiosas que duraría toda una semana, destinada a estrenarse en las faldas de los Himalaya, incorporando los sentidos de la vista, el sonido, el olfato y el tacto. Luego del estreno –creía el autor– el mundo se acabaría, esfumándose en medio de una gran dicha, dando paso a una raza humana nueva, integrada por seres más nobles.
Imposible decir que Scriabin no apuntó alto. Pero el destino no le acompañó. Alexander Scriabin falleció en Moscú a los 43 años a causa de la septicemia provocada por la picadura de un mosquito.

Alexander Scriabin (1872 - 1915)
En simultaneidad con su etapa mística, el autor también coqueteó con el dodecafonismo, al final de su vida. Pero en sus comienzos, como virtuoso del piano, se vio influido por los pianistas románticos de la primera mitad del s. XIX. Es una etapa en que escribe fundamentalmente para el piano, trabajando en los géneros que Chopin utilizó sin descanso: preludios, nocturnos y estudios escritos en un lenguaje abiertamente tonal. Las texturas y armonías inusuales vendrán después.

También escribió sonatas y un Concierto para piano, pero hoy es recordado principalmente por sus trabajos más tempranos, los que hoy resultan ser piezas esenciales del repertorio pianístico, entre ellas los 24 Preludios del Opus 11, rebosantes de lirismo y poesía.

Asimismo, sobresalen por su precocidad las Tres Piezas del Opus 2, un conjunto de tres Estudios escritos en el periodo 1887-1889, el primero de ellos cuando el autor tenía quince años, en una época en que, desde luego, era un ferviente admirador de Chopin y Liszt.

Estudio Opus 2 No 1, en Do sostenido menor
La influencia del músico polaco es aquí innegable. Más todavía, no es difícil adivinar el Estudio de Chopin en que está inspirado: el No 7 de la serie de los Estudios del Opus 25, aquellos dedicados a Marie d'Agoult, la pareja de Liszt en la época.
Las armonías son "chopinianas" y el tono emocional de la pieza también. Sin embargo, la melodía trae a la memoria, característicamente, la música gitana rusa, por su exotismo, algo melancólico. Es una pieza lenta y más bien sombría, sin embargo, en sus escasos tres minutos de duración presenta al intérprete no pocas dificultades a la vez que ofrece al oyente un atractivo innegable.

La versión es del maestro ruso Vladimir Horowitz.



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jueves, 15 de noviembre de 2018

Liszt: "Los Preludios" - poema sinfónico


Aunque se acostumbra señalar a Franz Liszt como el inventor del poema sinfónico, el término no es de su autoría, y se diría que nació casi impensadamente. Mientras estuvo en Weimar (1842-61) el maestro escribió doce trabajos en el género, en compañía de su princesa escritora Carolyne von Sayn-Wittgenstein, quien colaboró con los textos que por lo general los acompañaron.


El tercero de ellos, llamado "Los Preludios", fue el primero que llevó el título de "poema sinfónico", aunque en carta a uno de sus editores, de febrero de 1854, Liszt presenta la obra simplemente como "uno de mis nuevos trabajos orquestales: los Preludios".
Dos días después, sin embargo, un periódico de Weimar anunciaba el estreno de la obra con las palabras: "Les preludes - symphonische Dichtung" (Dichtung = poema). Nacía así un nuevo género, el poema sinfónico, que tendrá excelsos continuadores, de la talla de Smetana, Dvorak, o Richard Strauss.

Considerado el germen de la "música programática" del siglo XIX, se lo define, en términos generales, como una forma musical en la que una fuente literaria, o de otro orden, proporciona la base narrativa para una obra orquestal de un solo movimiento. Los poemas sinfónicos de Liszt, particularmente, pretenden inspirar al auditor en la evocación de escenas, imágenes, o estados de ánimo.

Liszt (1811 - 1886), en 1856
En el caso de Los Preludios, el más popular de ellos, el maestro"reacondicionó" materiales musicales con los que ya contaba, organizándolos de modo que contaran una cierta historia, que contuvieran algún tipo de trama. No era fácil. Pero encontró la solución en un poema de Lamartine, llamado, justamente, Los Preludios.
Ahora bien, la conexión precisa entre el poema de Lamartine y la música de Liszt es más bien vaga, aparte del hecho de que ambas obras mezclan, o comparan, o contrastan, elementos idílicos y de cruda realidad. La obra contiene cuatro secciones que se enfocan, sucesivamente, en el amor, la guerra, la vida campestre, y el destino.

Y como se trataba de iniciar el camino de la música programática, Liszt agregó al programa del estreno un largo texto que comienza con estas palabras:
¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a una canción desconocida, de la cual la primera nota solemne es la que hace sonar la muerte? 
El texto continúa, fatigosamente romántico, con referencias al amor, el destino y la muerte por aquí y por allá. El público que asistió al estreno, el 23 de febrero de 1854, en Weimar, se fue a su casa convencido de que les habían regalado trozos de la prosa de Lamartine. Hoy, se cree que tienen origen en la ilimitada locuacidad estilística de Carolyne, la princesa escritora.

Algunos trozos de la obra se han integrado a la cultura popular. El más reconocido hace su primera aparición en el minuto 2:41.

La versión es de Orchesteraufnahme Weimar con la conducción del maestro alemán Christian Thielemann.


