viernes, 28 de diciembre de 2018

Alessandro Stradella: Sinfonía No 7


Alessandro Stradella, destacado compositor del barroco italiano de mediados del XVII, es uno de los miembros más tempranos de la ominosa élite de músicos que no alcanzaron a vivir cuarenta años. En su caso, sumó también a su temprana muerte una cuota de "sensacionalismo". Su carrera asoma hoy deslumbrante y vanguardista y él mismo es considerado una figura líder de su generación y uno de los autores más versátiles de la época. Precursor del concerto grosso y con más de trescientas obras a su haber, entre oratorios, cantatas, óperas y variada música instrumental, resulta sorprendente que tamaño logro lo haya conseguido llevando una vida non sancta, esquivando la persecución de maridos nobles engañados y escapando de la justicia mediante intempestivos viajes para terminar muerto a puñaladas en una plaza de Génova.


Nacido en Roma, probablemente, en 1644, en el seno de una familia noble, ya a los veinte años se había hecho un nombre como compositor de obras a pedido de la Reina Cristina de Suecia (para la época, ejerciendo funciones en Roma). Luego se sumaron otros notables romanos a quienes Stradella proveía de motetes, preludios e intermezzi. Jamás necesitó de la música para sobrevivir, ni de ningún otro oficio, no obstante, en 1669 intentó sin éxito estafar a la Iglesia Católica en complicidad con un colega violinista y el abad de un monasterio. Debió abandonar Roma apresuradamente. Pero al año siguiente estaba de vuelta, abocado por entero a la composición de música sacra.

Alessandro Stradella (1644-1682)
Una vida escurridiza
Diversos contratiempos con la Iglesia Romana lo llevaron a abandonar Roma, esta vez compulsivamente, en 1677. Decidió instalarse en Venecia, donde fue contratado como tutor musical de la amante de un adinerado noble de apellido Contarini. No se demoró mucho Stradella en seducir a la amante y escapar con ella. La poderosa familia Contarini le puso precio a su cabeza. Después de salvar con vida de un atentado, el compositor abandonó Venecia y se instaló en Génova.
Disfrutó allí de la presentación regular de sus obras en los teatros genoveses, y parecía haber sentado cabeza, en compañía de una noble doncella. Pero una seguidilla de escandalosas infidelidades desató la ira de la familia Lomellini, cuna de la doncella. El 25 de febrero de 1682 Stradella murió apuñalado en la Piazza Banchi, a manos de un esbirro de los Lomellini. No obstante su singular trayectoria, los restos del maestro descansan en una basílica católica de Génova.

Sinfonía No 7 en Sol mayor
Anotemos que las "sinfonías" de Stradella (y del resto de barrocos de su tiempo) poco tienen que ver con el concepto que hoy manejamos, es decir, el que designa una gran obra en tres o cuatro movimientos para gran orquesta. En el barroco, la palabra sinfonía designaba simplemente todo tipo de música que requiriera un número variable de instrumentos. Respondiendo a la secular ambigüedad de los términos musicales, también se podría haber llamado, sencillamente, sonata, o, mejor todavía, "sonata para orquesta".

La pieza, de poco más de cuatro minutos de duración, está escrita para dos violines, cello y órgano o clave (el bajo continuo), y es parte de la treintena de obras instrumentales compuestas por el autor.
La versión es de la agrupación italiana Ensemble Giardino di Delizie, formado por cuatro damas, dos de ellas italianas y dos polacas.



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sábado, 22 de diciembre de 2018

Szymanowski: Concierto para Violín No 1


Karol Szymanowski nació en 1882 en Tymoszówka, entonces bajo la tutela del imperio ruso, pero antes, parte del antiguo reino de Polonia. Durante toda su vida el autor apoyó con fuerza la música polaca, y como justo reconocimiento en 1926 accedió al puesto de director del Conservatorio de Varsovia. Sin embargo, en sus últimos días se quejó amargamente del abandono y aislamiento en que lo habrían mantenido los círculos culturales polacos, muy probablemente debido a su orientación sexual. Pero al mismo tiempo se atrevió a vaticinar que, pese a todo ello, su funeral iba a ser magnífico.
El compositor murió de tuberculosis en Lausana, Suiza, en 1937, y no accedió a uno, sino a dos funerales. Uno en Varsovia, de carácter "republicano" y el otro en Cracovia, adonde fue sepultado en una iglesia, en el sector destinado a los polacos distinguidos.


