lunes, 27 de diciembre de 2021

P.I. Tchaikovski: El Lago de los Cisnes / Vals Acto I


Es una gran verdad que para cualquier mortal la palabra "ballet" trae aparejados otros cuatro términos: tutú, baile, cisnes, y un lago. Quizá también asome un apellido ruso. Y si la palabra insiste y no quiere soltarnos, vendrán a nuestra memoria unas cuantas melodías célebres que podemos tararear.
Sí. Hablamos del ballet más famoso del mundo, "El Lago de los Cisnes", cuya romántica historia unida a la bella música de Tchaikovski, convirtieron al célebre ballet en una obra maestra inigualable.


Sin embargo, en sus inicios, nada hacía presagiar tal éxito, comenzando por el escaso entusiasmo con que el propio maestro aceptó el encargo, remunerado con 800 rublos: "La Dirección de la Opera me ha encargado que escriba la música del ballet 'El Lago de los Cisnes'. Acepté la obra particularmente porque deseo el dinero, aunque también porque hace tiempo que quería probar mi mano en este tipo de música", escribió en septiembre de 1875 a su amigo Rimsky-Korsakov.

Estreno
Era, efectivamente, la primera incursión en el género de un joven Tchaikovsky, de 35 años. Al recibir el encargo estaba trabajando en su Tercera Sinfonía de modo que no comenzó la tarea de inmediato. Pero en un par de semanas, tuvo terminado los dos primeros actos, de cuatro que demandaba el argumento, basado en una leyenda teutónica. A fines de ese año, la obra había sido completada. Se estrenó un año más tarde, el 4 de marzo de 1876, en el Teatro Bolshoi de Moscú. Fue un fracaso total.

Tchaikovski (1840 - 1893)
Una suma de desaciertos

Entre las opiniones vertidas en los periódicos de aquella época, destaca una que reza: “difícilmente se convertirá en un ballet de repertorio y nadie lo va a lamentar”. Por razones inexplicables, se juntó un yerro tras otro. El montaje fue desastroso, la coreografía era vulgar, pobres fueron el vestuario y la escenografía. Director y bailarines mostraron su molestia porque todo era muy difícil y muchas piezas indanzables. Casi una tercera parte de los números fueron reemplazados por otros que los bailarines ya conocían. Po último, los ensayos se realizaron apresuradamente para complacer a una bailarina que, al parecer, tenía otro compromiso alrededor de esas fechas. 

Enmiendas, cortes y manipulaciones
En fin, aquel 4 de marzo se estrenó algo parecido a lo escrito por Tchaikovski quien, después de todo, no se desanimó, introduciendo posteriormente varios cambios que, al parecer, entusiasmaron a su vez a los futuros directores y coreógrafos para variar el argumento y escoger piezas y actos y números al gusto del productor de turno: no existe otra obra más deformada en el tiempo, para bien o para mal, que el famosísimo ballet de que hablamos, incluyendo finales felices, menos felices o abiertamente desgraciados.

Vals del Acto I
Por fortuna, muchas piezas, aquellas que podemos tararear, no sufrieron transformación alguna y todavía son lo que alguna vez fueron. Es el caso del célebre Vals del Acto I, de poco menos de ocho minutos de extensión, que nos lleva a imaginar una noche de luna junto a un lago en un bosque aledaño a las ruinas de una capilla.
Se presenta aquí en versión de concierto, con Zubin Mehta dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Israel. 

domingo, 12 de diciembre de 2021

Teresa Carreño, dos valses para piano


En el otoño de 1863, una niña pianista de diez años se presentó en la Casa Blanca, invitada por el presidente Abraham Lincoln, admirador suyo, para que deleitara con su arte a la familia y amigos del Presidente. A medio camino de su presentación, la chiquilina detuvo la música, se volvió hacia la audiencia y con su voz de niña anunció a los presentes que no podía seguir tocando en un piano tan desafinado. Dicho eso, se puso de pie, dispuesta a abandonar la escena, pero se le aproximó Lincoln ofreciéndole sinceras disculpas. Y le pidió una última pieza, a lo que la niña accedió, incorporando a la pieza un par de variaciones de su propia invención.
La pequeña pianista era venezolana, y había llegado a Nueva York hacia un año.

Teresa Carreño, pianista 
La familia Carreño García, encabezada por Manuel Carreño, autor del célebre manual de urbanidad y buenas maneras que lleva su nombre, abandonó Venezuela en agosto de 1862, debido a la incierta situación política por la que atravesaba el país. Apenas llegados a Nueva York, Teresa comenzó a dar conciertos privados para amigos de la familia, dándose a conocer así en el medio musical. Su innato talento llevó a que el pianista y compositor estadounidense Louis M. Gottschalk la tomara bajo su alero. Años más tarde, la veremos en París, donde completó su formación, y donde conocerá a Rossini, Gounod, luego a Ravel y Debussy.

Teresa Carreño (1853 - 1917)
Las giras

Es en París también donde iniciará su brillante carrera de concertista, que le llevó a presentarse en los principales escenarios de América y Europa, en Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. También fue solista de la Filarmónica de Berlín. Por esos años, a la sorprendente artista no le quedó nadie por conocer en Europa: mantuvo contactos profesionales con Brahms, Bruckner, Grieg, Liszt, Clara Schumann, y Wagner.

Los últimos años
En 1889, fijó residencia en Berlín, pero abandonó Alemania al estallar la Primera Guerra Mundial. Tras una gira de conciertos en España y otra en Cuba, se radicó definitivamente en Nueva York en 1916, donde falleció al año siguiente. Desde 1938 sus restos están sepultados en Caracas. En su honor, el principal complejo cultural de Caracas, inaugurado en 1983, lleva su nombre, el Teatro Teresa Carreño, considerado el más vasto de América Latina.


Carreño, compositora
La artista es autora de una treintena de piezas para piano solo, amén de un par de obras para piano y orquesta. Pero hoy, los intérpretes se atienen, cuando lo hacen, a su repertorio pianístico de corte latino, o más bien, venezolano, donde se advierten claras reminiscencias del merengue, característico de su patria.

Dos Valses venezolanos
En versión de la pianista venezolana Gioconda Vásquez, presentamos dos valses compuestos por la autora a fines del siglo XIX: el sencillo y elegante vals "Mi Teresita", y el algo más brioso "La Primavera" (4:25), durante un recital ofrecido hace unos años en la Sala Ríos Reyna, del Teatro Teresa Carreño.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Schubert: Tres Piezas para Piano


En 1821, un grupo de amigos de Schubert, que incluía a célebres integrantes de las famosas "schubertiadas", dirigió al editor Carl Friedrich Peters, de Leipzig, una carta solicitando, o quizá solo sugiriendo, la publicación de ciertas piezas del pequeño Franz. Tras larga espera, Herr Peters respondió:

"Mi esfuerzo va hacia los artistas ya consagrados, con los cuales puedo ganar más dinero... la misión de revelar nuevos talentos es para otro. El día en que el compositor se haya hecho un nombre y sus obras sean reconocidas, yo seré el hombre que buscan, porque en este caso la publicación de sus obras entrará en mis planes".

Fruto de tal entusiasmo, buena parte de la obra del pequeño Franz no fue publicada ni reconocida sino hasta mucho después de su temprana muerte en 1828.
Así por ejemplo, sus encantadores Impromptus del opus 90 y 142, de 1827, solo fueron publicados en 1857, con la encomiable excepción de los dos primeros del opus 90, que el pequeño compositor alcanzó a ver impresos seis meses antes de abandonar este mundo, en la más absoluta pobreza, a los 31 años.

Drei Klavierstücke
Algo similar aconteció con las tres piezas para piano que integran sus Drei Klavierstücke, compuestas en mayo de 1828, las que vieron por fin la luz solo en 1868, cuarenta años después.
Es probable que el pequeño Franz los haya pensado como parte de un nuevo ciclo de cuatro impromptus. Pero no alcanzó a completarlo.

