viernes, 4 de junio de 2021

Schumann / Liszt: "Dedicatoria" (Widmung)


Después de mucho bregar debido a la negativa del padre de Clara, Robert Schumann y Clara Wieck lograron contraer matrimonio en septiembre de 1840. Como regalo de bodas, Robert le dedicó a Clara un conjunto de 26 lieder compuesto ese mismo año (Myrthen, opus 25).
El primero de ellos era el lied Widmung –en español "Dedicatoria", que destacaba por su apasionada belleza y por lo que hoy llamaríamos sus empalagosos versos, reflejo del modo en que se amaba en el siglo XIX, al menos entre los poetas.
Fruto del lirismo de Friedrich Rückert, rezan así sus  primeros versos:

Tú mi alma, tú mi corazón,
Tú mi arrebato, tú mi dolor,
Tú mi mundo en el que vivo,
Tú mi cielo, al que aspiro,
Oh tú mi tumba, en la que
¡Mi dolor por siempre he depositado!

Arrebatadoras palabras que evidencian el desbordante amor de Robert por Clara. Ella es su ángel, su soporte espiritual y su mundo entero. Y así lo refleja también la música, en la que incluso asoma por momentos un sentimiento de incertidumbre, resultado de la compleja andanza de la pareja previa a su matrimonio.

Algunos años más tarde, Franz Liszt hará del lied un arreglo de bravura para piano solo, que hoy se ha convertido en uno de los encores más socorridos por los pianistas virtuosos para finalizar su performance de manera brillante.

Los invitamos a escuchar primero la versión original del lied y luego el arreglo de Liszt, para así dimensionar cabalmente la inventiva del gran maestro húngaro. 

Schumann, Widmung, op 25 No1
La versión es de la soprano americana Amy Broadbent acompañada por un pianista innombrado.

El arreglo de Liszt
Como ya se dijo, la pieza ha hecho las delicias de los pianistas virtuosos por su bravura. Pero la obra es mucho más que una pieza de exhibición. 

Liszt amplía la primera sección repitiendo el primer tema, pero con la línea melódica mayormente encargada a la mano izquierda (con un breve entrecruzamiento de manos), y el acompañamiento en el registro alto.

Luego de un pasaje de manos cruzadas, la música alcanza su mayor brillantez técnica y su más conmovedora sección, mediante arpegios en la mano derecha y en la izquierda acordes que destacan la línea melódica.

Una extensa coda, con algunos acordes triunfales marcados fortissimo, conducirá a un reposado final.

La versión es del destacado pianista ruso Evgeny Kissin.

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