jueves, 30 de noviembre de 2017

Rossini: Guillermo Tell - Obertura


En 1829, a la edad de 37 años, y hasta ese momento el más exitoso compositor de óperas de toda Europa, Gioachino Rossini abandonó los escenarios y se retiró a Passy, su finca de los alrededores de París, para cultivar la tierra y perfeccionarse en su segunda pasión, la gastronomía.
Guillermo Tell fue su última ópera, de un total de 39 escritas en el increíble lapso de diecinueve años. Escrita en francés, la obra fue comisionada por la Opera de Paris, y estrenada en sus salones en agosto de 1829, aunque con algunos cortes pues su extensión original, de casi cinco horas, fue considerada excesiva para los gustos de la época... y para los nuestros, también.


La historia contada
Ambientada en el siglo XIII, la ópera Guillaume Tell está basada en poemas de Schiller y cuenta la historia de un patriota suizo, Tell por supuesto, que lucha contra las tropas austriacas que han conquistado su país. Es apresado junto a su hijo Jemmy y sometido al célebre desafío de apuntar con su arco y flechas a una manzana que se ha dispuesto sobre la cabeza de Jemmy. Guillaume dispara su flecha y atraviesa la manzana, dejando a su hijo indemne, pero comete el error de decirle a su captor que si hería a Jemmy, la próxima flecha iba dirigida a él. Es arrestado, pero logra escapar, encabezando luego una victoriosa revuelta contra el ejército austriaco.

Una obertura popular
En nuestros días, la ópera se representa poco, o casi nunca. Es más bien una rareza. Pero su obertura no lo es, en absoluto. Por el contrario, se ha convertido en una de las piezas más familiares al oído para el común de las personas, capaces de reconocerla de inmediato aunque no conozcan a su autor ni menos estén enterados de que pertenece a una ópera. La popular pieza ha corrido la suerte, la buena suerte, del Vals de Zwanilda, de Léo Delibes, o de la Danza de las Horas, de Ponchielli. Melodías que podemos tararear de inmediato, aun cuando los nombres de Ponchielli o Delibes no aparezcan en nuestros registros.

El llanero y la marcha de los soldados
Hemos escuchado la pieza en infinitos comerciales televisivos, variadas películas y hasta en el ascensor, pero su popularidad se debe, fundamentalmente, a la serie televisiva El Llanero Solitario, muy popular hace algunas décadas, desde donde comenzó a galopar por la historia de los spots publicitarios, siempre presente en persecuciones de toda índole.
La obertura completa dura aproximadamente doce minutos, y está conformada por cuatro secciones. La última de ellas, Finale, o Marcha de los soldados suizos, intenta representar (ya vemos lo bien que lo hizo) una carga de caballería, anunciada en el minuto 8:27 por cornos y trompetas.

La versión es de la agrupación Santa Monica High School Symphony Orchestra, conducida por su director Joni Swenson.



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domingo, 26 de noviembre de 2017

Castrati - Haendel - "Lascia ch'io pianga"


Los célebres castrati comenzaron su curiosa historia incorporándose a los coros de las iglesias debido a que a las mujeres ya no se les permitía cantar allí. San Agustín las había prohibido. Más tarde, en el siglo XVIII, se convirtieron en destacados cantantes de ópera que sorprendieron con su talento a media Europa. La mayor parte de ellos habían sido "transferidos" a las escuelas de canto por sus padres menesterosos, con la esperanza de que desarrollaran una voz excelsa que los hiciera ricos y famosos. Los niños eran castrados y luego enviados a estas escuelas, donde recibían educación musical y vocal. Unos pocos entraron a la historia como los más grandes cantantes de todos los tiempos, el célebre Farinelli entre ellos.


Es que los castrati tenían voz de mujer pero pulmones de hombre, capaces de verdaderas hazañas vocales que hasta hoy han sido imitadas pero no superadas. Es cosa de ver las partes vocales que Haendel, Gluck o Rossini escribieron para ellos, colmadas de dificultades técnicas de todo tipo que hacen pensar que los compositores escribían para una clase especial de cantantes que, en realidad, eran máquinas de voz o mecanismos vocales más eficientes que todo lo que se haya visto desde entonces.