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domingo, 4 de noviembre de 2018

E. Chausson: Poema para violín y orquesta


El compositor francés Ernest Chausson nació con suerte, pero murió sin ella. Fue el hijo que sobrevivió a la muerte temprana de sus dos hermanos, tragedia que no cuenta, por supuesto, en el inventario de su buena fortuna. Pero a partir de esos hechos concretos se convirtió en el hijo mimado, en la "niña de sus ojos" para sus atribulados aunque muy acaudalados progenitores. Su padre, llamado Prosper porque el destino es perspicaz, fue un reconocido contratista de obras públicas que estuvo ahí, en París, en tiempos del Segundo Imperio, cuando a Napoleón III se le ocurrió redibujar la Ciudad Luz, remodelando sus edificios, avenidas, parques y jardines.


De modo que Ernest no necesitó trabajar un día en su vida. Poseedor, desde niño, de diversos talentos para la pintura, la filosofia, o la literatura, de adolescente sumó la música a su vasto caudal de intereses. Cuando finalmente se decidió por la composición musical como proyecto de vida, sus padres aplicaron la corrección indispensable en estos casos: le enviaron a la universidad a estudiar leyes. El joven Chausson juró como abogado en 1877. Pero ese mismo año cambió de rumbo. El logro más notable de aquel año no será su juramento sino la composición de su primera canción, Les Lilas.

Ernest Chausson (1855 - 1899)
Chausson nunca ejercerá la profesión. Dos años más tarde, en 1879, cuando tenía 24 años, el abogado ingresó al Conservatorio de París para estudiar composición con el maestro Jules Massenet. Más tarde, integrado al círculo que rodeaba a César Franck, será alentado a componer música no obstante su iniciación musical harto tardía.
No fue un compositor virtuoso pero un innato lirismo le ayudó a superar sus limitaciones técnicas. Con todo el tiempo del mundo para madurar sus composiciones sin que ninguna ocupación extra musical lo perturbara, Chausson escribió canciones, música coral, algunas óperas y música de cámara. Hoy es recordado principalmente por dos imaginativos trabajos orquestales: una Sinfonía, y el Poema para violín y orquesta, de 1896.

Vivió en París, junto a su esposa, toda la vida, pero los veranos la pareja se arrancaba a las provincias. En el verano de 1899, mientras paseaba en bicicleta, perdió el control del vehículo y estrelló su cabeza contra una muralla. Murió en el acto.
Sus funerales contaron con la presencia de las más conspicuas personalidades de la música y las artes francesas.

Poema para violín y orquesta, op. 25
Pocas razones tuvo en vida Chausson para estar triste. Sin embargo, buena parte de su música rezuma una innegable melancolía. El Poema para violín no escapa a ello, durante sus 17 minutos de bella nostalgia, o spleen, para ocupar la palabra que Baudelaire inventó por esos años.
Compuesta entre abril y junio de 1896, la obra tuvo su estreno público el 27 de diciembre de ese año, con la participación como solista del maestro belga Eugène Ysaÿe, a quien está dedicada y quien habría sido su solicitante.

La versión es del violinista ruso Vadim Repin, acompañado de la Israel Philharmonic Orchestra dirigida por el maestro indio Zubin Mehta.


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miércoles, 31 de octubre de 2018

Chopin: Estudio No 7 del opus 25


Los doce Estudios del opus 25 fueron compuestos por Frédéric Chopin entre 1832 y 1836. Publicados en 1837, seis años después de haberse instalado en París, sumaron un logro más en la producción del autor, convertido por ese entonces en "el artista del momento", de las veladas parisinas. Conformaban su segunda colección de estudios para piano. La primera, el opus 10, se había publicado en 1833, dedicada a "mon ami, Franz Liszt", distinción que a nadie podía sorprender pues ambos se conocían, y se profesaban admiración mutua.


Cuatro años después, el opus 25 fue dedicado a Marie d'Agoult, ex condesa, escritora de talento, y habitué de salón cuya cercanía con Chopin y la música se reducía a su condición de pareja de Franz Liszt. Un acto de cortesía que sorprende hasta hoy. Más aún, cuando nos enteramos de que Marie no congeniaba con Frédéric. Ese mismo año, 1837, la Sand propuso a Marie que se allegara a Nohant en compañía de "los polacos" (Chopin y sus amigos poetas). En respuesta, Marie escribió: "...Chopin, una ostra espolvoreada de azúcar..." ... "En él, solo su tos es permanente".
Otro enigma, en la insondable personalidad del maestro.

Estudio Opus 25 No 7, en Do sostenido menor
Una hermosa melodía, algo triste, acompañada de acordes pausados de ambas manos. La mano izquierda, en un par de pasajes, ataca semicorcheas a cierta velocidad, pero, nada comparable al extenso y rápido recorrido, también en semicorcheas, exigido en otros Estudios, el llamado "Revolucionario", por ejemplo. Se diría, entonces, que se trata de un Estudio bastante simple. La dificultad, sin embargo, va por otro lado.

La melodía avanza compartida por las dos manos. A veces en la izquierda, a ratos en la derecha. Para cantar la melodía debidamente, el intérprete debe entender cabalmente que está sucediendo con ella, musicalmente hablando. Y a este canto, dolido, hay que sumar una delicadeza extrema. Maestría en el fraseo, es la exigencia de quien fue llamado el poeta del piano.
El Estudio es el más extenso de los veinticuatro. No es un estudio de técnica propiamente tal, o de habilidades acrobáticas, si cabe el término, sino uno de musicalidad e interpretación. Así lo demanda la obra, que en menos de seis minutos, devela una de las páginas más emotivas de Chopin.