Franz Peter Schubert (1797 - 1828)
Y por una razón que los círculos musicales de hoy no aciertan a comprender, la obra sufrió un relativo abandono por parte de los intérpretes a lo largo del siglo XX, quizá obnubilados por el encanto innegable de los impromptus previos. Sin embargo, quien se disponga a escucharla hoy resultará gratificado por estas muestras del más elevado arte en la producción pianística del compositor.


Drei Klavierstücke D. 946

No. 1 en Mi bemol menor
La sección principal está escrita en tiempo de 2/4 pero abundante en tresillos, por lo que parece escrita en 6/8. A poco andar, alcanza la tonalidad mayor.

No. 2 en Mi bemol mayor (9:44)
Una pieza lírica, más bien extensa, con muchas repeticiones. La sección principal es un allegretto en 6/8.

No. 3 en Do mayor - Allegro (19:58)
El más breve de los tres. Una pieza muy animada, con su sección principal y la coda rebosantes de síncopa.

La versión es del maestro austriaco, en gran medida curiosamente autodidacta, Alfred Brendel.



martes, 16 de noviembre de 2021

Mozart: Adagio para violín y orquesta


En 1770, el niño Wolfgang Amadeus Mozart accedió a un puesto en la pequeña orquesta de la capilla de Salzburgo. Tenía trece años. El cargo era de concertino, es decir, el solista en la sección de primeros violines. Imaginamos que nuestro amado Wolfgang habrá estado encantado con su temprano oficio, si bien era algo protocolar y por ello, creemos, no recibía salario alguno. Sin embargo, poco antes de cumplir los veinte años, comenzó a recibir un pequeño ingreso, 150 florines al año, que Wolfgang consideró miserables. 


En septiembre de 1777, Wolfgang abandonó Salzburgo y se embarcó, en compañía de su madre, en una gira que incluía Augsburgo, Mannheim, París, y Munich. En Augsburgo, presentó su segundo concierto para violín y orquesta. Escribió a su padre: "...todo el mundo estaba sorprendido... todos alabaron mi sonido hermoso y claro". Poco después, en Munich, repitió la gracia y le contó a Leopold que el público había "mirado con ojos como plato y la boca abierta... Toqué cómo si hubiese sido el mejor violinista de toda Europa".

Genio del violín
Así pues, el pequeño maestro fue tan violinista en sus años mozos como tecladista durante toda su corta vida. Y su padre Leopold lo sabía. En respuesta al hijo genio, escribió: "No me sorprende en absoluto" ... "Tú mismo no sabes lo bien que tocas el violín".
Recordemos que hacía veinte años Leopold había publicado su célebre tratado sobre el aprendizaje y la enseñanza del violín, tratado que estuvo vigente durante medio siglo. De modo que la opinión no venía de un padre lisonjero, sino de un experto.

El violinista Brunetti
Ahora bien, cuando en 1772 Jerónimo Colloredo fue elegido príncipe-arzobispo de Salzburgo  –convirtiéndose así en el patrón de Mozart–, trajo consigo un entusiasmo generoso por la música italiana que le llevó a contratar a varios músicos italianos. Entre ellos, un violinista de nombre Antonio Brunetti, quien no cayó nada de bien a los Mozart. Según se contaba, el violinista había tenido una hija fuera del matrimonio con una hermanastra de Michael Haydn. Cotilleos aparte, a Wolfgang no le quedó más que soportarlo, y participar, junto a él, en las giras que Colloredo acostumbraba, llevando de paseo a sus mejores músicos.

Adagio para violín en Mi mayor, K 261
Fue compuesto en 1776, precisamente para Brunetti. El italiano consideraba que el segundo movimiento del Concierto No 5 de Mozart, era muy lento y engorroso, opinión que no hizo sino confirmar a Mozart sus peores impresiones sobre el gusto italiano. No se molestó para nada y, sencillamente, escribió un sucedáneo, que resultó todo un éxito. Hasta hoy. Es una pieza de concierto independiente que gusta a intérpretes y público.
Escrita para dos flautas, dos trompas, cuerdas y violín solo, dura alrededor de cinco minutos.

El maestro Itzhak Perlman, al violín, dirige la Orquesta Filarmónica de Israel.

martes, 9 de noviembre de 2021

Joseph Boulogne, "el Mozart negro" – Conciertos para violín


En el año 1776, el virtuoso violinista y compositor de ascendencia africana, Joseph Boulogne, también llamado Saint-Georges, estaba a punto de ser nombrado director de la Ópera de París. No por nada había sido el creador de la primera orquesta profesional de la ciudad desde los tiempos de Lully. Por añadidura, María Antonieta, gran admiradora, era presencia obligada en los conciertos que Boulogne ofrecía en el Palais de Soubise, en el papel de solista y director de sus propios conciertos. El nombramiento era inminente, pero un pequeño grupo de primeras damas de la ópera hicieron una petición a Su Majestad asegurándole que "su honor y refinada conciencia jamás les permitirían someterse a las órdenes de un mulato". En consideración a la reina, Boulogne retiró su postulación.

El artista nació en la isla de Guadalupe, colonia francesa, en 1745. Su padre fue un rico hacendado francés, casado. La familia tenía esclavos, y esclavas, desde luego. Su madre, de nombre Anne pero dite Nanon, fue una de ellas.

París
A los diez años, la familia se lo llevó consigo a París, donde su vida experimentó un giro espectacular. En París aprendió a montar a caballo, a bailar, a nadar, a patinar y... a practicar la esgrima, habilidad en la que destacó muy pronto, llegando a convertirse en uno de los más grandes espadachines de la Europa de su tiempo. También recibió instrucción militar pero no tomó la carrera de las armas sino, muy por el contrario, a poco de cumplir veinte años comenzó a recibir lecciones privadas de violín y composición. Primero fue un brillante alumno. Poco después su virtuosismo con el instrumento hacía palidecer sus mejores desempeños con el florete.

Joseph Boulogne
Chevalier de Saint-Georges
(1745 - 1799)
La Revolución
Su carrera fue meteórica. Ya en 1773 Boulogne era un muy respetado músico. Por eso, Maria Antonieta lo quiso tener bajo su alero en 1776. Pero vendría la Revolución y ya nada volvería a ser lo mismo. A esa altura, Boulogne era noble, y se lo conocía mejor como Chevalier de Saint-Georges. Sin embargo, en 1791 se unió a la nueva República, abandonó la música por completo y llegó a ser capitán de la Guardia Nacional en Lille. Pero tuvo que sufrir aquello de que las revoluciones devoran a sus hijos. Fue llevado a prisión, aunque por acusaciones infundadas, por lo que muy pronto fue liberado de todo cargo.

Luego de su liberación se entusiasmó con la rebelión de esclavos en Sto. Domingo, y hacia allá se embarcó. Retornó a París en 1797 para reanudar su carrera. Y pese a que ya no había reinas protectoras de músicos, logró crear una nueva agrupación sinfónica que dirigió hasta su muerte, en la más absoluta pobreza, en junio de 1799.

La Obra
Saint-Georges fue capaz de utilizar excelentes líneas melódicas, una tras otra, en una misma obra. Sus ideas temáticas parecen interminables, empleando a veces tantos pasajes hermosos seguidos que casi parece un desperdicio. No obstante, su caudal creativo nunca se agotó. Se le recuerda sobre todo por sus cuartetos de cuerdas y conciertos para violín. Sus seis óperas fueron también muy populares, aunque hoy día no se representan. Su estilo musical se adaptaba naturalmente a la música operística y teatral, y se cree que algunas otras obras operísticas se han perdido.

