viernes, 25 de enero de 2019

Beethoven: Sonata para cello y piano No 1


Durante mayo y julio de 1796, Beeethoven estuvo en Berlín como parte de una gira de conciertos en compañia del Príncipe Lichnowsky (antes de que se indispusieran luego de que el príncipe solicitara a Beethoven tocar para sus invitados, oficiales franceses, en 1806).
Allí en Berlín, el maestro comenzó la composición de un número importante de trabajos para cello y piano, entre los que sobresalen las Variaciones para cello y piano en Sol mayor sobre una obra de Haendel, y las valiosas dos Sonatas del Opus 5, dedicadas a Federico Guillermo II, rey de Prusia, que aparte de gobernar Prusia y unos cuantos territorios más, tocaba el cello sin irritar a nadie.


El "primer cello"
Para la época, la composición de sonatas para cello y piano no tenía antecedentes. No había modelos de los que tomar inspiración, en las obras de Haydn o Mozart. Solo muy recientemente el instrumento había comenzado a liberarse de su tradicional papel de bajo continuo. Asi que la orquesta de la corte de Federico Guillermo II, rey de Prusia, contaba con un cellista que desempeñaba, con toda propiedad, el rol de "primer cello". Su nombre fue Jean-Pierre Duport (1741 - 1818). Era el profesor de Federico Guillermo, y para él, para Jean-Pierre, están escritas las dos Sonatas del Opus 5, estrenadas en Berlín en mayo o junio de 1796, con Beethoven al piano.

La cajita de rapé
Ambas sonatas fueron publicadas en Viena en febrero de 1797. Como ocasionalmente acostumbraba, el maestro de Bonn buscó dedicar la obra a una persona influyente que estuviera en condiciones de retribuir de algún modo su trabajo. En la ocasión, el honor recayó en Federico Guillermo II, quien retribuyó a Beethoven con una cajita de rapé repleta de luises de oro, equivalentes cada uno a veinte francos. (Treinta años más tarde, Chopin cobrará esa cantidad por sus lecciones). Falta saber cuántos luises de oro cabían en la cajita, pero no parece ser un regalo mezquino.

Sonata para cello y piano No. 1 en Fa mayor op. 5 - Movimientos
Cello y piano. Para esos instrumentos están escritas las sonatas, y en ese orden. Es decir, entendemos que el solista es el cello. Sin embargo, el piano asume aquí una voz de similar relieve; toda una novedad, pero bueno... el autor es pianista.

La Sonata No 1 tiene solo dos movimientos, con duración aproximada de 25 minutos.
00:00  Adagio sostenuto - Allegro: Una lenta introducción, al estilo de las sinfonías de Haydn, precede al tema principal, el allegro.
18:26  Rondo. Allegro vivace: Un rondó en 6/8, de carácter harto más liviano que el primer movimiento, con pasajes casi humorísticos, muy apropiados para que cada intérprete despliegue su desenvoltura con el instrumento.

En el cello, un joven Yo-Yo Ma (cellista nacido en París de ascendencia china).
Al piano, otro joven, el maestro Emanuel Ax (estadounidense nacido en Ucrania).


Amigo visitante:
Si te ha gustado el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o lo recomiendas en Google con un cómodo clic.

jueves, 17 de enero de 2019

Bach: Misa en Si bemol - Kyrie Eleison


Desde su puesto de Kantor en Leipzig, Juan Sebastián Bach paladeó durante mucho tiempo la idea de solicitar a Su Señor un título cortesano. Pero Federico Augusto I, llamado El Fuerte, tenía poco tiempo para responder esquelas de lacayos porque se lo pasaba enamorando damiselas y procreando hijos (camada que llegó a sumar más de los días que tiene un año, de ahí su apodo). Así que, sencillamente, esperó, porque más temprano que tarde tanta virilidad tendría que afectar la salud del monarca quien finalmente abandonó este mundo a los 63 años, en febrero de 1733. Le sucedió su hijo que, como era de esperarse, se llamó Federico Augusto II. A él están dirigidas estas comedidas palabras, escritas de puño y letra por Juan Sebastián Bach:
"Con la mayor devoción presento a su Alteza Real este pequeño fruto de esa habilidad que he conseguido en la ciencia de la música, con la solicitud más humilde de que se digne considerarlo no de acuerdo con la imperfección de su composición, sino con el más clemente de los ojos... y así tomarme bajo su protección más poderosa."


Bach acompañó su humilde petición con la ofrenda de una "missa brevis" que, como se habrá adivinado, es una misa breve, conformada solo por dos trozos de la liturgia tradicional cristiana: Kyrie Eleison y Gloria. Fueron compuestos durante los seis meses de duelo nacional por la muerte del monarca durante los cuales la ejecución pública de música estaba prohibida. Como el monarca era católico y Bach luterano, nada se prestaba mejor para el homenaje sacro que una misa, territorio común de las dos doctrinas, aunque construida sobre los textos latinos de la liturgia católica.