La versión, impecable, es del pianista polaco Szymon Nehring.



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lunes, 29 de octubre de 2018

Luys de Narváez: Siete diferencias sobre "Guárdame las vacas", y polo margariteño


"Guárdame las vacas" es el encantador título de una canción de autor anónimo muy popular en España durante los siglos XV y XVI. Su melodía fue ampliamente usada por numerosos autores de la época como tema sobre el cual construir una obra, las más de las veces, en el género tema y variaciones, o "diferencias", así llamadas las variaciones en la España de aquellos años. Su letra, no menos adorable, proviene de un poema del autor renacentista  Cristóbal de Castillejo, cuya glosa reza así:
Guárdame las vacas, carillejo  /  y besarte he
sino, bésame tú a mí  /  que yo te las guardaré

En la época, el Renacimiento, no se podía ser buen cortesano sin tocar un instrumento, como sentenció el tratadista italiano Baldassare Castiglione en 1528. Esto favoreció la producción de música instrumental, para danzar, o para tocar. Más bien, para tañer, si hablamos de España, pues allí el instrumento favorito en las cortes fue la vihuela, suerte de cruce entre la guitarra y el laúd, con seis o siete pares de cuerdas. El auge del instrumento llevó incluso a la creación de una célebre Escuela de vihuelistas. Uno de sus más renombrados integrantes fue el granadino Luys de Narváez.

Luys de Narváez (ca. 1500 - 1560)
Vivió aproximadamente entre 1500 y 1560, y fue uno de los primeros autores en denominar "diferencias" su arte de invención de breves variaciones sobre un tema. En 1538, mientras servía como músico de corte de Carlos V, publicó la extensa colección "Los seis libros del delfín de música de cifra para tañer vihuela".
Su título, desentrañado, revela que "de cifra" hace mención al tipo de notación de la época (específica para el instrumento), y que el delfín es ni más ni menos que el autor.

En el último libro de la colección están contenidas las Siete diferencias sobre Guárdame las vacas, siete variaciones para vihuela solista sobre la popular canción ya señalada, con duración inferior a los cuatro minutos.

La versión es de la vihuelista Emma Stein (cuya nacionalidad no fue posible averiguar.)


¿Y el polo?
Luego de la conquista, la popular canción cruzó los mares. Hasta recalar en la "pequeña Venecia", Venezuela, como será llamada más tarde. Los saberes de conquistador y conquistado se entremezclaron. Las "diferencias" de Narváez, ejecutadas noche tras noche por los españoles en animadas veladas, fueron ganando entusiastas entre los conquistados, o sometidos, que las tomaron para sí, y las transformaron.
Los arpegios originales se convirtieron en acordes, rasgueados en la pequeña guitarra a ritmo vivo, el de los nativos, o el de los esclavos africanos llegados con el conquistador. Y comenzó a cantarse, con nuevas letras, nativas, en cuartetas octosílabas, y rimadas como las que siguen:
El cantar tiene sentido
entendimiento y razón
La buena pronunciación
y el instrumento al oído
Dieron así origen al "polo margariteño", forma musical típica de una tierra de pescadores, la isla Margarita, de Venezuela, profundamente arraigada hoy en la cultura popular de ese país.

La agrupación europea L'arpeggiata, de música antigua, acompaña a la mezzosoprano chileno-sueca Luciana Mancini, en su interpretación del polo margariteño popularizado con los versos recién señalados.


[Tomada, en parte, la idea, y modificada libremente, desde la página AB Música y Más.]


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viernes, 26 de octubre de 2018

Beethoven: Octava Sinfonía


El año 1812 marcó el final de la gloria de Napoleón y el inicio de su caída. Tras una invasión fulgurante había derrotado a los rusos y llegado hasta Moscú, pero la victoria fue efímera. No pudo con la técnica militar de "tierra arrasada". Luego de incendiar Moscú, los rusos se sentaron a esperar (es un decir) a que Napoleón iniciara el repliegue. Durante la retirada, el poderoso ejército napoleónico fue aniquilado en Vilna.
Mientras se gestaba el inicio del fin para su ídolo de otro tiempo, Beethoven viajó a Teplice para conocer a otro ídolo, el venerado y gran poeta Goethe. Estaba invitado. No fue una invasión. Pero los resultados fueron, a su turno, también desastrosos. Beethoven se encontró, en su opinión, con un cortesano envejecido que no era un colega demócrata ni menos un agitador, quizá un diletante. Al poeta, por su parte, si bien le impresionó la personalidad de Beethoven, le disgustaron profundamente sus toscos modales.


Todo fue una gran desilusión. Sin embargo, no impidió que ahí mismo, en Teplice, el maestro de modales gruesos comenzara a delinear los primeros bocetos de la Sinfonía No 8.

Sinfonía Nº 8, en Fa mayor, Op. 93
La completó en Linz el otoño de ese mismo año. Fue escrita "en simultaneidad" con la Sinfonía No 7, es decir, cuando la comenzó ya había comenzado la Séptima, que quedó para más tarde. Según parece, la Octava funcionó como válvula de escape para los problemas compositivos que le presentaba la Séptima. Los estudiosos coinciden en señalar que la escritura de la Octava Sinfonía fue para el maestro una labor carente de dificultades, casi un divertimento, lo que habría quedado reflejado de modo prístino en el carácter general de la obra.