Súper estrellas
Por eso, no es de extrañar que los castrati fueran las primeras superstars de la música. Ricos, vanidosos y atractivos, tomaron Europa por asalto, compartiendo con los nobles en igualdad de términos. Con las damas nobles, especialmente, chicas de alcurnia en busca de experiencias exóticas y estimulantes, que podían convertirse en amantes sin desvelos por embarazos no deseados.
Sus asuntos amorosos fueron el comidillo de Europa. Algunos tomaron la opción gay. Pero la gran mayoría, italianos todos ellos, fueron reconocidos "roba corazones" y a sus pies cayó una amante tras otra:

Caffarelli, famoso, casi muere a manos de un marido celoso. El no menos célebre Senesino se fugó con una chica de buena familia pero terminó preso. Luigi Marchesi se vio envuelto en un gran escándalo en Londres cuando una dama abandonó marido e hijos para irse a vivir con él. Pacchierotti tuvo un espinoso affaire en Nápoles que llevó al amante de la dama (ex amante) a hacer planes para asesinarlo. Velluti, por su parte, se dedicó a perseguir damiselas por toda Europa hasta terminar en Rusia viviendo con una Gran Duquesa.

Hubo un último castrato, Alessando Moreschi, que formó parte del Coro del Vaticano en la segunda mitad del s. XIX. Murió en 1922. Unos años antes, en 1906, Pio X los había eliminado mediante bula pontificia expedida motu proprio.

Lascia ch'io pianga
A todos ellos los saludamos desde esta modesta tribuna con el contratenor francés Philippe Jarousky interpretando el "caballito de batalla" de los contratenores modernos, el aria Lascia ch'io pianga ("Deja que llore") del Acto II de la ópera Rinaldo, de Haendel, estrenada en Londres en 1771.

[Datos históricos tomados de un artículo del New York Times, de 1984]


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viernes, 24 de noviembre de 2017

Debussy: Vals "La plus que lente"



A principios del siglo veinte se hizo popular en París un cierto modo de componer valses que llegó a constituirse en un género en sí mismo. Se le llamó "vals lento" y, como habrá de suponerse, se tocaba muy lentamente. Aclamado por el público y preferido de los intérpretes, el vals lento arrasaba en los salones de baile y cafeterías parisinas en versión de sencillas agrupaciones musicales, a las que Claude Debussy debió haber escuchado más de una vez, tomando de ahí la idea, algo sarcástica, de componer un vals más lento que cualquier otro.

Claude Debussy (1862 - 1918)
Molto rubato con morbidezza
Pero la ironía de Debussy en relación al tempo, solo llegó hasta el título. El vals La plus que lente, que podría traducirse más o menos como "el vals todavía más lento", es una pieza originalmente para piano (existe versión orquestal del mismo Debussy) que debe tocarse a velocidad normal, en ningún caso con lentitud extrema. Y esto queda claro desde la indicación de tempo que el propio Debussy marcó para la pieza: molto rubato con morbidezza anotó el maestro, es decir, algo así como "muy libre y con ternura", sin subrayar "velocidad" alguna. El título sólo respondía a una humorada, pretendiendo, quizá, emular con ello a su ex amigo Erik Satie.

La pequeña obra, de no más de cinco minutos de duración (considerados los intérpretes obstinados por el título, que los hay) apareció poco después de la publicación del Libro I de los Preludios, en 1910. Para la fecha, el maestro ya ha compuesto sus obras mayores, que complementará con el Libro II de los Preludios, de 1912, y los Doce Estudios, de 1915.
Tres años más tarde, un cáncer de colon acabará con la vida del compositor francés, en marzo de 1918, a los 55 años, en pleno bombardeo aéreo de París, cuatro días después de comenzada la Ofensiva de Primavera Alemana. Un miserable cortejo acompañará al féretro por las calles desiertas de una ciudad sitiada.

La versión es del pianista surcoreano Seong-jin Cho, ganador del primer premio del Concurso Internacional Chopin, de Varsovia, 2015.


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