Misa en Si menor, para solistas, coros y orquesta
Si para la ofrenda, Bach dispuso de seis meses, la misa completa le tomó el resto de su vida. En 1749, un año antes de su muerte, el Compositor de Corte del Rey (título otorgado en 1736) terminó las restantes secciones de la obra que se conocerá como Misa en Si menor, una obra interconfesional eterna, la que su hijo Carl Philipp Emanuel llamará "Gran Misa Católica", y que el mundo occidental apreciará como la mayor construcción musical de todos los tiempos, .

Secciones
La obra contiene 27 "movimientos" (si se consideran así las subsecciones o subpartes). Pero no todos  fueron escritos especialmente para integrar la misa. Buena parte de ellos son "parodias", es decir, material original ya existente, reescrito y dotado de una nueva dimensión.
La ejecución completa de la misa toma casi dos horas, lo que la hacía difícilmente ejecutable en una liturgia tradicional, fuese católica o luterana. Es muy probable, entonces, que el mismo Bach nunca haya escuchado la obra completa. La primera interpretación íntegra de la que se puede dar fe tuvo lugar recién en 1859, en Leipzig.

Kyrie eleison 1 - Coro
La sección llamada Kyrye eleison es el canto desgarrador que da inicio a la obra. Es una súplica, en tres partes, dirigida una vez a Cristo y otras dos al Señor, con el equivalente español de: "Señor, ten piedad".  No alcanza a durar diez minutos pero es el inicio del mayor legado musical del Kantor de Leipzig, una obra sacra monumental que logró trascender las fronteras lingüísticas, confesionales y aún territoriales. Desde 2015, la Misa en Si bemol de Bach forma parte del Patrimonio Documental de la Humanidad.

La versión es de la agrupación English Baroque Soloists y el Coro Monteverdi, dirigidos por el maestro británico sir John Eliot Gardiner.


Amigo visitante:
Si te ha gustado el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o lo recomiendas en Google con un cómodo clic

miércoles, 9 de enero de 2019

Chopin: Mazurca en Re mayor, op 33


Como un respiro ante las grandes formas exploradas por Beethoven y contemporáneos, la primera mitad del siglo XIX fue testigo del surgimiento de nuevas formas musicales de carácter más reservado, intimistas, destinadas por lo común al instrumento de moda en los hogares de la naciente clase media, el piano. Como nunca antes, estas miniaturas permitieron la exploración de una idea, un sentimiento, una emoción, en el corto tiempo de dos o tres minutos. En medio de preludios, nocturnos e impromptus, las mazurkas de Chopin, de abolengo polaco, también se abrieron paso, triunfantes, en los salones de París de los años treinta.


Tres danzas populares polacas se fusionan en la mazurka de Chopin: el obereck, la kujawiak, y la mazur, de la que toma su nombre. Con un ritmo de tres por cuatro, se pueden cantar, o bailar, o cantar mientras se bailan, sin descuidar que los acentos irán en los tiempos débiles del compás, por lo general en el segundo, una exigencia de la coreografía de la danza. Los temas son en su mayoría propios, propios de Chopin, decimos, pues aun cuando las melodías rezuman reminiscencias populares, responden en su mayor parte a la inventiva del genio polaco. Chopin llevó la danza popular a los salones, por cierto, pero estilizada, y transformada en un género nuevo y único.

Las mazurcas del Opus 33
A lo largo de su vida Chopin escribió 57 mazurkas, la primera a los catorce años, la última en su postrer año de vida. Cuatro de ellas, en diferentes tonalidades, integran el Opus 33, dedicado a la señorita Róza Mostowska, probablemente una alumna, no lo sabemos, pero con seguridad una dama perteneciente a los círculos de aristócratas polacos exiliados para quienes la literatura, la poesía y la música son asuntos de la mayor importancia.

El año 1838
En uno de esos salones, a fines del otoño de 1836, Chopin ha conocido a George Sand. Todavía llora el maestro a Maria Wodzinska, pero la Sand es paciente, y no desea otra cosa que llegar a comprender con toda su alma a ese pálido y complejo ser, su Chopinski. En octubre de 1838, se lo llevará a Mallorca, en curiosas vacaciones "en familia". ¿Qué resultará de todo eso? No importa, junto a otras piezas, en Leipzig acaban de entrar a imprenta las mazurkas del Opus 33.

Mazurka en Re mayor, Opus 33 No 2
Según los estudiosos, un innegable Oberek. Marcada "vivace", es una pieza elegante e impetuosa, gozosamente rítmica y alegre, en esquema A-B-A, con casi cómicos acentos irregulares, en sus poco menos de tres minutos de duración. Una pequeña joya, la más popular de la serie.

La versión, notable, es de la joven pianista estadounidense Ruta Kuzmickas.


Amigo visitante:
Si te ha gustado el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o lo recomiendas en Google con un cómodo clic