Una obra "risueña"
Efectivamente, en comparación con la Tercera, la Quinta, y desde luego la Séptima, la Sinfonía No 8 ha sido calificada de "benigna", o "inofensiva", por críticos acerbos. Otros la han descrito, entre bromas, como "la última sinfonía de Haydn".
Lo cierto es que Beethoven adoptó esta vez un esquema jovial, desenvuelto. Prescindió del tiempo lento y en su lugar redactó dos scherzos, el primero de ellos una parodia del cronómetro musical, de reciente aparición, el artefacto que hoy conocemos como metrónomo. Y si se trata de hacer comparaciones, resulta acertado afirmar que desde tiempos de Haydn no se había escrito una resolución más divertida a una sinfonía que la que ofrece el allegro vivace con que finaliza la obra.

Pero como no siempre llueve a gusto de todos, un artículo crítico de 1827 se aventuró a señalar que la obra dependía "por completo del movimiento final, destinado a conseguir aplausos a como dé lugar; el resto es excéntrico sin conseguir entretener, y laborioso sin que se vean resultados".
Mal momento para crítica tan agria: el maestro morirá ese mismo año.

Estreno
La obra, sin dedicatoria, y con menos de media hora de extensión, tuvo su estreno el 27 de febrero de 1814 en la Redoutensaal de Viena, con la conducción de Beethoven. Las impresiones del público tampoco fueron muy entusiastas: el programa incluía la Séptima como obra de cartel.
Sir George Grove, fundador del diccionario que hasta hoy lleva su nombre, relató:
No fue bien recibida. Mucho más aplaudida fue la Séptima, lo que desconcertó a Beethoven. Pero se lo tomó con filosofía: "esto es porque es mucho mejor que la otra", observó.
Movimientos:
00:00  Allegro vivace e con brio
10:50  Allegretto scherzando
15:02  Tempo di menuetto
20:14  Allegro vivace

Daniel Barenboim dirige la West-Eastern Divan Orchestra, creación del conductor, formada por músicos palestinos, árabes e israelíes, durante los BBC Proms 2012.


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jueves, 25 de octubre de 2018

Bernstein: "Mambo", de West Side Story


A lo largo de toda su carrera, Leonard Bernstein debió sostener una lucha constante para conseguir y mantener un sano equilibrio entre todos sus extendidos talentos como director, compositor, pianista, divulgador de la música clásica y reconocida personalidad mediática. Se diría que su tarea como compositor podría haberse visto afectada ante tal carga de trabajo, pero se las arregló para dejarnos, a su muerte en 1990, un enorme catálogo especialmente rico en obras sinfónicas y para la escena musical. Entre las últimas, sobresale luminosamente el musical West Side Story, producción de Broadway de 1957, llevada al cine con éxito espectacular tan solo cuatro años más tarde, en 1961.


La historia
En sus inicios la obra se llamó East Side Story. Contaba libremente la eterna historia de Romeo y Julieta y estaba ambientada, desde luego, en el East Side de Nueva York, con población mayormente judía. Pero a poco andar, se consideró que venía mejor con los tiempos una historia que reflejara los conflictos de bandas adolescentes rivales, donde los inmigrantes latinos tenían una participación destacada. La locación cambió al Upper West Side. Fue todo un éxito. La historia de amor juvenil, con un fondo coreográfico espectacular y brillante música ad-hoc, se ganó para siempre un lugar prominente en el corazón de la cultura norteamericana.

El mambo
Leonard Bernstein (1918 - 1990)
Sus más destacados trozos musicales incluyen la balada romántica Maria, la canción America, de compás mixto, Something is coming, para tenor, Tonight, la "escena del balcón", y otros más de menor relieve. Un lugar especial ocupa el número del primer acto titulado Dance at the Gym, un mambo de inspiración cubana, altamente rítmico. Al calor del mambo, las bandas rivales, los Jets (americanos blancos) y los Sharks (americanos de Puerto Rico) encienden motores para el combate de esa noche.
La danza ha llegado a convertirse en pieza autónoma, también un encore imprescindible a la hora de rendir homenaje a los ritmos latinos con los medios de una orquesta sinfónica.

Orquesta Sinfónica Infantil de Venezuela
La versión que presentamos está a cargo de la asombrosamente profesional Orquesta Sinfónica Infantil de Venezuela, conducida por el maestro inglés y director de la Filarmónica de Berlín, Simon Rattle, durante la participación de la orquesta venezolana en el Festival de Salzburgo en 2013.
En la ocasión, 1.400 jóvenes músicos venezolanos asistieron al festival, marcando un hito histórico. Ocho agrupaciones forjadas en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, ofrecieron, en poco más de tres semanas, quince conciertos. El que aquí se cita, fue uno de ellos.
Los músicos que aquí escuchamos tienen entre ocho y catorce años. Previo al mambo de Bernstein, estos pequeños artistas entregaron su versión de la Primera Sinfonía de Mahler.

El Sistema
La organización venezolana, también conocida como El Sistema, es un programa de educación musical cuya misión es sistematizar la instrucción y la práctica colectiva e individual de la música a través de orquestas sinfónicas y coros, como instrumentos de organización social y de desarrollo humano. Sus inicios datan de 1975, por inspiración del maestro venezolano José Antonio Abreu. Sus frutos están a la vista (o, si pudiera decirse, "al oído").