Szymanowski nació en cuna de oro. Sus padres, ricos hacendados, mantenían un ambiente familiar abierto al mundo artístico. Recibió de su padre sus primeras lecciones de piano a los siete años, mientras sus hermanos incursionaban en la pintura, o la poesía. En 1901 entró al Conservatorio de Varsovia a estudiar composición. Tras publicar sus primeras obras, viajó extensamente por Europa y más allá, llegando hasta África del Norte, adquiriendo ricas experiencias de vida y musicales. Una breve estadía en París ayudó a cimentar en él la admiración por Debussy y la escuela impresionista francesa. Su nombre iba siendo conocido. Todo andaba de maravillas. Hasta que llegó la guerra.

Karol Szymanowski (1882 - 1937)
La familia –el compositor incluido– se vio obligada a permanecer aislada en su finca de Tymoszówka durante todos esos años. La guerra terminó, pero no hubo respiro, porque entonces explotó la revolución bolchevique. La familia debió vender sus propiedades en condiciones desventajosas, y reinstalarse en otro lado, una localidad cercana, que al poco tiempo cayó bajo la ocupación austriaca.
Contra todo pronóstico, sumado a un enorme caudal de piezas breves, entre 1914 y 1918 el compositor produjo sus más importantes obras maestras, entre las que se cuentan su Tercera Sinfonía, varios cuartetos de cuerda y, por cierto, el Primer Concierto para violín.

Concierto para violín y orquesta No 1, Opus 35
Fechado en 1916 pero no estrenado sino hasta 1922, la obra dura aproximadamente 25 minutos, entregados en un solo trazo sin interrupción. No es una obra tradicional, desde luego, y su único movimiento así lo señala: un lienzo de temas entrelazados, quizá de un modo nuevo pero igualmente fascinante. Es encomiable, por cierto, que el autor haya podido crear tal encantamiento en momentos oscuros y altamente complejos.

La versión es del violinista escocés Michael Foyle acompañado de la Rotterdam Philharmonic Orchestra, conducida por el director venezolano Rafael Payare, con ocasión de un concurso de violín en Holanda, y donde el intérprete se adjudicó el Primer Premio. (El video incluye la premiación).


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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Louis Spohr: Fantasía, para arpa


En 1805, a los veintiun años, el virtuoso alemán del violín Louis Spohr accedió al puesto de director musical de la corte de Gotha, una pequeña ciudad al centro de Alemania. Al poco tiempo de llegar, escuchó tocar "una fantasía muy exigente" a una bella chica arpista de dieciocho años, Dorette Scheidler, hija de una cantante de la corte. Louis decidió de inmediato escribir para ella una sonata, para arpa y violín. La obra presentaba algunas exigencias, de modo que su preparación requirió muchos ensayos. Terminaron enamorados, y casados, en febrero de 1806.


Ese mismo año iniciaron, como dúo, extensas giras por las ciudades del resto de Europa, a las que volvían todos los años, hasta 1822, cuando Dorette, una mujer de su tiempo, decidió abandonar las giras, el dúo y el arpa, para estar junto a sus hijos que, ya mayores, no podían acompañar a la pareja en sus interminables giras. Pero fueron felices, hasta la muerte de Dorette, 28 años más tarde.

Violinista y director
También un buen pintor y hábil ajedrecista, Louis Spohr nació al norte de Alemania en 1784. Mostró temprano talento para el violín y a los quince años ya era miembro de la orquesta del duque en su ciudad natal. En Gotha estuvo hasta 1812. Más tarde, será una figura prominente como violinista y director en las cortes de un buen número de ciudades de Alemania y Austria, hasta poco antes de su muerte, en Kassel, en 1859.

