domingo, 28 de noviembre de 2010

JS Bach: Preludio N° 2 del Clave Bien Temperado I


Vista de Köthen actual, desde el puente St. Jacob.

Johann Sebastian Bach compuso los 24 preludios y fugas del Libro I del Clave Bien Temperado mientras se desempeñaba como maestro de capilla en la ciudad de Köthen. Había llegado allí en 1717, luego de que su empleador de entonces, el duque de Weimar, levantara el castigo y lo liberara de la cárcel adonde lo había metido preso.

El duque de Weimar tenía sus rarezas, de variada índole, las que fueron entorpeciendo paulatinamente las relaciones con el "lacayo" Bach (es decir, el asistente encargado de diversos menesteres), quien le servía desde 1708 en el doble cargo de organista de la corte y músico de cámara.
Súmese a esto el carácter levantisco del konzertmeister Johann Sebastian, cierta tosudez y obstinación que a lo largo de su vida dificultó no pocas veces el trato con sus superiores.

Así las cosas, el año 1717, al enterarse de que había sido recomendado para la corte de Köthen en el cargo de kapellmeister, ni corto ni perezoso Bach aceptó el puesto enviando inmediatamente su familia a Köthen. Pero no había pedido la imprescindible autorización del duque...

Cuando solicitó la autorización, ya era demasiado tarde. El duque, muy molesto, le respondió con el "silencio administrativo". Bach insistió, seguramente no en los mejores términos, y el duque perdió la paciencia.
Al cabo de 4 semanas preso, obtuvo la licencia pero "con ánimo mal dispuesto", según reza la nota del secretario de la corte. Bach pudo finalmente partir a juntarse con su familia en Köthen y hacerse cargo de su puesto, donde permaneció hasta 1723.

Del preludio N°2 del Libro I del Clave Bien Temperado existe una versión inconfundible. Es la de Glenn Gould, pianista canadiense que renovó la interpretación de Bach, pese a que tocaba sentado al piano en una silla de patas cortas, con su barbilla casi rozando el teclado (lo que no veremos aquí pues sólo pude conseguir el audio).



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martes, 16 de noviembre de 2010

Preludio N° 1 de Bach: la mitad de un Ave María


Preludio N° 1 del Clave Bien Temperado, a la espera de ser interpretado.

Hace algunos años, a muchos de nosotros (y nosotras) nos tocó avanzar muy orondos por la nave central de la iglesia, del brazo de nuestra pareja para toda la vida. Caminábamos a paso lento, dichosos, al compás de una melodía muy hermosa que se conoce con el nombre de Ave María de Schubert, uno de los tantos Ave María compuestos por diversos autores en el transcurso de muchos años. Es el más popular, desde luego, y de ahí que con toda seguridad haya sido el que escuchamos en la oportunidad referida, saludando a nuestro paso a amigos y familiares con nuestra mejor sonrisa, porque éramos felices.

Pero hay un autor que compuso la mitad de un Ave María sin proponérselo. Para ser justos, compuso bastante más que la mitad.
Era el año 1722 y Juan Sebastián Bach comenzaba a escribir su máxima obra pedagógica y sistemática para clave: El clave bien temperado. Este libro consta de 24 preludios y fugas, para las doce tonalidades mayores y las doce menores. La obra, de enorme trascendencia, contribuyó a imponer ni más ni menos que la división de la octava en doce medios tonos cromáticos iguales, lo cual permitió desarrollar hasta el límite el mecanismo de las modulaciones, es decir, el paso comedido de una tonalidad a otra, en la misma pieza.

El primer preludio está escrito en la tonalidad de do mayor:  lo escuchamos en una muy modesta versión realizada en un teclado digital:



Pues bien. Por allá por la década de 1850, el autor de Fausto, el compositor francés Charles Gounod, encontrábase disfrutando de su propia interpretación del preludio que escuchamos cuando repentinamente la musa le golpeó con delicadeza un hombro y le enseñó una melodía que él denominó al instante "Meditación sobre el Preludio N° 1 de Bach". Al poco rato, se le ocurrió que la antiquísima oración en latín llamada precisamente Ave María, le venía a su bella melodía como anillo al dedo.
Es lo que hoy conocemos como el Ave María de Bach-Gounod, algo menos popular que el de Schubert, pero, en mi opinión, tanto o más hermoso.

En la tradición de la música popular, cuyas partituras llevan el encabezado: letra: fulano, música: mengano, la partitura del Ave María Bach-Gounod, debe rezar (digo debe porque no lo sé):
Melodía: Charles Gounod
Base armónica y rítmica: Johann Sebastian Bach.

La versión que se presenta es para arpa y cello (Yo-Yo-Ma en el cello), lo que permite distinguir claramente el preludio, por una parte, y por otra, el trabajo, talentoso por cierto, de Gounod.

Ave María Bach-Gounod



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