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lunes, 22 de octubre de 2018

Friedrich Kuhlau: Sonatina en Do mayor


Recién iniciado el siglo XIX, el joven pianista y compositor de origen alemán Friedrich Kuhlau comenzó a presentarse regularmente en público, consiguiendo el aplauso de una audiencia gratamente sorprendida, pues a raíz de su copiosa obra para flauta, todo el mundo creía que era flautista. A tal extremo, que se le llegó a llamar "el Beethoven de la flauta". Lo cierto es que Kuhlau no sabía tocar el instrumento, y si escribió para él en esa época se debió exclusivamente a razones económicas: una exigencia del mercado.

Kuhlau escribió también un buen número de óperas, pero en nuestros días el autor es recordado principalmente por su obra para piano, en la que, además de un Concierto, sobresale una serie de sonatinas escritas con fines pedagógicos cuyo estudio hoy ningún futuro pianista puede descuidar, pues constituyen un indispensable ejercicio previo al abordaje de las sonatas de los grandes maestros.

Friedrich Kuhlau, en 1828
(1786 - 1832)
Nacido al sur de Lüneburg, Alemania, a los veinte años huyó, con su familia, a Copenhague, para evitar ser reclutado por el ejército napoleónico. Allá establecido, dio a conocer a los daneses la obra de Beethoven, a quien admiraba. Posteriormente tuvo la suerte de conocerlo, en 1825, durante un viaje a Viena. Se dice que fueron grandes amigos. Al parecer, la admiración era mutua. Se cuenta que ambos asistieron, como buenos amigos, a una fiesta algo escandalosa en la cual, al calor de la champaña, intercambiaron chispeantes cánones compuestos sobre sus apellidos. Hay quienes agregan que Beethoven, al día siguiente, no recordaba nada.

Sonatas y sonatinas
Literalmente, una sonatina es una sonata pequeña. Más que una forma musical, la palabra es un título que el autor ha tenido a mano para designar una pieza en forma sonata pero más breve y ligera, o liviana, o técnicamente menos exigente, que una sonata típica.
Las bellísimas sonatinas del opus 36 de Muzio Clementi cumplen a cabalidad con esta caracterización. Pero no siempre es así. Las hay, sonatinas, con exigencias no menores. Sirvan de ejemplo la Sonatina de Ravel o la de Alkan. Y por supuesto, las "sonatas fáciles" de Beethoven, del opus 49, de dificultad mediana, pero dificultad al fin.

Kuhlau - Sonatina No. 4 en Do mayor, Op.55 No 1
Compuestas en 1823, el Opus 55 de Kuhlau contiene seis sonatinas. Todas ellas breves, de dos o tres movimientos, promediando los cinco minutos de duración, con un primer movimiento con sección de desarrollo muy breve o inexistente. La que escuchamos solo tiene dos movimientos, animados ambos. 

Movimientos
00:00  Allegro
02:49  Vivace

La versión es del maestro nacido en Osaka en 1934, Mitsuru Nagai.


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viernes, 19 de octubre de 2018

Beethoven: Concierto No 5 - "Emperador"


El concierto para piano más brillante de todos los tiempos tuvo su génesis en momentos históricos complejos. En la primavera de 1809, por segunda vez en menos de cuatro años las tropas napoleónicas avanzaban sobre Viena. Pese a que esta vez enfrentaron bastante más resistencia de la que habían tenido hacía tres años y medio, a comienzos de julio, luego de cruentos enfrentamientos la balanza se inclinó a favor de Napoleón. Y tal como había acontecido en 1805, la nobleza y las clases altas abandonaron la ciudad, encabezados por Francisco I de Austria, arrastrando también al archiduque Rodolfo, amigo, pupilo y mecenas de Beethoven.
El maestro permaneció en Viena, entre el humo y las balas de cañón. En carta a su editor en Leipzig, escribe:
"Hemos estado sufriendo miserias en la forma más intensa. A mi alrededor solo veo el caos y la destrucción, y no escucho más que tambores y cañones... la miseria humana en todas sus formas."

Por cierto que en entorno tan deprimente parece difícil escribir una obra de tal relieve y trascendencia. Pero el maestro lo hizo, sumando además un par de sonatas, una de ellas dedicada al archiduque en fuga, cantando el abandono, lo que no se explica sino por la época en que vive el maestro, una en que las guerras son consustanciales a la vida.

Estrenos
A diferencia de los cuatro estrenos anteriores, debido a la pérdida de sus capacidades auditivas Beethoven no fue el solista en el estreno de su último concierto. Dedicada también al archiduque, la obra tuvo su primera audición en público en Leipzig el 28 de noviembre de 1811, con Friedrich Schneider al piano, de quien solo sabemos su nombre.
El estreno en Viena, ciudad ocupada, tuvo lugar el 12 de febrero del año siguiente con Karl Czerny, pupilo de Beethoven, y quien, éste sí, es recordado como el autor de unos agotadores ejercicios que desde aquellos años ocupan el día a los futuros pianistas.