Concierto para violín y orquesta en La mayor, Op 7 No 1
Catorce conciertos para violín y orquesta escribió el compositor. Uno de los más abordados por los intérpretes es el Concierto en La mayor, compuesto alrededor de 1777. Su estructura es la típica, en secuencia rápido-lento-rápido, con duración aproximada de dieciocho minutos.

Movimientos:

00:00  Allegro moderato

05:57  Adagio (con expressione)

11:00   Allegro moderato

La versión es de la intérprete Maya Iwabuchi acompañada por la Royal Scottish National Orchestra, dirigida por Thomas Søndergård.

lunes, 18 de octubre de 2021

Wieniawski: Polonesa Brillante


Es muy probable que Henryk Wieniawski sea hasta hoy el único alumno que logró ganar un primer premio en el concurso anual del Conservatorio de París, en momentos en que debido a las exigencias de ingreso, no tenía cómo ser su alumno.

A los 8 años, acompañado de su madre, el pequeño Henryk llegó a París para continuar estudios formales en el ilustre conservatorio. Los requisitos de ingreso, sin embargo, ponían las cosas muy difíciles. La edad mínima para ingresar eran 12 años. Y para peor, solo estaba permitido el ingreso a connacionales franceses. Pero el apoyo de profesores y brillantes personalidades polacas (en el exilio) dio un vuelco a la situación, y en noviembre de 1843 Henryk fue admitido mediante decreto de excepción. Tres años más tarde, ganaba el primer premio anual. Tenía once años. Era todavía inelegible para comenzar estudios.

Henryk Wieniawski (1835 - 1880)
Fueron los inicios formales de quien iba a ser uno de los virtuosos del violín más destacados de la segunda mitad del siglo XIX, comparable a Niccolo Paganini, de quien se decía ser su encarnación. Nacido en Lublin, Polonia, en 1835 en el seno de una familia de médicos y mecenas de las artes, a poco de graduarse inició giras por gran parte de Europa, en compañía de su madre (al igual que Mozart en su viaje de veinteañero a Paris). En San Petersburgo encontró el edén, convirtiéndose en la niña mimada de los salones de la aristocracia. Allí se quedó 12 años, periodo en que logró sentar los cimientos de la escuela violinística rusa.

Polonesa Brillante (Polonaise de Concert) Op. 4
Es la primera de las dos polonesas compuestas por el violinista polaco. Tiene dos versiones: para violín y piano, y para violín y orquesta. Sus primeros esbozos datan de 1848, cuando el autor tenía trece años. Está dedicada al virtuoso violinista polaco Karol Lipiński. En 1858 fue reeditada en París, y rebautizada como Polonesa Brillante.

Con duración aproximada de poco más de cinco minutos, en versión de la violinista surcoreana Bomsori Kim escuchamos una joya del repertorio para violín, muy popular por su belleza y virtuosismo técnico. Al piano, la artista polaca Hanna Holeksa.

lunes, 11 de octubre de 2021

Mozart: Serenata No 7, "Haffner" - rondó


En el transcurso de su corta vida, Mozart compuso un total de 12 "serenatas", un título intercambiable pues también las llamó divertimentos, o casaciones. No eran piezas breves sino más bien extensas,  porque estaban destinadas a amenizar largas veladas de carácter social que podían durar varias horas. Los instrumentistas no permanecían quietos sino que deambulaban por todos los rincones de los salones, o los espacios del jardín elegido, saludando con su música errante a los dichosos invitados que hacían corro en torno a hermosas damas, o se agrupaban en pequeños círculos para comentar la vida cotidiana que por esos años saboreaban la aristocracia y burguesía prerrevolucionarias. 


En alguno de esos corros debió haber estado seguramente el ilustre aunque solitario filántropo Siegmund Haffner, el único hijo varón de la prominente familia Haffner, cuyo patriarca había levantado un no despreciable imperio económico en base al comercio de textiles, oro y plata, la banca y las exportaciones e importaciones. Los Haffner y los Mozart se conocían desde siempre. Cuando niños, Wolfgang y Siegmund habían sido amigos. 

Música para los preparativos de una boda
Por eso, cuando Maria Elisabeth, la más pequeñita de las chicas Haffner, estaba pronta a ser desposada, el joven Siegmund no titubeó en solicitar a Wolfgang la composición de una serenata como parte de los preparativos de la boda "del Signore Spath y la Signorina Elisabetta Haffner". Será la primera obra dedicada a los Haffner. La segunda será la Sinfonía Haffner, de 1782, para celebrar el ennoblecimiento del joven Siegmund. Pero esa es otra historia.

Estreno
Y efectivamente, la serenata fue estrenada la víspera del matrimonio, el 21 de julio de 1776, en los amplios jardines de la residencia de los Haffner, en Salzburgo. En la dirección del pequeño grupo orquestal estuvo Wolfgang, violín en mano. Según los estudiosos, lo más probable es que haya sido él  quien abordó los solos de violín que la partitura indica. No es difícil imaginar, entonces, que una tarde de hace 250 años Mozart recorrió un jardín salzburgués de punta a cabo liderando un pequeño conjunto musical encargado de amenizar la velada.

Serenata No 7 en Re mayor, K250, "Haffner" - IV rondó
Con sus nada despreciables ocho movimientos y casi una hora de duración, queda claro que Mozart se esforzó al máximo para complacer a la familia, creando una obra que excede por mucho cualquier otra pieza de música "ambiental" que hubiera antes escrito. Ha sido llamada la primera gran obra orquestal de Mozart, la primera que presenta una perfecta simbiosis entre la habilidad técnica y el genio musical. De sus ocho movimientos, el segundo, tercero y cuarto presentan prominentes solos de violín. El más popular de ellos es el cuarto, un rondó ágil y virtuoso que ha sido arreglado para violín solo o violín y piano.

Se presenta aquí la versión de Fritz Kleiser para violín y piano, a cargo de la niña de once años chino-británica Leia Zhu al violín, acompañada al piano por Evgenia Lakernik.


miércoles, 6 de octubre de 2021

Giordano: "Andrea Chenier" - aria acto I


El verdadero Andrea Chenier se llamaba André... André-Marie Chenier. Fue un poeta francés, guillotinado el 25 de julio de 1794, tres dias antes de que Robespierre corriera la misma suerte. Desde su postura de intelectual reformista, había saludado con entusiasmo los ideales de la Revolución Francesa en sus inicios. Posteriormente, en el periódico de cuatro páginas Le Journal de Paris, acusará a los jacobinos por los excesos del Terror. Será detenido y encarcelado en la prisión de Saint Lazare, donde conocerá a una hermosa dama aristócrata y compañera de infortunio, Aimée de Coigny. A ella dedicará Chenier su último poema, escrito la vispera de su muerte. 


Sobre un libreto basado libremente en esta historia real, el compositor italiano Umberto Giordano escribirá en 1894 su obra más importante, la ópera verista en cuatro actos, Andrea Chenier
Nacido en Foggia, Italia, en 1867, a los quince años ingresó al Conservatorio de Nápoles. pese a la oposición de su padre. Egresado en la década de 1870, Giordano privilegiará en el futuro la composición de óperas, cosechando éxitos y fracasos, más de lo segundo que de lo primero, lamentablemente. 

Umberto Giordano (1857 - 1948)
En busca de música para un libreto
A comienzos de 1890, el famoso libretista Luigi Illica (colaborador de Puccini) andaba en busca de un compositor que musicalizara un libreto sobre la vida del poeta francés llevado al cadalso hacía casi cien años. Había sido escrito especialmente para el compositor Alberto Franchetti, pero éste lo desechó porque en su opinión el texto era muy complicado. Otros arguyeron que la historia era "irrepresentable".
Como última oportunidad, el célebre libretista se lo ofreció a Giordano, a comienzos de 1894. En el verano de ese año, Giordano comenzó a trabajar en la partitura. Dos años después, la ópera se estrenaba con gran éxito en el Teatro Alla Scala de Milán, el 28 de marzo de 1896.