Louis Spohr (1784 - 1859)
Autorretrato
La obra
Poco de su música sobrevive hoy en el repertorio estándar, aunque el autor tiene a su haber alrededor de 300 obras, que abarcan todo tipo de géneros, incluida la ópera. Escribió nueve sinfonías (digamos, a propósito, que fue amigo de Beethoven), ocho conciertos para violín, cuatro conciertos para clarinete y amplia música de cámara. Entre las obras misceláneas, sobresalen las piezas escritas para arpa, gran parte de ellas compuestas en la primera mitad de la carrera del autor.

Fantasía para arpa, en Do menor
Fue compuesta en 1807, mientras el autor estuvo en la corte de Gotha, un año después de desposar a Dorette y, suponemos, con el propósito de alimentar el repertorio solista de su mujer.
Una pequeña joya clásica de diez minutos de duración.

La versión es de la artista alemana Serafina Jaffe, nacida en Berlín en 1998. La locación, el Palacio Lichtenau, en Postdam.
Según cuenta ella misma, el video es el resultado de su participación en el concurso alemán "Jugend Musiziert", donde se adjudicó el primer premio.



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sábado, 8 de diciembre de 2018

Chopin: Impromptu No 3


Cuatro impromptus escribió Chopin a lo largo de su vida. El más célebre, por lejos, es el No 4, con el que Julian Fontana –amigo, colega y factotum de Chopin– se tomó dos libertades: lo denominó Fantasia Impromptu y lo publicó póstumamente, desatendiendo la voluntad del maestro polaco, que en su momento no lo consideró digno de publicarse. Anotemos, de paso, que lleva el No 4 precisamente por eso, por su publicación póstuma, pero fue el primero que abordó Chopin, casi recién llegado a París, en 1834, iniciando con él la serie de cuatro.


Chopin escribirá otros tres en los años siguientes, los que serán publicados prontamente, dedicados a alguna condesa, con excepción del segundo que, sencillamente, no lleva dedicatoria. Curiosamente, ninguno de ellos se acercará ni remotamente a la posterior popularidad de la Fantasia Impromptu. Sin embargo, son piezas tan perfectamente logradas como ella. (Especulemos que Julian Fontana habrá pensado de ella lo mismo pero al revés). Especialmente el Impromptus No 3 que, en opinión de los estudiosos, es la pieza más perfecta de las cuatro.

¿Improvisaciones?
Etimológicamente, sí. El término era de aparición reciente, no antes de 1817, en los trabajos de Kalkbrenner, o Schubert. Son improvisaciones, en principio, pero luego afanosamente trabajadas, si bien, como señaló con acierto el musicólogo y pianista Alfred Cortot, "la música debe parecer que nace de las manos del intérprete". A fin de cuentas, entonces, en un impromptu el intérprete debe "improvisar", si no las notas, el contenido emocional.
Su forma es simple. Responden al esquema A-B-A, un tema central flanqueado por dos episodios similares, quizá gemelos si no fuera por la coda imprescindible en la repetición.

Tercer Impromptu, en Sol bemol mayor, opus 51
Es el último que escribió, desde luego. Fue compuesto en 1842, y publicado en febrero del año siguiente, con dedicatoria a la condesa Esterházy, alumna del maestro, una de las numerosas pupilas de alcurnia que George Sand estilaba llamar sus "magníficas condesas".
Aunque sin ninguna concesión al virtuosismo gratuito, la primera sección está marcada vivace giusto, vivo y ligero pero sin rubatos. En opinión de los estudiosos, se trata de una música "estremecida de confesiones, henchida de impulsos y de éxtasis embriagador". Dobles notas caracterizan los afanes de la mano derecha en la segunda sección.

La versión, excelente, es de la pianista estadounidense Kate Liu, nacida en Singapur en 1994.