"Emperador"
Según cuenta la leyenda, en la première vienesa un entusiasta oficial francés se habría levantado de su asiento y exclamado con fuerza: "Ah... es el Emperador!!". Es uno más de los mitos que intentan explicar el título popular de tan grandioso concierto. Hay otras tesis. Pero con ésta quedó establecido, de un modo u otro, un nexo con Napoleón, mal que le pese al pobre maestro, quien, con toda justicia, más tarde eliminará su nombre de la Sinfonía Eroica, tras la autocoronación del corso.

Es innegable, también, que no hay adjetivo que mejor evoque la majestuosidad de la obra y su gran escala. Sus amplias formas, esa cierta marcialidad, su grandioso carácter, unidos al incomparable lirismo de su movimiento central, le aseguran un lugar destacado entre los trabajos decisorios en la vena heroica del maestro.

Concierto para piano y orquesta No 5 en Mi bemol mayor, "Emperador" – Movimientos:
00:00  Allegro
21:43  Adagio un poco mosso
29:15  Rondo - Allegro ma non troppo

La versión es del pianista británico Stephen Hough, acompañado de la Filarmónica de Nueva York, conducida por el director estadounidense Alan Gilbert.


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miércoles, 17 de octubre de 2018

Chopin: Polonesa-Fantasia en La bemol


En el transcurso de su vida, Chopin escribió al menos veintisiete polonesas, la primera de ellas, cuando solo tenía siete años. La última, en 1846, tres años antes de su temprana muerte a los 39 años. Y contabilizamos "al menos" 27 porque como mínimo siete polonesas se han perdido; aparecen referidas en su correspondencia a editores, alumnas, o amigos, pero no han llegado hasta nosotros.
Polonaise-Fantasie llamó a la última, a falta de mejor título, y así lo confiesa en carta de 1845 a su familia polaca, señalando su "dificultad para encontrar el título de una nueva composición". No serán las únicas dificultades. La armonía familiar está desfalleciendo, el amor también. Ese verano lo pasará en Nohant, y será el último.


Las dificultades son domésticas, no por ello menos agobiantes. Los chicos de la Sand ya no son niños. Maurice tiene veinte años y Solange quince. Ambos, van ingresando a la vida en plan de adolescentes difíciles. Chopin no toma partido, por ahora. Y más bien, se aburre:
"Todo el verano transcurrió aquí en paseos y excursiones por la región... En lo que a mí respecta, no participé, porque habría encontrado en ello más fatiga que placer. Estoy cansado, me aburro. Mi carácter se resiente debido a ello y los jóvenes no experimentan placer alguno en mi compañía."
Con todo, ese año de 1846 se mostró pródigo. Vieron la luz las tres mazurcas del opus 59, la sonata para cello y piano, esbozó la Barcarola y terminó la Polonesa-Fantasía, delineada probablemente el año anterior.

Como ya quedó dicho, preceden a esta "nueva composición" al menos veintiséis polonesas. Las hay brillantes, heroicas, militar y trágica. Pero en esta oportunidad le costó a Chopin encontrar un título, o subtítulo, adecuado. Y surge la pregunta: por qué no la llamó simplemente Polonesa. Había una razón. La obra era harto más que una familiar polonesa y, curiosamente, también algo menos.

Polonesa-Fantasía para piano No 7, en La bemol mayor, opus 61
Es uno de los trabajos más importantes de Chopin y uno de los de escritura armónica más compleja, por lo que recién en el siglo XX la obra comenzó a verse favorecida por público, crítica e intérpretes.
En opinión de los estudiosos, la nueva composición más que polonesa parece una fantasía (con lo que Chopin, vacilante, finalmente habría dado en el clavo), una suerte de ensoñación melancólica que, no obstante la atmósfera, logra mantener las características rítmicas de la tradicional danza, aunque sea a ratos.
Una larga introducción de carácter improvisatorio, marcada allegro maestoso, conduce al material temático propiamente tal.

Con duración de poco más de doce minutos, fue publicada ese mismo año 1846, con dedicatoria a una alumna, Mme. Veyret, esposa del cónsul honorario de Ecuador.

La versión es de la excelente pianista Kate Liu –nacida en Singapur– durante su participación en el Concurso Internacional Chopin de Varsovia, el año 2015, ocasión en que fue galardonada con el Tercer Premio.


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martes, 16 de octubre de 2018

Shostakovich: "Obertura Festiva"


A diferencia de Sergéi Prokofiev, quien tuvo la mala suerte de morir el mismo día que Stalin (marzo 5 de 1953) ocasionando que sus funerales pasaran a un imborrable segundo plano, Dmitri Shostakovich sobrevivió al gran líder soviético por más de veinte años. Durante aquel periodo la vida cultural soviética experimentó cambios significativos, lo que pudo apreciarse ya a los pocos meses de la muerte del máximo líder.

Dmitri, que a la par de Sergéi, había encabezado la tristemente célebre lista de compositores que habían equivocado el camino, fue testigo de los nuevos aires cuando en diciembre de 1953 le fue solicitada la composición de un breve trabajo en conmemoración del próximo aniversario de la revolución bolchevique. Obertura Festiva la llamó... a tal punto festiva que el autor se permitió incluir en ella una tonadilla tomada de la ópera que en 1932 le había acarreado la primera reprimenda.