André Chenier (1762 - 1794)
Un di all'azzurro spazio - aria del Acto I
En los albores de la toma de La Bastilla, la condesa de Coigny ofrece una velada en sus salones. Se encuentran allí representadas todas las esferas del poder y del mundo del arte. Andrea Chenier es uno de los artistas invitados. Maddalena, hija de la condesa, le pide que improvise poemas de amor, lo que, vistas las circunstancias, enfurece al poeta, que responderá improvisando un poema que hoy llamaríamos contestatario. Haciendo un contraste entre la belleza del mundo y la mezquindad de las almas que lo habitan, insensibles ante las injusticias, Chenier provoca el rechazo de los asistentes, con excepción de Maddalena, que queda fascinada con las palabras del poeta. 

El tenor alemán Jonas Kaufmannel canta el aria Un di all'azzurro spazio -  "Un día (miré) al espacio azul", en una producción espectacular de la Royal Opera House del año 2015.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Dvorak: Ópera Rusalka - Canción a la luna


El médico, astrólogo y alquimista suizo que se llamó a sí mismo Paracelso, famoso por su audaz intento de transmutar el plomo en oro en el siglo XVI, creía firmemente en la existencia de un reino en el que habitaban seres mitad humanos y mitad espíritus. Uno de esos seres es Rusalka, una duendecilla de la mitología eslava que habita generalmente en ríos o lagos, al igual que las sirenas, ninfas y ondinas que surgirán en siglos posteriores, sobre quienes también se escribirán poemas y se hará música. Estos seres elementales lucen como de carne y hueso pero no tienen alma. De allí que su gran anhelo sea convertirse en humanos, para poder amar como mujeres terrenas, incluso al precio de grandes tormentos y muerte.

A fines de 1900, la duendecilla eslava encontrará al menos quien la cante, cuando, contrario a la usanza, el compositor checo Antonín Dvorak acceda a la solicitud del músico, poeta y compatriota Jaroslav Kvapil, para poner música a un libreto ya terminado, basado en cuentos de hadas de un poeta y una novelista checos. Dvorak, de sesenta años e internacionalmente reconocido, vio en aquel libreto la realización de un deseo largamente postergado. Ya había incursionado en el género operístico pero ansiaba escribir una ópera que se convirtiera en un éxito rotundo, enormemente popular, como hacía unos años lo había hecho Giuseppe Verdi.

Rusalka, la gran ópera checa
El gran éxito llegó al poco tiempo. Como era su costumbre, en abril de 1900 el compositor se instaló en su residencia de verano, en la villa de Vysoka, a unos 50 kms de Praga, a orillas de un pequeño lago. En poco más de seis meses, entre abril y noviembre, dio por finalizada la obra. Cinco meses más tarde, el 31 de marzo de 1901, se estrenaba en el Teatro Nacional de Praga, con enorme éxito, el mismo del que goza hasta hoy. Dvorak vio cumplido así su sueño. El inmejorable ambiente mágico y la plétora de melodías checas de belleza pura y conmovedora han hecho de Rusalka una de las obras cumbre del compositor, junto a la Sinfonía del Nuevo Mundo, y las Danzas Eslavas.

Síntesis
Rusalka
es una historia de amor que termina mal. La joven y bella Rusalka, ondina de las aguas, le pide a una bruja que la transforme en mujer para entregarse al amor de un príncipe del que recientemente se ha enamorado. La bruja accede, pero sus encantamientos, algo discretos, terminan por convertir a Rusalka en una princesa humana, pero muda. Ha pagado un alto precio. A todo esto, el príncipe se ha enamorado de una princesa extranjera. Pero luego se arrepiente. Regresa al lago y llama, desolado, a Rusalka, convertida ahora en un hada de la muerte. La besa. El príncipe muere, dichoso.

Canción de la luna
La ópera checa más reconocida incluye también una de las arias más interpretadas. Es la famosísima Canción de la luna, así llamada popularmente, pues, como de costumbre, el aria toma su título de las palabras del primer verso: "Luna en el cielo profundo". Desde luego, la canta Rusalka. En el primer acto. Le pide a la luna, que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo puede, que le diga al príncipe que lo ama y que lo está esperando: "dile, luna plateada, que es mi brazo el que lo abraza".

La versión es de la hermosa soprano rusa Aida Garifullina, acompañada por una orquesta de jóvenes no identificada, dirigida por el violinista y director ruso Yuri Bashmet.

domingo, 26 de septiembre de 2021

Debussy: "L'Isle Joyeuse", para piano

 

En 1903, Debussy publicó su tríptico para piano llamado Estampes, cuyas dos primeras piezas poseen un aire "exótico": una sensual habanera titulada Tarde en Granada, y el trozo de música javanesa Pagodas. A propósito de aquella música de aires folklóricos de otras latitudes, Debussy le comentó a su editor que cuando a un artista se le hace difícil visitar otros parajes, puede suplir todo aquello sencillamente con la imaginación. Es lo que va a hacer al año siguiente.

Claude, tutor de 18 años
Sin embargo, en el transcurso de su vida no fueron pocos los viajes que hizo al extranjero. Solo recordemos que a los 18 años, en plan de tutor de los hijos de Nadezhda von Meck (la patrona de Tchaikowski), viajó a ciudades de Suiza, Italia y Rusia. Y hubiera seguido viajando con ellos si no fuera porque Claude se enamoró de una de las hijas de Nadezhda, solicitando su mano, lo que la señora von Meck denegó, acabando al mismo tiempo con la tutela. Pero esa es otra historia.

L’embarquement pour Cythère
El cuadro de 1717 del pintor francés Jean-Antoine Watteau describe una alegre fiesta de enamorados llegando (o partiendo de) a una de las islas jónicas en el Mediterráneo, Citera, conocida como el lugar de nacimiento de Venus, la diosa griega del amor. El cuadro de Watteau sirvió como inspiración a Debussy para su reluciente pieza para piano solo "L'Isle Joyeuse" (La Isla Feliz), compuesta en el verano de 1904, precisamente en una isla frente a Normandía, mientras trabajaba a su vez en su pieza sinfónica La Mer.

L’Isle Joyeuse
La breve pieza, de poco más de cinco minutos, comienza con unas líneas traviesas y divertidas que aparecen en medio de exóticas armonías de escalas de tonos enteros y diatónicas, mediando entre ambas la escala lidia. Según la sobria prosa de los estudiosos, "fanfarrias brillantes y festivas se mezclan con olas espumosas y salpicaduras de colores."
En los momentos finales se desata un clímax eufórico y desenfadado: un trémolo y arpegios en La mayor de agudo a grave rematan en el "la" más bajo del teclado.

No es una pieza sencilla. En octubre de 1904, Debussy escribió a su editor:

"Qué difícil es de tocar. Esta pieza me parece que combina todas las formas de atacar el instrumento porque une la fuerza, la gracia y la elegancia."

El pianista franco-canadiense Marc-André Hamelin, a continuación, supera el desafío brillantemente.

lunes, 23 de agosto de 2021

Chaminade: Tema y variaciones, para piano


Puede que pocos de nosotros conozcamos a Cécile Chaminade, pero la Reina Victoria sí la conocía. Y bastante. En 1892 la invitó al Castillo de Windsor para escucharla. Para escuchar a una gran dama pianista y compositora que por aquellos años desarrollaba una exitosa carrera, y era ampliamente conocida en Europa y en los Estados Unidos. Sus partituras breves, más sencillas, se vendían como pan caliente en ambos continentes, dando lugar incluso a la creación de numerosos Clubes Musicales Chaminade en EEUU. En 1913 se convirtió en la primera mujer compositora en recibir la Legión de Honor de la nación francesa.