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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Mozart: Sinfonía No 35, "Haffner"


Los Mozart conocían a la familia Haffner desde hacía muchos años, desde que Sigmund Haffner, alcalde de Sazburgo, había apoyado las primeras giras por Europa de los niños prodigios Wolfgang y Nannerl. Años más tarde, en 1776, Wolfgang, de veinte años, agradeció el gesto profético escribiendo una serenata para el matrimonio de una hija de Sigmund. Calurosamente recibida, la pieza se hizo célebre como la Serenata Haffner. Y ahí habría acabado todo si no fuera porque en 1782 Sigmund hijo, amigo de Mozart, accedió a un título nobiliario. A Leopold Mozart no se le ocurrió nada mejor que solicitar a su hijo, en Viena por ese entonces y a punto de casarse, la composición de una sinfonía destinada a celebrar el ennoblecimiento de Sigmund Haffner, hijo.


A mediados de 1782, Mozart disfrutaba del éxito de su última ópera, El Rapto en el Serrallo, y se afanaba en escribir prontamente, "antes que lo haga otro y se lleve mis beneficios", un arreglo para banda de vientos. También escribía otra serenata (en Do menor para vientos) y preparaba su matrimonio. Estaba ocupadísimo. Pero cumplió con todo. O casi todo. Entre el 20 de julio y el 6 de agosto, el maestro terminó el arreglo, la serenata para vientos, se casó con Constanza y envió a su padre el primer movimiento de una Sinfonía, movimiento que, al parecer, llegó justo a tiempo de la celebración. Los movimientos restantes fueron llegando, de a uno, en cada correo.

Música para la Cuaresma
Seis meses después, Mozart organizaba un concierto con su música para los días de Cuaresma de 1783. Ya que la sinfonía destinada a Haffner se conocía, probablemente, solo en Salzburgo, le pidió a su padre que le enviara de vuelta los manuscritos. Cuando los tuvo en sus manos, le escribió: "La nueva Sinfonía Haffner me ha sorprendido gratamente, porque había olvidado casi todas las notas". Pero el maestro decidió rediseñar la pieza, que para entonces tenía seis movimientos.

Desechó uno de los dos minuetos y la marcha conclusiva, luego agregó un par de flautas y un par de clarinetes al primer y cuarto movimientos, y ofreció a los vieneses una pieza nueva, el 23 de marzo de 1783, en el Burgtheater de Viena.

El estreno
Bajo la dirección del autor, resultó todo un éxito. Y así lo relató Wolfgang a su padre:
"El teatro no pudo haber estado más repleto y... cada asiento estuvo ocupado. Pero lo que más me complació de todo fue que Su Majestad el Emperador estuvo presente y, ¡cielos! - ¡Qué encantado estaba y cómo me aplaudió! Tiene por costumbre enviar el dinero al teatro antes de llegar. Si no, yo habría estado contando una cantidad mayor. Pero su regocijo rebasó todos los límites. Envió 25 ducados."
Una revista de Hamburgo reseñó el concierto, señalando que el emperador, contra su costumbre, "había atendido todo el concierto, igual que la audiencia entera." ... Las costumbres de aquellos años.

El programa
Como era también la usanza, el programa de la velada nos resulta hoy algo curioso, por decir lo menos. Comenzó con los tres primeros movimientos de la sinfonía. Le siguieron arias, "escenas" de óperas, un par de movimientos de serenatas recientes, un concierto para piano (K 175), variaciones sobre arias; Aloysia Weber (ahora Lange), ex amor de Wolfgang, cantó uno de sus rondós, y luego, Wolfgang improvisó una fuga, "porque el emperador estaba presente". Al final, se escuchó el cuarto movimiento de la Sinfonía Haffner. Por fin.

A continuación, los cuatro movimientos, uno tras otro, en poco menos de 20 minutos.

Sinfonía No 35 en Re mayor, K 385, "Haffner" -  Movimientos
00:00  Allegro con spirito - Debe tocarse fogosamente, señaló Wolfgang.
05:38  Andante - Un respiro, luego del brioso allegro, suaves y hermosas melodías.
10:08  Menuetto - Brillante cambio de atmósfera.
13:10  Presto - Tan fogoso como el primero, debe tocarse lo más rápido posible, señaló el autor.

Orquesta de la Academia de Santa Cecilia, de Roma, con la conducción del director y pianista británico Sir Antonio Pappano.


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