La leyenda cuenta que el maestro la habría compuesto con una rapidez asombrosa. Las míticas versiones sobre el tiempo empleado van desde unas pocas horas a tres días.
Lo que es indudable es que la nueva era cultural favoreció una nueva mirada a obras que Shostakovich había abandonado por la incertidumbre que rodeaba su composición y posterior recepción. El maestro las retomó con la seria intención de concluirlas. En eso estaba cuando recibió el encargo. Es posible, entonces, que, en esas circunstancias, a la breve obra que saludaba la revolución no le haya dedicado más de tres días.

Obertura Festiva, para orquesta, en La mayor, opus 96
Curiosamente, se trata de una obra tradicional, hasta conservadora. En sus escasos seis minutos de duración rebosa de humor alegre, sin alardes majestuosos, o pompa. La obra se inicia con una alegre fanfarria. Le sigue una viva sección basada en una melodía de la ópera ya señalada de 1932, que va tomando cada vez mayor velocidad. El final, algo grandilocuente, muestra que Shostakovich aquí no arriesgó nada. Tenía razón, dentro de diez años, a propósito de una nueva sinfonía, las autoridades volverán a arriscar la nariz.

La versión es de la Orquesta Filarmónica de Moscú, dirigida por el maestro ruso Yuri Simonov.



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viernes, 12 de octubre de 2018

J-B Lully: "El burgués gentilhombre" - música incidental


Por estos días se cumplirán 348 años del estreno de la comedia-ballet El burgués gentilhombre, con textos y argumento de Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière, y música incidental de su tocayo Jean-Baptiste Lully, compositor de corte de Luis XIV. Efectivamente, el 14 de octubre de 1670, el Rey Sol y su corte asistieron a la primera función de la comedia que entremezclaba música, danza y canto de modo magistral. Su título original, Le bourgeois gentilhomme es un oxímoron. En la Francia de aquel tiempo, el título de gentilhomme estaba reservado a los nobles. Un "burgués gentilhombre" no podía ser sino una contradicción en los términos.


La obra fue escrita a pedido de Luis XIV. Hacía un año, el embajador del Imperio Otomano había estado de visita en Versalles. A su regreso, habló pestes de la corte francesa, afirmando que su par turca no tenía nada que envidiarle. El Rey Sol, algo disgustado, encomendó a Molière la composición de una obra que contuviera alguna escena turca para mofarse de sus costumbres y del mal hábito de hacer comparaciones absurdas. Molière fue más allá y resumió en ella las vulgares pretensiones de ascenso social de la clase media (en estado larvario) y el exclusivismo vano de la aristocracia. La historia le vino como anillo al dedo a Jean-Baptiste Lully, que además de músico, era comediante y bailarín.

Jean-Baptiste Lully (1632 - 1687)
El futuro creador de la ópera francesa llegó a Francia desde Florencia, con catorce años, bajo el nombre de Giovanni Battista Lulli. A los veinte años, el joven violinista, guitarrista y compositor ya había accedido a la corte de Luis XIV como músico de cámara. Pronto será el líder de una pequeña orquesta de cuerdas creada por el rey, y afrancesará su nombre. En 1661 accedió a un estatus de nobleza y fue nombrado secretario del rey.
Además de brillante músico, Lully fue un experto en finanzas, lo que unido a ciertos comportamientos algo inescrupulosos, le convirtieron en el músico más exitoso de toda Francia, si no de Europa, en la segunda mitad del siglo XVII.

El legado de Lully descansa en sus óperas, de las que compuso casi una por año a partir de 1673 hasta su muerte en 1687, como resultado de la gangrena originada luego de herirse un pie con su bastón de director mientras conducía el grupo de cámara que, irónicamente, celebraba la recuperación del rey de una complicación de salud.
En adición a su legado en la ópera, Lully compuso más de treinta ballets, motetes, danzas, marchas, también música sacra y, desde luego, música incidental.

Le bourgeois gentilhomme - Música incidental - Extractos
La obra está conformada por 40 partes o secciones que incluyen recitativos, coros, danzas varias (sarabande, bourrée), marchas y ballet. Su duración total alcanza la hora y treinta minutos.
Se presentan aquí la Obertura y tres secciones, que totalizan poco más de diez minutos de música, suficientes para permitirnos calibrar lo que imaginamos habrá sido el esplendor de la corte de Versalles.

00:00  Obertura
02:59  Canaries
05:22  Deuxieme Air pour les garçons tailleurs
07:51  Cérémonie pour les Turcs

La versión es de la agrupación francesa Les Siècles, especialista en barroco del siglo XVII. Conduce el director francés François-Xavier Roth, que para la ocasión hace uso de un bastón, dirigiendo al estilo de la época, es decir, solo marcando el ritmo con golpes en el piso, arriesgando la vida, de paso.


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miércoles, 10 de octubre de 2018

Ligeti: "Lux Aeterna" para coro mixto


En 1964, el realizador Stanley Kubrick puso la mira en la construcción de una película que explorara la relación del Hombre con el Universo. Cuatro años más tarde, se estrenaba 2001: Odisea del Espacio, con resultado y críticas de dulce y agraz. "Monumentalmente poco imaginativa", escribió un crítico. Otro, en cambio, señaló que era "un éxito magnífico a escala cósmica". Con algo de sorna, un tercero anotó: una obra "a medio camino entre lo hipnótico y lo aburrido". Hoy, a cincuenta años de su estreno, la crítica coincide con la opinión popular de su tiempo: una obra genial.