Surge entonces la pregunta: ¿Y por qué hoy la recordamos tan poco?

Bien, digamos que su carrera enfrentó dificultades que hoy llamaríamos "multifactoriales". Fue una mujer en un mundo dominado por hombres. Fue francesa en un mundo musical dominado por los alemanes. Y fue una compositora de música de salón en una era dominada por músicos vanguardistas.

"Su música tiene cierta delicadeza y gracia femeninas", soltó un crítico tras un concierto en el Carnegie Hall en 1908, "pero es increíblemente superficial... Aunque las mujeres puedan votar algún día, nunca aprenderán a componer nada que valga la pena".

Cécile Chaminade (1857 - 1944)
Mirar por encima del hombro la música de salón –como hacían sus críticos– era mirar por encima del hombro a la clase media –lo que también hacían sus críticos. Pero, dejando de lado ese esnobismo ingenuo, no hay duda de que sus dotes como melodista y compositora de música para el piano eran excepcionales.

Tema y variaciones, Op. 89
Publicado por primera vez en 1898, no se trata de un conjunto formal de variaciones, sino más bien de una narración continua de dos ideas melódicas atractivamente armonizadas en texturas de teclado cada vez más complejas, que culminan en una especie de "efecto a tres manos" con un trino pedal que asoma entre ambas manos en la parte media del teclado, célebre textura utilizada por Beethoven en el final de la sonata Waldstein, y por Tchaikovsky en la cadencia del primer movimiento de su Concierto No 1 para piano.
Ni más ni menos.

La versión es del pianista holandés Bas Verheijden.

jueves, 19 de agosto de 2021

Chopin: "Bolero"


A principios de la década de 1830, la danza de origen español llamada "bolero" ya se había convertido en una danza popular en París. Son precisamente los años en que Chopin arriba a la Ciudad Luz para establecer allí su residencia definitiva, en 1831. De modo que no resulta para nada extravagante que el músico polaco haya decidido componer una pieza de remembranzas españolas en 1834, apenas a tres años de haberse afincado allí y sin haber puesto nunca un pie en España, cosa que solo hará en 1838, en compañía de la Sand y su hijos, en el célebre pero ominoso viaje a Mallorca.

Una gran amiga de George Sand, y visita frecuente en su villa de descanso, fue la soprano Pauline Viardot, hija de un famoso tenor español. Cuando niña, Pauline había estudiado para ser pianista pero la familia terminó decidiendo que era preferible orientarla hacia el canto. Era más sencillo y mejor visto. 

De modo que en las veladas en Nohant no faltó la oportunidad para que Frédérick y Pauline, o tocaran a dúo, o Pauline cantara, acompañada de Frédérick. Así también, se cuenta que fue Pauline quien entusiasmó a Chopin con los aires españoles, si bien el bolero ya había sido compuesto.

Pese a lo dicho, los estudiosos señalan que Bolero respira más aires italianos que españoles. Y, por supuesto, es una pieza más de aquellas en las que Chopin no puede desprenderse de sus raíces polacas. Por lo mismo, algunos especialistas la describen también como una polonesa disfrazada, o como un bolero "a la polonaise". 

Si español, italiano o polaco, lo cierto es que el compositor polaco muestra en ocho minutos toda la gama expresiva del teclado en color y atmósfera.

El único "bolero" que Chopin escribió está dedicado a una alumna, Mademoiselle la Comtesse Emile de Flahaut, de 14 años. 

La versión es del pianista austriaco Ingolf Wunder, ganador del II Premio en el Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin, en Varsovia, el año 2010.

martes, 20 de julio de 2021

Couperin: "Le Tic Toc Choc" ou "Les Maillotins", para teclado


Aunque no alcanzó el nivel de los Bach en Alemania, la familia Couperin en Francia se distinguió por contar entre sus miembros a los más ilustres músicos de su época, a lo largo de varias generaciones. François Couperin, llamado El Grande, fue el más importante de ellos y uno de los principales compositores del barroco francés. Su padre, Charles, fue organista de corte de la Iglesia de San Gervasio en París, en remplazo de su hermano Louis, fallecido prematuramente. Mención especial merece Margueritte-Antoine, hija mayor de François, que tomó el relevo a la muerte de su padre en el cargo de clavecinista de corte del rey Louis XV, la primera mujer en la historia en acceder a un puesto de músico de corte.

François Couperin nació en París el 10 de Noviembre de 1668. Sus primeras lecciones las recibió de su padre organista. A la muerte de este siguió estudios con otro organista, Jacques Thomelin, quien cuidó del niño de once años como si fuera su hijo, traspasándole todos los secretos de su arte. Así, a los 17 años Couperin se convirtió en organista de San Gervasio. Cuatro años más tarde, casó con Marie-Anne Ansault, la hija de un comerciante en vinos. Por esos años, escribió sus primeras obras de cámara que llamó sonades, la versión gálica para la palabra "sonata". 

François Couperin (1668 - 1773)
Clavecinista de reyes
Poco tiempo después, el compositor tomará el puesto de organista de la Capilla Real de Louis XIV, posición desde la cual podrá codearse con duques, duquesas, príncipes y princesas a quienes instruirá en el arte del clavecín. Toda esta experiencia la volcará más tarde en un importante tratado titulado L'art de toucher le clavecin. Como resulta natural, a la muerte de Louis XIV en 1715, Couperin se convirtió en el clavecinista oficial de Louis XV.

"Pieces pour le clavecin"
Autor prolífico en varios géneros, el maestro es recordado hoy principalmente por sus obras para clavecín, incorporadas todas ellas en cuatro volúmenes publicados en París en 1713, 1717, 1722 y 1730. Sumando un total de 230 piezas, están agrupadas en ordres, un sinónimo de suites. La admiración que la obra provocó en sus colegas traspasó tres siglos. Fueron saludadas por Sebastian Bach, tambiém por Brahms y después Ravel, quien inmortalizó al autor en su obra de 1917, Le Tombeau de Couperin.

Le Tic Toc ou Les Maillotins, ordre 18
Las mentadas ordres contienen danzas tradicionales así como piezas con títulos descriptivos. Una de las más populares es la que lleva el simpático título de Le Tic Toc ou Les Maillotins, que desde su aparición tiene a los estudiosos embarcados en gran polémica por su significado, hasta hoy no resuelta. La pieza está escrita para órgano o clavecin con dos teclados, o teclado doble. Los pianistas de hoy, limitados a un solo teclado, están obligados a mantener una mano sobre la otra, lo que hace a la pieza muy curiosa y difícil de ejecutar pues las notas deben tocarse rápidamente con una mano y después con la otra.

La versión es del maestro ruso Grigory Sokolov.

jueves, 10 de junio de 2021

Hummel: Rondó "favori", para piano


Como ha sucedido en diferentes épocas con no pocos compositores, a Johann Nepomuk Hummel le tocó en suerte (de la mala), desarrollar su vida como creador en el mismo periodo histórico en que, primero Mozart y luego Beethoven, ofrendaron al mundo sus obras inmortales. Pudiera decirse que fue completamente opacado por los grandes maestros, pero esa es la mirada de hoy, nuestra mirada después de más de doscientos años... En su época, Hummel fue un pianista y compositor venerado, reconocido y famoso. Más de la cuenta, se dice. Quizá. Lo cierto es que su arte no alcanzó para asegurarle la inmortalidad. 

Nacido en lo que hoy conocemos como Bratislava (capital de Eslovaquia) el 14 de noviembre de 1778, Hummel fue un niño prodigio. A los ocho años fue a estudiar con Mozart en Viena con quien permaneció dos años. Más tarde tomó lecciones con Salieri y Clementi, y estudió órgano con Haydn. De modo que a sus quince años ya estaba convertido en uno de los mejores pianistas de su tiempo, realizando giras por las más importantes capitales europeas. Beethoven, Mendelssohn, Schumann y Chopin se contaron entre sus amigos y conocidos. También dio lecciones a Hiller, Thalberg y otros tantos virtuosos de la generación posterior.

Johann N. Hummel (1778 - 1837)
También, el hoy olvidado Hummel tuvo gran influencia en los jóvenes románticos. Mendelssohn, Schumann y Liszt lo reverenciaron. A nadie se le escapan asimismo las similitudes entre el inicio del Concierto en La menor, de 1821, y el Concierto en Mi menor de Chopin, de 1830. Y seguramente sus 24 nocturnos y 24 preludios fueron también un modelo a seguir para el autor polaco. 

Hoy se reconocen 175 composiciones de Hummel que comprenden música sacra, obras orquestales, obras para piano y orquesta, música de cámara y un impresionante número de obras para piano solo. En cuanto a este último, su aporte pedagógico sobre digitación, trinos y ornamentaciones diversas, permaneció vigente por todo lo que restó del siglo diecinueve.
Hummel murió famoso, dueño de una reputación que auguraba su paso seguro a la posteridad, pero la avalancha romántica quiso otra cosa. Las ideas clásicas ya no tenían sostenedores.

Rondó Favori, en Mi bemol mayor, op 11
Entre sus piezas más populares sobresale un muy celebrado Septeto, de 1820, que llamó profundamente la atención de Karl Czerny y otras celebridades de la época. Pero en el siglo veinte, lamentablemente, hasta la década de 1950 solo se habían grabado dos de sus obras: un Aleluya, de 1830, y el sencillo y simpatiquísimo Rondó Favori. para piano, que aquí nos ofrece la pianista Sarah Tuan cuando tenía nueve años.
[Agregado el 12.06: Una mejor versión, la del pianista italiano Francesco Libetta. que lamentablemente solo se puede ver en Yt: https://www.youtube.com/watch?v=5lhel3RSeKA]

viernes, 4 de junio de 2021

Schumann / Liszt: "Dedicatoria" (Widmung)


Después de mucho bregar debido a la negativa del padre de Clara, Robert Schumann y Clara Wieck lograron contraer matrimonio en septiembre de 1840. Como regalo de bodas, Robert le dedicó a Clara un conjunto de 26 lieder compuesto ese mismo año (Myrthen, opus 25).
El primero de ellos era el lied Widmung –en español "Dedicatoria", que destacaba por su apasionada belleza y por lo que hoy llamaríamos sus empalagosos versos, reflejo del modo en que se amaba en el siglo XIX, al menos entre los poetas.
Fruto del lirismo de Friedrich Rückert, rezan así sus  primeros versos:

Tú mi alma, tú mi corazón,
Tú mi arrebato, tú mi dolor,
Tú mi mundo en el que vivo,
Tú mi cielo, al que aspiro,
Oh tú mi tumba, en la que
¡Mi dolor por siempre he depositado!

Arrebatadoras palabras que evidencian el desbordante amor de Robert por Clara. Ella es su ángel, su soporte espiritual y su mundo entero. Y así lo refleja también la música, en la que incluso asoma por momentos un sentimiento de incertidumbre, resultado de la compleja andanza de la pareja previa a su matrimonio.

Algunos años más tarde, Franz Liszt hará del lied un arreglo de bravura para piano solo, que hoy se ha convertido en uno de los encores más socorridos por los pianistas virtuosos para finalizar su performance de manera brillante.

Los invitamos a escuchar primero la versión original del lied y luego el arreglo de Liszt, para así dimensionar cabalmente la inventiva del gran maestro húngaro. 

Schumann, Widmung, op 25 No1
La versión es de la soprano americana Amy Broadbent acompañada por un pianista innombrado.

El arreglo de Liszt
Como ya se dijo, la pieza ha hecho las delicias de los pianistas virtuosos por su bravura. Pero la obra es mucho más que una pieza de exhibición. 

Liszt amplía la primera sección repitiendo el primer tema, pero con la línea melódica mayormente encargada a la mano izquierda (con un breve entrecruzamiento de manos), y el acompañamiento en el registro alto.

Luego de un pasaje de manos cruzadas, la música alcanza su mayor brillantez técnica y su más conmovedora sección, mediante arpegios en la mano derecha y en la izquierda acordes que destacan la línea melódica.

Una extensa coda, con algunos acordes triunfales marcados fortissimo, conducirá a un reposado final.

La versión es del destacado pianista ruso Evgeny Kissin.

lunes, 24 de mayo de 2021

Mozart: Quinteto para piano y vientos


Sabemos que al final de su vida Wolfgang Amadeus Mozart enfrentó serias dificultades económicas que lo llevaron a pedir ayuda a sus amigos masones, a veces, de manera humillante. Pero no siempre fue así. En 1784, su carrera, y por ende su vida personal. estaban en pleno apogeo. Wolfgang era feliz y tan rico como nunca lo había sido. Y eso que todavía faltaba componer Figaro, su mayor éxito operístico y financiero. En el intertanto, dedicó sus esfuerzos a la composición de conciertos para piano. En 1784 escribió seis, y al año siguiente, otros tres. En medio de esta vorágine, surgió apaciblemente una genial obra de cámara que Wolfgang calificó sencillamente de "lo mejor que he escrito hasta ahora".


Esas fueron las palabras con que Mozart informó a su padre Leopold del estreno, el Día de los Santos Inocentes de 1784, en el Burgtheater de Viena, con el maestro al piano. El quinteto para piano y vientos había sido terminado dos días antes. Con apenas 25 min de duración, no parece el candidato más apropiado para tan grandilocuente juicio respecto de una obra propia. pero trece años más tarde vendrá a respaldarlo un inesperado y poderoso voto de confianza.

En 1797, otro residente de Viena muy conocido terminó de componer un trabajo escrito en la misma tonalidad, de similar instrumentación y diseño. Es el quinteto Opus 16 de Beethoven, inspirado en la obra de Mozart y un innegable tributo a su quinteto. Mozart, fallecido seis años antes, no supo que otro genio iba a inspirarse en aquella obra, en "lo mejor que había escrito":

Quinteto para piano y vientos en Mi bemol, K 452
Embarcado por esos años en la composición de conciertos para piano, no le fue fácil a Mozart desligarse por completo del género. De ahí que muchos estudiosos consideren la obra como un concierto para piano y orquesta en miniatura.

Movimientos:
Son tres:

00        Largo Allegro moderato
            Abre con un extenso largo, con el piano en primer plano en todo momento.

10:30   Larghetto 
            Los instrumentos de viento emergen con pasajes propios. El equilibrio es más camerístico.
          
19:14   Allegretto
            Vuelve el carácter de mini concierto para piano, aunque en varios momentos los vientos protagonizan algunas cadencias.

La versión es de la agrupación conformada por Caspar Frantz (piano), Chris Richards (clarinete), Joost Bosdijk (fagot), Katy Woolley (corno) y Olivier Stankiewicz (oboe).

jueves, 20 de mayo de 2021

Liszt: "Gran galopa cromática"


El primer rapto de religiosidad que asaltó a Franz Liszt tuvo lugar en 1828, cuando apenas tenía 17 años. Se enamoró de una alumna y el asunto no resultó. Una severa depresión lo tuvo a punto de unirse a la Iglesia, abrumado por inquietudes religiosas y pesimismo surgidos a raíz del desencuentro amoroso. El segundo rapto le sobrevino ya mayor. Estaba solo, y solo debió llorar la muerte de dos de sus hijos. Esta vez si se unió a la Iglesia, tomando las órdenes sacerdotales menores en julio de 1865. Tenia 54 años.