En este encantamiento popular la banda sonora jugó un papel muy destacado. En un principio se apostó por música original, pero a medio camino Kubrick se inclinó por música preexistente: alguna muy reconocida, otra conocida en ciertos círculos, y otro tanto desconocida por completo. A esta última categoría pertenece la obra Lux Aeterna, incorporada por Kubrick a la banda sonora sin ocuparse de solicitar permiso al autor, el compositor húngaro György Ligeti.


Ni más ni menos que cuatro obras de Ligeti incorporó Kubrick a la película, sin cancelar derechos. Ligeti supo de ello a través de un amigo, quien sugirió que fuera a ver el filme premunido de un cronómetro. Se enteró así de que una buena media hora contenía música de su autoría. Pero no armó ningún escándalo. Simplemente se querelló contra el cineasta, exigiendo indemnización por la módica suma de un dólar. No sabemos en qué terminó el conflicto. Solo esperamos que en el trabajo conjunto posterior (El Resplandor, Ojos Bien Cerrados) Kubrick haya sabido comportarse.

György Ligeti (1923 - 2006)
Nacido en Hungría en 1923, sobreviviente de campos de concentración, Ligeti fue parte del gran éxodo húngaro de 1956, asentándose en Alemania donde pudo empaparse del floreciente desarrollo de la música contemporánea. Se sumó rápidamente a la vanguardia, y pronto comenzó a producir trabajos cautivadores por su atrevimiento y complejidad, a menudo dentro de marcos rítmicos muy libres. A partir de 1960, la calurosa recepción a varias de sus obras lo transformaron en uno de los autores prominentes de la vanguardia europea. Después de todo, entonces, Ligeti no era tan desconocido cuando Kubrick se tomó la libertad de tomar sus obras sin permiso.

Lux Aeterna, para coro mixto
La misteriosa, tenebrosa y algo tétrica pero bellísima obra, está escrita para coro mixto de 16 voces a capella, es decir, sin acompañamiento. Los textos, en latín, están tomados de la tradicional misa de Requiem de la liturgia católica. Compuesta en 1966 mediante la técnica conocida como "masa sonora", introducida por Ligeti en los años sesenta, tiene como resultado un cuerpo sonoro que prescinde del ritmo y la melodía, utilizando la armonía para producir variaciones de timbres vocales en el tiempo.
Con sus algo más de ocho minutos de duración, pareciera sugerir, con su susurrante textura, una presencia universal capaz de impregnarlo todo. Es lo que suscitan las voces que emanan del monolito, en la célebre escena de la película de Kubrick.

La versión es de la agrupación Taipei Chamber Singers, bajo la conducción de su directora Chen Yun-Hung.


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lunes, 8 de octubre de 2018

Schumann: "Noveletten", opus 21


En febrero de 1838, en plena lucha por mantener en pie el complicado noviazgo, Robert Schumann envió a Clara Wieck una carta muy entusiasta comunicándole sus últimos avances en la composición. A esa altura, Clara, de diecinueve años, recorría Europa dando recitales como concertista. Robert, en cambio, había abandonado la idea de desarrollar una carrera similar, y estaba enfocado en la crítica musical y en la composición:
"En las últimas semanas, he escrito para ti una cantidad espeluznante de piezas: las hay alegres, historias varias, escenas familiares, una boda... Para resumir, las cosas más amables. A la obra completa le he dado un nombre, Novelleten, porque a ti te llaman Clara, pero 'Wiecketen' no calza bien."
Curioso título. Pero más curioso todavía es la explicación que le acompaña.
Será necesario recordar que Robert Schumann amó durante toda su vida la literatura, el lenguaje, las palabras y... los juegos de palabras. Schumann explicó en la misma carta que la serie de ocho piezas, o "amables asuntos", también podían considerarse pequeñas historias, o aventuras. Es decir, pequeñas novelas. Primer punto.

Segundo. Schumann había quedado muy impresionado en el arte de una gran soprano de aquel tiempo, Clara Novello, a la que había escuchado hacía poco. Naturalmente, Clara Wieck también sabía de ella. Y quizá, aquí nos permitimos especular, y con profusión: Clara podría haber sentido celos de la Novello (que también se llamaba Clara). Y entonces, Robert añade la explicación. Está diciendo: van destinadas a ti, Clara Wieck, no lo dudes, pero no se pueden llamar Wiecketen porque no suena bien.

Pero no solo no sonaba bien. Llamarlas Wiecketen constituía una declaración de amor de tal envergadura que habría añadido más leña al fuego, desatando la ira del pedagogo más renombrado de Leipzig, el maestro Friedrich Wieck, padre de Clara.

Noveletten Op 21 - No 8
Representa una de las series para piano más ambiciosas de Schumann, no solo por su extensión sino por sus exigencias técnicas. (Anotemos que Franz Liszt la sumó a su repertorio en cuanto pudo).
Como ya se dijo, conforman la obra ocho piezas que se extienden por cerca de 45 minutos, las que debían tocarse como una obra integral. Esa fue al menos la intención original de Schumann. Pero en nuestros días es más frecuente que se tomen una o dos piezas y se presenten como bis, o encore. Por lo general, se escoge la pieza que inicia la serie, o la última de ellas.

Presentamos aquí la última, la No 8, en Fa sostenido menor. Comprende dos grandes secciones, con un lírico interludio que las conecta. La segunda sección incluye una "cita" a un nocturno escrito por Clara en 1936.

La versión es del pianista alemán Adrian Brendle.


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