Pero entre una cosa y la otra, el virtuoso del piano más aplaudido y célebre del siglo XIX disfrutó de su vida de artista como ningún otro, en el mismo periodo. Sabemos que Franz Liszt fue el inventor del recital de piano, y nadie puede negar que le sacó partido como ningún otro, también. Las damas de la época no se perdían por nada sus presentaciones, le esperaban agolpadas a la entrada del recinto y, ya adentro, montaban un escándalo de proporciones por hacerse con el pañuelo que el artista arrojaba hacia el público, casi al término de su acto de magia sonora.

Sí. Porque a esa altura ya se había lucido bastante. Imaginamos con candor un repertorio de dos o tres Estudios Trascendentales, un par de Rapsodias Húngaras, quizá la transcripción de una sinfonía de Beethoven, alguna "reminiscencia" sobre piezas favoritas de la época, un vals Mefisto, en fin. Al final, a instancias de Franz, el público enardecido proponía a gritos titulos de arias populares para que el artista improvisara sobre ellas. Pero todavía quedaba algo, la pieza fuera de programa que dejaba a la audiencia atónita, hipnotizada.

Gran galopa cromática en Mi bemol mayor
Compuesta en 1838, cuando Liszt tenía 27 años, fue uno de los encores favoritos del maestro, a la par de su célebre Rondó Fantastique. Es una "pieza de bravura" destinada a enloquecer definitivamente a la audiencia, en forma de galopa, danza popular en los salones parisinos del siglo XIX, posiblemente de origen húngaro. Primero fue publicada como pieza para piano solo, pero al poco tiempo apareció la versión para dos pianos así como una versión simplificada para piano solo que, suponemos, haría las delicias de la naciente clase media, para quienes no contar con un piano en el salón era impensado.

La idea de Liszt de utilizar el cromatismo para llevar a su clímax el efecto virtuoso es muy sabia y muestra cómo gran parte de la inspiración del compositor en este período estuvo impulsada por el instinto y los deseos de experimentación pianística. Marcada presto en compás de dos por cuatro, está conformada por cuatro temas principales y una larga coda, con duración de poco más de tres minutos.

La versión es de la pianista ucraniana Valentina Lisitsa.

martes, 11 de mayo de 2021

Cimarosa, concierto para piano y orquesta


A fines del siglo XVIII, la rápida evolución tecnológica de los instrumentos de teclado llevó a los más diversos compositores a responder a la creciente demanda de música para clavecín o fortepiano, aunque su trabajo tuviera otra orientación. Buen número de ellos era más conocido por su música vocal, o por sus obras para cuerda y vientos. Y lo siguen siendo. Es el caso de Cimarosa, Paisiello, Stamitz, Pergolesi o Bocherini, por nombrar algunos. Sin embargo, se atrevieron a componer obras para solista en el instrumento de moda con acompañamiento orquestal. Y para ser justos, mostraron no poco talento en el género, sumando más vuelo al estilo galante de la época.

Uno de estos autores es Doménico Cimarosa, autor de música sacra, instrumental, y más de ochenta óperas, principalmente comedias. Su obra magna es, por supuesto, una comedia, Il Matrimonio Segreto, de 1792. Sobre ella, Eugéne Délacroix declaró que era la perfección misma. Sthendal llamó a Cimarosa "el Moliére de los compositores" y aseguraba haber visto Il Matrimonio... más de cien veces.

Domenico Cimarosa
Domenico Cimarosa nació en Aversa, un pueblo cercano a Nápoles, en diciembre de 1749. Aunque su carrera estuvo principalmente asentada en Nápoles, viajó por otras ciudades de Italia y se desempeñó en sus cortes como compositor de óperas. También se aventuró por Rusia, la ciudad santa de todo músico italiano, permaneciendo allí entre 1787 y 1791 al servicio de Catalina La Grande. En sus últimos años, ya de regreso en Nápoles, se unió al lado equivocado de la lucha por derrocar a la monarquía y terminó preso y luego exiliado. Murió en Venecia el 11 de enero de 1801, a los 51 años.

Concierto para piano y orquesta en Si bemol
Es probablemente su único concierto para piano. Las dudas surgen porque en el manuscrito de la obra, localizada en la Biblioteca del Conservatorio Paganini, en Génova, el nombre del compositor aparece escrito a mano. Vamos a creer que sí. Que le pertenece. Es la opinión generalizada.
Comprende tres movimientos, en la secuencia lento-rápido-lento. La orquesta acompañante la conforman dos flautas, dos trompas y cuerdas.

Movimientos:
00:00  Allegro ​
07:32​  Recitativo, Allegro Moderato, Andante, Aria, Largo
13:21  Rondó. El movimiento más interesante según los estudiosos... A mí, el concierto completo me parece una delicia de principio a fin.

La versión (solo audio) es del pianista italiano Andrea Coen, acompañado de la orquesta L'Arte dell'Arco, bajo la dirección del maestro italiano Federico Guglielmo.

lunes, 3 de mayo de 2021

Mozart: Concierto para violín No 2


El mundo venera a Mozart, con entera razón, como virtuoso del teclado. Pero nos olvidamos que su primer cargo oficial en la corte del torpe Colloredo, en Salzburgo, fue el de "músico de corte", que exigía por igual la maestría en el teclado y el violín. Durante tres años, el cargo fue "ad honorem", pero a partir de 1772 Wolfgang comenzó a recibir un salario modesto. El maestro tenia dieciséis años. Su padre Leopold, autor de uno de los primeros tratados pedagógicos para violín, alguna vez le escribió: "...sucede que tú mismo no eres consciente de lo bien que tocas el violín". Algo más tarde, curiosamente, insistió: "Si hubieses querido, habrías llegado a ser el mejor violinista de Europa". Qué duda cabe. Mozart fue, además, un virtuoso del violin.

Por ello no es de extrañar que en 1775, en el lapso de ocho meses, entre el 14 de abril y el 20 de diciembre, Mozart haya compuesto ni más ni menos que cinco conciertos para violin. Para la fecha, todavía seguía bajo las órdenes del arzobispo Colloredo pero no renunciaba a su aspiración máxima, abandonar la corte, y Salzburgo, lo antes posible. Desde luego que la corte recibiría con entusiasmo estas nuevas obras, pero su intención última, creemos, debió ser la ampliación de su repertorio en el género para uso propio como solista, cuando estuviera libre de ataduras.

Los cinco conciertos para violín muestran un gradual incremento en la maestría de su escritura, siendo el tercero y el quinto los que mejor han sido recibidos por público y crítica, amén de ser los preferidos de los solistas, naturalmente. El segundo de ellos, algo por debajo de los ya señalados en cuanto a fuerza dramática –aunque esto mismo pudiera decirse de todos si hacemos la comparación con los conciertos para piano– mantiene la frescura y delicadeza de toda la obra mozartiana.

Concierto para violín y orquesta No 2, en Re mayor
Fue terminado el 14 de junio de 1775. Wolfgang tenía diecinueve años. La obra recuerda el estilo del barroco tardío, con reminiscencias del maestro italiano Giuseppe Tartini. Cada movimiento abunda en bellas melodías que se suceden una tras otra.

Movimientos:
00:00  Allegro  El tema principal es tomado primero por la orquesta completa y luego por el solista, en 1:18. Según los estudiosos, el tema secundario muestra algunas semejanzas con la música folklórica tirolesa.

09:20  Andante  En Sol mayor, en forma sonata pero sin desarrollo. El material melódico tiene reminiscencias de algunas arias de Mozart compuestas para la época.

17:24  Rondeau  En contraste con el allegro inicial, es ligero y alegre. Sin ambiciones, se diría.

La versión es del maestro ruso Maxim Vengerov, como conductor y solista.

martes, 27 de abril de 2021

Chopin: Estudio Op 25 - 5, "la nota falsa"


El 25 de febrero de 1832, Chopin dio su primer concierto público en París, en los salones de la casa Pleyel. Hacía apenas cinco meses que había arribado a la Ciudad Luz. Pocos sabían de su llegada pero el temprano debut generó el aplauso y la admiración inmediata del público musical. Una revista especializada anotó: "He aquí un joven que... sin atender a modelos, ha encontrado una renovación casi total de la música para piano... con abundancia de ideas originales que no se encuentran en otra parte".

A fines de ese mismo año, Chopin ya es parte de la élite musical de París y se ha ganado el respeto de sus pares, entre ellos, Hiller, Liszt y Berlioz. Ofrece lecciones de piano a señoritas y señoritos de familias adineradas, toca en los salones de la naciente burguesía y ha comenzado a publicar sus obras.

Su primer volumen de doce estudios, el Opus 10, dedicado a "mon ami, Franz Liszt", se publica en 1833 en París, Berlín y Londres.
Mas tarde, los siguientes doce estudios, el Op 25, dedicados a la pareja de Liszt, Mme Delfina Potocka, serán publicados en 1836 en las mismas ciudades.

Recordemos que la publicación de series de estudios y ejercicios para piano era un asunto corriente a fines del siglo XVIII. Ahí están para demostrarlo las grandes aportaciones de Clementi, Cramer, Moscheles y Czerny, por nombrar a unos pocos. Pero lo que hará Chopin con sus "ejercicios" (así los llamó, cuando tenía 18 años) es completamente distinto.

Sus Estudios fueron los primeros en el género que combinaron de manera magistral el propósito didáctico con la pureza musical. Nadie antes que Chopin compuso ejercicios de alta dificultad técnica que al mismo tiempo alcanzaran tales alturas musicales. Por lo mismo, se consideran hoy parte esencial del repertorio de concierto de los virtuosos del piano. El maestro francés Charles Richard-Hamelin nos entrega aquí su versión del Estudio No 5 del opus 25.

Estudio No 5, Opus 25, en Mi menor, "de la nota falsa"
Se caracteriza por las brevísimas disonancias, resultantes del uso de "segundas menores" –es decir, intervalos de semitonos– que van cantando la melodía. Debido a este singular efecto, el estudio ha recibido el apodo de "la nota falsa", pues estas breves disonancias dan la impresión de que el intérprete hubiera equivocado la nota.
Se inicia con un primer tema en "segundas menores", luego interviene un segundo tema (0:47), más lento, que ya no lleva "disonancias", en la clave mayor. La sección final recapitula el primer tema, finalizando con una coda en Mi mayor.

miércoles, 21 de abril de 2021

Clementi: Sonatina No 5 del Opus 36


El extraordinario pianista italiano, compositor, pedagogo, editor y fabricante de pianos Muzio Clementi publicó sus Sonatinas "Progresivas" del opus 36 en 1797, a sus 45 años, cuando llevaba treinta afincado en Londres. Uno de sus más famosos trabajos como pedagogo, las publicó, desde luego, con intención pedagógica, destinadas a los jóvenes burgueses amantes del piano. Fue un extraordinario aporte. Y lo sigue siendo, doscientos veinte años más tarde. Es el gran crédito del autor. No existe hoy el estudiante de piano clásico que no haya estudiado y presentado como examen al menos una de las sonatinas "progresivas" del maestro Clementi.

En el curso de su vida el maestro compuso ni más ni menos que 110 sonatas para piano. A un grupo de ellas, las más tempranas y sencillas las llamó "progresivas", porque su dificultad va en aumento de la primera a la última. Seis de ellas conforman el Opus 36. Y si la No 1 no exige gran cosa de la mano izquierda, la última exige gran habilidad para tocar ritmos complejos, además de un fraseo exquisito.

Muzio Clementi (1752 - 1832)
En términos generales, la obra completa pone el énfasis en las destrezas básicas en el aprendizaje del piano: control dinámico, toque parejo y fraseo melódico. En una nueva edición de 1803, publicada como suplemento a otro más de sus aportes pedagógicos (Introducción al arte de tocar el pianoforte), Clementi incluyó instrucciones específicas sobre ornamentaciones y arpegios. Así como en 1797, la obra se constituyó en un éxito inmediato. Era el sino del maestro, que morirá rico en 1832.

Las seis Sonatinas poseen distinto carácter, pero en todas ellas están presentes la gracia y las melodías encantadoras.

Sonatina No 5 del Opus 36, en Sol mayor - movimientos
Tiene 3 movimientos y es la más extensa de todo el conjunto, con poco más de siete minutos de duración. Su segundo movimiento, es un "aire suizo", conformado por poco habituales frases de seis compases.

00       Presto
00:00  Air Suisse. Allegro moderato
00:00  Rondo. Allegro di molto

La versión es de la extraordinaria pianista china Yuja Wang, cuando tenía nueve años.


Yuja Wang, sonatina No 6 en Re mayor, aquí.

martes, 6 de abril de 2021

Gabriel Fauré: Barcarolles, para piano


El compositor francés Gabriel Fauré, autor de la célebre Pavana opus 50, era ambidiestro, es decir, usaba con la misma habilidad la mano izquierda como la derecha. No obstante esa destreza, nunca lo impresionaron los pianistas virtuosos, al punto de señalar "mientras más grandes son, peor me parecen". De modo que no usufructuó de este talento. Sin embargo, ello no significa que su música para piano sea sencilla. Según se cuenta, en una ocasión, leyendo a primera vista una de sus obras, Franz Liszt, el virtuoso del siglo XIX, habría exclamado: "... me he quedado sin dedos".

Gabriel Fauré se ganó la vida como organista de iglesia. A los 30 años era organista suplente de la Iglesia de la Madeleine, en París (supliendo a Saint-Saëns, cuando éste se iba de gira). Esta circunstancia influyó grandemente en su manera de componer para el piano, con abundantes figuras arpegiadas apoyando los temas distribuidos por igual en la mano derecha y en la izquierda, pues siempre descreyó de la convención que sostiene que la melodía va en la mano derecha y el acompañamiento en la izquierda.

Gabriel Fauré (1845 - 1924)
La obra para piano
La obra de Fauré incluye por cierto música de cámara, piezas orquestales y obras corales. Pero son sus piezas para piano, compuestas durante toda una vida, entre 1860 y 1920, las que permanecen hoy como sus obras más conocidas. Sus principales trabajos para el instrumento incluyen 13 nocturnos, 13 barcarolas, 6 impromptus y cuatro valses. Pero es al género de la barcarola al que la figura de Fauré quedará ligada por siempre. Un género casi olvidado, encontró en él a su renovador, sobrepasando los límites en que la tradición lo mantenía.

Las trece barcarolas
El título de "barcarola" es obra de sus editores. Sabemos que proviene de las canciones populares de los gondoleros en Venecia, pero a Fauré no le gustaban los títulos descriptivos. Discutió con ellos, dijo que prefería que todas sus obras se llamaran sencillamente "Pieza para piano No ...". No logró convencerlos.

El estilo de las trece barcarolas, escritas en un lapso de cuarenta años, refleja las vicisitudes y avatares de la vida de su autor, desde aquellas plenas de encanto juvenil hasta las más enigmáticas del final de la vida. Uno de sus biógrafos las denomina "una evocación del balanceo rítmico y el chapoteo del agua en torno a melodías convenientemente líricas".
Su duración no sobrepasa los siete minutos.

Se presentan aquí las primeras cuatro barcarolas, en versión del pianista francés Lucas Debargue.

00:00  Barcarolle No. 1 en La Menor, Op. 26

05:33  Barcarolle No. 2 en Sol Mayor, Op. 41

12:46  Barcarolle No. 3 en Sol bemol Mayor, Op. 42

20:10  Barcarolle No. 4 en La bemol Mayor, Op. 44